“La me­ta es To­kio 2020, es­te año me con­ven­cí”

EL REMERO DE 18 AÑOS, ES­PE­RAN­ZA DEL DE­POR­TE URU­GUA­YO, PU­SO EL FO­CO EN LOS JUE­GOS OLÍM­PI­COS; SU VI­DA GI­RA EN EL AGUA, SO­BRE UN BO­TE, Y RE­FLE­XIO­NA: “NUN­CA TE PO­DÉS QUE­DAR CON EL GUS­TO EN LA BO­CA DE QUE PO­DÍAS HA­BER DA­DO MÁS”

El Observador Fin de Semana - Referi - - ENTREVISTA A MARTÍN GONZÁLEZ - FE­LI­PE FER­NÁN­DEZ Especial pa­ra Re­fe­rí

En el la­go Cal­cagno las bo­yas se ali­nean co­mo pa­tos es­pe­ran­do el mí­ni­mo mo­vi­mien­to del agua pa­ra sa­lir vo­lan­do. To­da­vía na­die las mo­les­tan, son las 16 ho­ras y sal­vo un bo­te que re­co­rre la ori­lla, na­da in­te­rrum­pe los 1.000 me­tros de pun­tos ama­ri­llos que for­man va­rios ca­rri­les. Es una dis­tan­cia pen­sa­da pa­ra el ca­no­ta­je, cu­yas dis­tan­cias olím­pi­cas son los 200 m, 500 m y 1.000 m (el re­mo se co­rre en 2.000 m). Pe­ro allí es­tán ha­ce unos años, pa­lis­tas y re­me­ros, en la ori­lla oes­te del la­go, la más cer­ca­na si uno vie­ne des­de Montevideo. Hay un car­tel a la en­tra­da don­de se prohí­be el in­gre­so de ani­ma­les. Sal­vo que seas Fel­der, el pe­rro del lu­gar, bau­ti­za­do así por­que fue una tía del te­nis­ta Mar­cel Fel­der que lo de­jó allí. Martín Gon­zá­lez tie­ne 18 años y ha­ce los 13 ki­ló­me­tros que se­pa­ran el la­go de su ca­sa en El Pi­nar, dos o cua­tro ve­ces al día. Cer­ca de las seis de la ma­ña­na su pa­dre lo de­ja de pa­so a su tra­ba­jo en Sa­ya­go, y trein­ta o cua­ren­ta mi­nu­tos des­pués ya es­tá en el agua don­de se que­da­rá has­ta las 9:30, re­ma­das más, re­ma­das me­nos. La ru­ti­na si­gue con un al­muer­zo tem­pra­ne­ro, una sies­ta de tres o cua­tro ho­ras, pa­ra lue­go ha­cer el se­gun­do turno que de­pen­de la pla­ni­fi­ca­ción pue­de lle­gar a ser gim­na­sio o vuelta al agua. El re­mo es un de­por­te don­de se cru­za la me­ta de es­pal­da, el deportista va mi­ran­do los me­tros que ya re­co­rrió y no los que le que­dan. A pe­sar de ser una dis­ci­pli­na de mar­ca y tiem­po, las mar­cas per­so­na­les son más bien una re­fe­ren­cia pa­ra ca­da uno, las con­di­cio­nes va­rían mu­cho por lo que el tiem­po en re­co­rrer la dis­tan­cia pue­de va­riar mu­cho. Por eso en las com­pe­ten­cias se rea­li­zan se­ries don­de avan­zan los pri­me­ros cla­si­fi­ca­dos, sin im­por­tar tiem­pos.

El año de Martín ha si­do muy bueno: dos mun­dia­les, uno sub 23 (18º) y otro sub 18 (11º) y en oc­tu­bre Jue­gos Olím­pi­cos de la Ju­ven­tud (12º). Y lo pien­sa re­ma­tar con una cla­si­fi­ca­ción a los pa­na­me­ri­ca­nos de Li­ma 2019. For­ma­do por Mar­ce­lo Ta­la­go­rría en El Pi­nar Country Club, ve­nía de ser en 2017 me­da­lla de oro ju­ve­nil en el sud­ame­ri­cano. Hom­bre de pocas pa­la­bras, res­pues­tas cor­tas pe­ro cer­te­ras, la mi­ra­da siem­pre en el agua. Co­men­zó a re­mar lue­go que su her­mano fa­lle­cie­ra en un ac­ci­den­te de trán­si­to. Él, un bo­te, un par de re­mos y los pro­ble­mas de la vi­da dia­ria que que­dan en la ori­lla.

¿Có­mo eva­lúa el año?

En los mun­dia­les me­jor de lo es­pe­ra­do. En los JJOO sa­bía­mos que po­día­mos es­tar en­tre los 8 me­jo­res pe­ro no li­ga­mos con las se­ries. Son co­sas de suer­te, en el mun­dial sub 18 me to­có li­gar un po­co con la se­rie.

¿Có­mo fue te­ner que dar una vuelta en los JJOO de Bue­nos Ai­res sin es­tar acos­tum­bra­do a ello?

Lo en­tre­na­mos mu­cho, es un de­por­te que se co­rre en lí­nea, y se­gu­ra­men­te sea la úni­ca vez que dé una vuelta. Cla­vas la pa­la de un la­do y le das rá­pi­do, fui­mos el se­gun­do más rá­pi­do en dar la vuelta.

¿Có­mo fue­ron sus ini­cios?

Una vez, en 2015, fui­mos ha­cer unas prue­bas al Ro­wing y uno de los en­tre­na­do­res que tam­bién es­tá en la se­lec­ción me vio. Ahí se em­pe­zó a co­rrer la voz de que es­ta­ba en la vuelta y te­nía bue­nos tiem­pos.

¿Có­mo se acos­tum­bró tu fa­mi­lia a la ru­ti­na de un deportista de eli­te?

Ten­go un tío co­rre­dor de ma­ra­to­nes que lue­go en­tró al mun­do del hand­ball. Pe­ro un po­co los acos­tum­bré yo a la ru­ti­na de un deportista.

¿Có­mo es tu re­la­ción con los más ex­pe­rien­tes?

En el gru­po nos lle­va­mos to­dos bien, tra­to siem­pre de es­cu­char a los más gran­des, Es­qui­vel y Sal­vagno. Es un de­por­te in­di­vi­dual, sin em­bar­go con­ju­gás en plu­ral. Me re­fie­ro a los en­tre­na­do­res y to­dos los que es­tán atrás mío.

¿Qué pien­sa un remero du­ran­te una ca­rre­ra?

Si te va bien no pen­sás en na­da, si te va mal en to­do. Nor­mal­men­te las pis­tas pro­fe­sio­na­les son ar­ti­fi­cia­les o la­gos es­tre­chos y al cos­ta­do hay una bi­ci­sen­da don­de van los en­tre­na­do­res gri­tan­do in­di­ca­cio­nes.

¿Qué in­di­ca­cio­nes?

Que en­tre más rá­pi­do al agua, que la pa­la en­tre más rá­pi­do, que no le­van­te tan­to el pu­ño, que apo­ye me­jor la es­pal­da, que ha­ga 10 re­ma­das fuer­tes aho­ra pa­ra tra­tar de que­brar al ri­val.

¿Qué im­pli­ca el es­fuer­zo de re­mar?

Pier­nas aca­lam­bra­das, bra­zos, es­pal­da. El an­te­bra­zo, el trí­ceps, las lum­ba­res, pos­te­rior y cua­drí­ceps e in­clu­so hay ve­ces que se te aca­lam­bran los ge­me­los. Lo peor es cuan­do se te aca­lam­bran los ge­me­los, por­que ya no po­dés ha­cer to­do el mo­vi­mien­to de pier­na que se pre­ci­sa pa­ra ha­cer una re­ma­da.

¿Al ba­jar del bar­co qué pien­sa?

Nun­ca te po­dés que­dar con el gus­to en la bo­ca de que po­días ha­ber da­do más. Hay que ba­jar­se del bo­te con­for­me, que te ha­ya ga­na­do uno que sea me­jor que vos.

¿Qué le fal­ta al re­mo uru­gua­yo?

Apo­yo. Bra­sil, Ar­gen­ti­na, Chi­le o Pe­rú brin­dan más apo­yo a los re­me­ros. Chi­le tie­ne por ejem­plo un cen­tro de al­to ren­di­mien­to don­de es­tu­dian, tie­nen becas, pla­nes pa­ra la uni­ver­si­dad. Fal­ta apo­yo pa­ra po­der de­di­car­nos a es­to 100%, y que no de­pen­da del es­fuer­zo fa­mi­liar pa­ra ban­car al­gún via­je o cos­tos del día a día. Den­tro de Uru­guay y los de­por­tes ama­teur es­ta­mos muy bien. So­mos de los po­cos de­por­tes que no nos pa­ga­mos los via­jes al ex­te­rior.

¿Qué cui­da­do lle­va un bo­te?

Hay que lim­piar­lo, el la­go Cal­cagno es de agua dul­ce así que no afec­ta mu­cho, pe­ro si co­rrés en agua sa­la­da o en una bahía don­de hay com­bus­ti­ble per­cu­de la pin­tu­ra. No de­jar que las co­sas se co­rroen y no mu­cho más.

Aho­ra se vie­ne el cla­si­fi­ca­to­rio pa­ra los Pa­na­me­ri­ca­nos de Li­ma, ¿qué chan­ces tie­ne?

Hay chan­ces de cla­si­fi­car, voy a co­rrer en dos bo­tes, en el do­ble y en el cuá­dru­ple. En do­ble con Lean­dro Sal­vagno y el cuá­dru­ple se su­ma Jonathan Es­qui­vel y Bruno Ce­tra­ro. En el do­ble hay más chan­ces de me­ter­se.

¿Y un Jue­go Olím­pi­co ma­yor?

La me­ta es To­kio 2020. Es­te año me con­ven­cí. Por las com­pe­ten­cias y por mis nú­me­ros en el re­moer­gó­me­tro.

¿Se plan­tea a dón­de lle­gar?

Sé que quie­ro se­guir, pe­ro no me lo plan­tee. Se­gui­ré has­ta don­de pue­da. Mien­tras que me ban­que mi fa­mi­lia y ten­ga los apo­yos se­gui­ré. Ha­bía arran­ca­do la fa­cul­tad de in­ge­nie­ría, pe­ro no lle­gué a en­gan­char. Oja­lá me sal­ga una be­ca en la ACJ pa­ra es­tu­diar edu­ca­ción fí­si­ca el año que vie­ne. l

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