GUI­LLER­MO LOCKHART.

“Mi hi­ja Helena de cin­co años me pi­de que le cuen­te las his­to­rias que apa­re­cen en el pro­gra­ma”, re­ve­la so­bre su rol de pa­dre.

El Pais (Uruguay) - Sabado Show - - SUMARIO - F OTOS : U LISES C ASAREZ Y DA NIEL MAI­DA­NA

El con­duc­tor re­gre­só a la pan­ta­lla con su de­mo­ra­da tem­po­ra­da nú­me­ro 6 de Vo­ces anó­ni­mas.

Vo­ces Anó­ni­mas vol­vió re­car­ga­do. El ya clá­si­co ci­clo en­ca­be­za­do por Gui­ller­mo Lockhart apues­ta es­te año a na­rrar las his­to­rias más es­ca­lo­frian­tes a par­tir de cor­to­me­tra­jes con gran des­plie­gue pro­duc­ción, va­rias ca­ras co­no­ci­das y di­rec­to­res de pres­ti­gio. “El de­sa­fío fue dar un sal­to gigante a ni­vel téc­ni­co”, re­ve­la el ros­tro uru­gua­yo que es si­nó­ni­mo del uni­ver­so de las le­yen­das ur­ba­nas. Los de­ta­lles de su re­gre­so a la pan­ta­lla con el pro­yec­to más am­bi­cio­so que ha­ya lle­va­do ade­lan­te.

—¿Có­mo te sen­tís vien­do la sex­ta tem­po­ra­da de Vo c e s Anó ni­mas al ai­re?

—Sien­to una ale­gría in­men­sa. Ca­da salida al ai­re de Vo­ces Anó­ni­mas es si­nó­ni­mo de fe­li­ci­dad. Es­ta tem­po­ra­da tie­ne un con­di­men­to es­pe­cial por­que to­mó mu­cho más tra­ba­jo y con­tó con un equi­po más gran­de. Fue una apues­ta enor­me. En un prin­ci­pio se me ve­nían mu­chas co­sas a la ca­be­za so­bre ha­cer fic­ción, sa­bía que no iba a ser fá­cil ha­cer 26 cor­to­me­tra­jes que cal­cen aden­tro de ca­da his­to­ria. Cuan­do em­pe­cé a tra­ba­jar en los pri­me­ros cor­tos me di cuen­ta de que se pue­de ha­cer muy bue­na fic­ción en Uru­guay. Es­toy dis­fru­tan­do co­mo nun­ca. —¿Por que se de­mo­ró la salida al ai­re?

—Íba­mos a sa­lir en 2016, pe­ro yo pe­dí es­pe­rar un año pa­ra po­der ter­mi­nar los cor­to­me­tra­jes. Cuan­do en­tra­mos en 2018, co­mo to­do se

pa­ra­li­zó por el Mun­dial, el ca­nal to­mó la de­ci­sión de guar­dar Vo­ces Anó­ni­mas pa­ra la se­gun­da mi­tad del año. Uno quie­re que sal­ga lo an­tes po­si­ble, pe­ro yo sa­bía que es­te mo­men­to iba a lle­gar y tra­té de con­tro­lar la an­sie­dad. A ve­ces hay que sa­ber es­pe­rar. Yo siem­pre apro­ve­cho el tiem­po pa­ra se­guir agre­gan­do al­gún con­te­ni­do nue­vo. —¿Có­mo fue el de­sa­fío de apos­tar a un for­ma­to más vol­ca­do ha­cia los cor­to­me­tra­jes que a lo do­cu­men­tal?

—El de­sa­fío era dar un sal­to gigante a ni­vel téc­ni­co sin per­der el es­pí­ri­tu de Vo­ces Anó­ni­mas. Qui­si­mos al­can­zar una ca­li­dad óp­ti­ma, co­mo la que tie­nen las pre­sen­ta­cio­nes del pro­gra­ma en to­dos los ca­pí­tu­los. La gen­te nos elo­gia­ba mu­cho esas pre­sen­ta­cio­nes, pe­ro des­pués las re­crea­cio­nes de las his­to­rias es­ta­ban un es­ca­lon­ci­to por de­ba­jo. Es­ta vez qui­si­mos ele­var la va­ra de ca­da ca­pí­tu­lo.

—Par­ti­ci­pan va­rias fi­gu­ras co­no­ci­das, ¿te sor­pren­dió al­guien en par­ti­cu­lar?

—Mu­chas. Va­ri­na De Cé­sa­re fue una de las que más me sor­pren­dió por­que pro­ta­go­ni­za una his­to­ria muy in­ten­sa con mu­cho te­rror psi­co­ló­gi­co. Tam­bién me en­can­tó el tra­ba­jo de Patricia Wolf, Andy Vi­la y Ro­bert Mo­ré, que es uno de los me­jo­res ac­to­res uru­gua­yos. Ade­más, quie­ro des­ta­car una fi­gu­ra que es­tá dan­do sus pri­me­ros pa­sos en te­le­vi­sión y que tie­ne mu­cho ta­len­to: (el ex­ba­te­ris­ta de Rombai y ac­tual Da­me 5) To­mi Nar­bon­do. Su ca­pí­tu­lo era muy di­fí­cil y lo hi­zo a la per­fec­ción. De to­dos mo­dos, el que más me sor­pren­dió en­tre to­dos fue Ber­to Fon­ta­na. Fue uno de los ac­to­res más gran­des que tu­vo Uru­guay. Te­nía 91 años cuan­do lo fui a bus­car a una ca­sa de sa­lud pa­ra mos­trar­le una his­to­ria de un ni­ño y un pe­rro que le en­can­tó. Hi­zo un sa­cri­fi­cio in­men­so pa­ra fil-

mar con no­so­tros. Te­nía una voz mágica y su ca­pí­tu­lo que­dó es­pec­ta­cu­lar. El cor­to fue su úl­ti­mo tra­ba­jo. Lo re­cuer­do con mu­cho ca­ri­ño. Fue un ho­nor tra­ba­jar con él. —¿Por qué pen­sás que el pro­gra­ma tie­ne tan­ta lle­ga­da al pú­bli­co ju­ve­nil?

—Lle­ga a mu­chas eda­des, pe­ro los jó­ve­nes son los que vuel­can su eu­fo­ria y fa­na­tis­mo en las re­des so­cia­les. Por eso pre­sen­to los li­bros de Vo­ces anó­ni­mas en mu­chas es­cue­las y li­ceos, don­de veo la lle­ga­da que es im­pre­sio­nan­te. Ellos se sien­ten iden­ti­fi­ca­dos y tie­nen mu­cha cu­rio­si­dad e in­te­rés por to­do lo que es el más allá o el mun­do má­gi­co de las le­yen­das que con­vi­ve con el nues­tro. En in­ter­net hay mu­chos si­tos en los que los jó­ve­nes tie­nen mu­cho pro­ta­go­nis­mo so­bre es­tos te­mas. —¿Qué sen­sa­ción te de­ja pre­sen­tar tus li­bros por tan­tos pun­tos del país?

—Tu­ve el pri­vi­le­gio de pre­sen­tar mis li­bros en to­dos los de­par­ta­men­tos y es una sen­sa­ción úni­ca. El ca­ri­ño que trans­mi­te la gen­te del in­te­rior es di­fí­cil de com­pa­rar. Me que­do ha­blan­do con gen­te que me cuen­ta sus his­to­rias y me in­vi­ta a que­dar­me en su ca­sa o a co­mer un asa­do. Es her­mo­so. —A par­tir de es­tas re­co­rri­das y el con­tac­to con la gen­te, ¿có­mo di­rías que es­tás vien­do al país?

—Uru­guay atra­vie­sa un mo­men­to muy di­fí­cil a ni­vel de se­gu­ri­dad y edu­ca­ción. Se ve en la ca­lle y es lo que uno per­ci­be en su en­torno del día a día. En la edu­ca­ción es en lo que más hay que tra­ba­jar. Yo intento apor­tar mi gra­ni­to de are­na yen­do a dar char­las a mu­chas es­cue­las y me pongo a la or­den de cual­quier ins­ti­tu­ción. Tra­ba­jan­do en la edu­ca­ción es que va­mos a sa­lir ade­lan­te. Yo tra­to de ac­tuar y no ha­blar tan­to. Soy cons­cien­te de que hay co­sas que hay que me­jo­rar. —¿Les lees cuen­tos de te­rror a tus hi­jos?

—No les quie­ro con­tar cuen­tos de te­rror por­que son chi­cos y se pue­den asus­tar. Sin em­bar­go, des­de que sa­lió Vo­ces Anó­ni­mas mi hi­ja Helena de cin­co años me pi­de que le cuen­te las his­to­rias que apa­re­cen en el pro­gra­ma. Mi­ra to­dos los ca­pí­tu­los con­mi­go y des­pués por in­ter­net. Le voy a ter­mi­nar con­tan­do va­rias his­to­rias de te­rror... —Ig­na­cio Es­qui­vel de Ras­tro s se vol­vió a di­fe­ren­ciar de Vo c e s Anó ni­mas al se­ña­lar que ellos ha­cen in­ves­ti­ga­cio­nes y us­te­des tea­tra­li­za­cio­nes, ¿coin­ci­dís con esa lec­tu­ra? —De mi par­te pre­fie­ro no res­pon­der. —Se te ve ac­tual­men­te en una pu­bli­ci­dad con el in­ves­ti­ga­dor Nés­tor Gan­du­glia, ¿ có­mo fue re­cons­truir tu re­la­ción con él lue­go de que se fue­ra de Vo c e s Anó ni­mas di­cien­do que el ci­clo es­ta­ba su­je­to a las re­glas del ra­ting y que nun­ca se lo ha­bía re­co­no­ci­do co­mo fun­da­dor?

—De­cir que yo es­ta­ba pe­lea­do con él es un gran error, yo nun­ca me pe­leé. Él di­jo que se des­vin­cu­ló deVo­ces Anó­ni­mas por­que sen­tía que el pro­gra­ma no era el mis­mo de los ini­cios, que ha­bía cam­bia­do, pe­ro tam­bién acla­ró que yo soy un gran ami­go y que me tie­ne apre­cio. Tam­bién di­jo que se­gu­ra­men­te me desea lo me­jor y que no des­car­ta vol­ver a tra­ba­jar con­mi­go. Nés­tor si­gue sien­do mi ami­go y yo ex­tra­ño su par­ti­ci­pa­ción en el pro­gra­ma. Es­tá to­do muy bien con él. Soy ad­mi­ra­dor de su tra­ba­jo y le agra­dez­co que me ha­ya abier­to las puer­tas de es­te ru­bro.

Ade­más del éxi­to en te­le­vi­sión, Lockhart lle­vó el for­ma­to de Vo­ces Anó­ni­mas al tea­tro y a una se­rie de li­bros que su­ma fa­ná­ti­cos en to­do el país.

Lockhart evita ha­blar del cru­ce con Ig­na­cio Es­qui­vel (Ras­tros) y des­mien­te una pe­lea con su ex­com­pa­ñe­ro Nés­tor Gan­du­glia.

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