“No pue­do acep­tar pro­me­sas bue­nas, bo­ni­tas y ba­ra­tas”

El Pais (Uruguay) - - NACIONAL - PA­BLO S. FERNÁNDEZ

—Las in­ter­nas en el Par­ti­do Na­cio­nal sue­len de­jar he­ri­das que lue­go les cues­tan ca­ro en las na­cio­na­les. ¿Son sus pro­pios enemi­gos?

—Creo que el par­ti­do pa­só por dis­tin­tos mo­men­tos. Si bien las com­pe­ten­cias ge­ne­ran es­tas ren­ci­llas in­ter­nas, en­ten­di­mos que hay un fin su­pe­rior. En la Con­ven­ción de los otros días hu­bo una se­ñal cla­ra: más allá de los ma­ti­ces que te­ne­mos y va­mos a te­ner —por al­go hay una com­pe­ten­cia— te­ne­mos un ob­je­ti­vo prin­ci­pal que es ga­nar las elec­cio­nes na­cio­na­les. Pue­de que al­gu­nos se ol­vi­den por es­tar pen­san­do en in­tere­ses per­so­na­les, so­bre­vi­ven­cia, que es le­gí­ti­mo tam­bién, pe­ro ter­mi­nan ero­sio­nan­do el fin más im­por­tan­te.

—¿El ob­je­ti­vo va ser la pre­ser­va­ción de la uni­dad?

—Sí, pe­ro tam­bién te­ne­mos que apren­der y per­der el te­mor, de com­pe­tir. Es al­go que hay que trans­mi­tir a los blan­cos de a pie. Tam­po­co se pue­de te­ner una uni­dad mo­no­lí­ti­ca de to­das las po­si­cio­nes. Hay que per­der­le el mie­do, y eso no sig­ni­fi­ca que nos es­te­mos las­ti­man­do. Es plan­tear ma­ti­ces. La in­ter­na no so­lo de­fi­ne el can­di­da­to, sino tam­bién el vi­ce. Al fi­nal del día la gen­te eli­ge per­so­nas, por­que con­fía más en tal o cual. Por su­pues­to que eli­ge pro­gra­mas e ideas, don­de tam­bién te­ne­mos ma­ti­ces, no so­lo en nues­tras ca­rac­te­rís­ti­cas per­so­na­les o fí­si­cas.

—¿Cuál va a ser la im­pron­ta de su can­di­da­tu­ra?

—Hay di­fe­ren­cias ob­vias y no­to­rias. Ofrez­co un cam­bio no trau­má­ti­co pa­ra los uru­gua­yos. Mu­chas ve­ces hay de­ter­mi­na­das re­sis­ten­cias en los uru­gua­yos cuan­do mi­ran a los blan­cos. La gen­te pi­de cam­biar. Es ne­ce­sa­rio e im­pe­rio­so. Pe­ro tie­ne que ser un cam­bio no trau­má­ti­co. ¿Cuál es ese di­fe­ren­cial con los otros? El diá­lo­go, el bus­car cons­truir. En es­tos úl­ti­mos tiem­pos se ha ido per­dien­do esa ca­pa­ci­dad de diá­lo­go.

—¿Les fal­ta diá­lo­go a Luis La­ca­lle Pou y a Jor­ge La­rra­ña­ga?

—No me re­fie­ro a den­tro del par­ti­do. Es­toy ha­blan­do del po­co diá­lo­go que exis­te en­tre la fuer­za de go­bierno y el par­ti­do o la opo­si­ción en ge­ne­ral. Es muy pro­ba­ble que no ha­ya ma­yo­rías par­la­men­ta­rias en el pró­xi­mo go­bierno. Va a ser más que ne­ce­sa­rio el diá­lo­go. Yo creo te­ner una ca­pa­ci­dad de diá­lo­go y de ge­ne­rar con­sen­so. Otra di­fe­ren­cia es que yo no ten­go com­pro­mi­sos a la ho­ra de ar­mar equi­pos. Si me to­ca go­ber­nar ele­gi­ré de acuer­do a lo que le ha­ce bien al país. Voy a ele­gir pen­san­do en cuál es el más ca­paz. Si ma­ña­na creo que Er­nes­to Tal­vi (pre­can­di­da­to por el Par­ti­do Co­lo­ra­do) es el más idó­neo y más ca­paz pa­ra ocu­par un mi­nis­te­rio…

—¿El de Eco­no­mía...?

—Se­gu­ra­men­te se lo pro­pon­dría. Y así pro­pon­dría a otros de otros par­ti­dos. In­clu­so del Fren­te. Uno de los pro­ble­mas del país es que he­mos te­ni­do po­lí­ti­cos in­ca­pa­ces. Hay que ele­gir bien. No pen­san­do en cuo­ta po­lí­ti­ca, o ami­guis­mo. Al­guien tie­ne que ani­mar­se a rom­per con eso y yo me ani­mo. ¿Dón­de es­tá es­cri­to que no se pue­de? —Pue­de que los sec­to­res que se mo­les­ten por sen­tir­se des­po­ja­dos le qui­ten el apo­yo en el Par­la­men­to, por ejem­plo.

—Pe­ro eso es una cues­tión de cons­truir diá­lo­go y con­sen­so. Y de pen­sar el país pa­ra ade­lan­te. Per­fec­ta­men­te se pue­de cons­truir esa coa­li­ción. Por­que el que vie­ne va a ser un go­bierno de coa­li­ción. Y eso no to­dos tie­nen el co­ra­je de ha­cer­lo.

—¿Cree en las en­cues­tas?

—Creo sí. Son ele­men­tos im­por­tan­tes. Los po­lí­ti­cos que di­gan que no mi­ran las en­cues­tas, no es­tán di­cien­do la ver­dad. —¿Por qué los blan­cos no sa­len de ese trein­ta y po­co de in­ten­ción de vo­to? —Sien­to que hay un por­cen­ta­je muy gran­de de la po­bla­ción que di­ce que al Fren­te no lo vo­ta más. Los blan­cos te­ne­mos que ha­cer una au­to­crí­ti­ca, por­que el Fren­te cae por erro­res su­yos. Pe­ro tam­po­co los blan­cos he­mos, has­ta aho­ra, en­con­tra­do la for­ma de su­pe­rar esa ba­rre­ra del trein­ta y pi­co. El desafío de con­quis­tar a ese 35% de in­de­ci­sos se­gún la en­cues­ta de Ci­fra.

—Hoy en esas en­cues­tas es­tá ter­ce­ra en la in­ter­na blan­ca. ¿Sien­te que tie­ne tiem­po de re­ver­tir la si­tua­ción?

—Así co­mo creo en las en­cues­tas tam­bién creo que son fo­to­gra­fías del mo­men­to y la po­lí­ti­ca es muy di­ná­mi­ca. To­do pue­de pa­sar. Por su­pues­to que hoy se­ría muy di­fí­cil pen­sar que yo pue­da lle­gar a al­can­zar al fa­vo­ri­to. Pe­ro en la po­lí­ti­ca pue­den pa­sar mu­chas co­sas. Lo que sí voy a com­pe­tir in­ten- tan­do apor­tar al par­ti­do un plus. Su­mar una vi­sión y mi­ra­da. Ve­re­mos en cuán­to ter­mi­nan los nú­me­ros.

—¿Có­mo se de­fi­ne en lo ideo­ló­gi­co?

—En es­to me pue­do sen­tir bas­tan­te pa­re­ci­da a la de­fi­ni­ción que dio Tal­vi: co­mo li­be­ral pro­gre­sis­ta. No me ata ni la cues­tión his­tó­ri­ca de wil­so­nis­ta ni he­rre­ris­ta, ni tam­po­co el eje ideo­ló­gi­co de de­re­cha e iz­quier­da. Me de­fino más por el te­ma de si más o me­nos Es­ta­do. Un Es­ta­do que fun­cio­ne bien. Que tie­ne que ver con las po­lí­ti­cas so­cia­les. No con las de­cla­ra­cio­nes la­men­ta­bles que hi­zo ( Jo­sé) Mu­ji­ca. Ade­más de no te­ner ver­güen­za. No sé qué hi­zo cuan­do fue pre­si­den­te; cuan­do tu­vo el po­der de ha­cer las co­sas no las hi­zo. Pe­ro tam­po­co sé qué hi­zo aho­ra co­mo se­na­dor. Lo úni­co que ha­ce es ja­quear a Ta­ba­ré Váz­quez y aho­ra li­bre de cuer­po di­ce que las po­lí­ti­cas so­cia­les fra­ca­sa­ron. Hoy el Mi­des es un co­mi­té de ba se del Par­ti­do Co­mu­nis­ta. Lo que ha he­cho es ins­ti­tu­cio­na­li­zar la po­bre­za. Allí es don­de me pue­do de­fi­nir: quie­ro al Es­ta­do y al Mi­des. Pe­ro los quie­ro co­mo una he­rra­mien­ta pa­ra trans­for­mar la reali­dad. No asis­ten­cia­lis­ta.

—En­tre los blan­cos di­cen que su can­di­da­tu­ra es pa­ra ne­go­ciar la vi­ce. ¿Es así?

—No. Es lo que po­nen al­gu­nos por te­mor o por es­te­reo­ti­pos y es­tre­che­ces cul­tu­ra­les don­de a la mu­jer la po­ne­mos en el se­gun­do lu­gar. La vi­ce la va a po­ner la gen­te en la in­ter­na. Yo es­toy com­pi­tien­do y si sal­go a ju­gar lo ha­go pa­ra ser la pre­fe­ri­da. Sa­be­mos que to­das es­tas cues­tio­nes don­de mu­chas ve­ces es pe­lear Da­vid con­tra Go­liat, por si­tua­cio­nes de ex­pe­rien­cias, de es­truc­tu­ras, por te­ner otras cam­pa­ñas arri­ba, por te­ner his­to­ria fa­mi­liar, por ve­nir con ta­tua­je de más blan­cu­ra al­gu­nos. Pe­ro es la gen­te, por suer­te, la que de­fi­ne. Yo voy a es­tar don­de la gen­te de­ci­da. No voy a es­tar don­de al­gu­nos quie­ran de­ci­dir aden­tro de cú­pu­las. Si voy a ser se­gun­da seré por los vo­tos de la gen­te. —La­ca­lle Pou di­jo en la Con­ven­ción: “Con tal de ga­nar no po­de­mos com­pro­me­ter cual­quier co­sa”. ¿Có­mo to­ma eso?

—Yo pue­do plan­tear pro­pues­tas y pue­do has­ta equi­vo­car­me. Lo que no pu­do acep­tar es que en las cam­pa­ñas se di­gan co­sas bue­nas, bo­ni­tas y ba­ra­tas. Eso es men­tir­le a la gen­te. Yo creo que hay que de­cir­le la ver­dad. He plan­tea­do al­gu­nas co­sas que pue­den ser po­lí­ti­ca­men­te in­co­rrec­tas; en­tre otras co­sas la re­for­ma de la se­gu­ri­dad so­cial. Pe­ro es inevi­ta­ble en el pró­xi­mo go­bierno. Lo que sí di­go es que me di­gan: “¿Y us­te­des qué pro­po­nen?”. ¿Dón­de es­tán sus pro­pues­tas? Es­te es un te­ma im­por­tan­te. Se co­rre el ries­go de no pa­gar las ju­bi­la­cio­nes los pró­xi­mos tres años si no se lo­gra una re­for­ma. Pue­do plan­tear co­sas que sean in­có­mo­das, pe­ro pre­fie­ro de­cir la ver­dad.

—En la in­ves­ti­ga­do­ra par­la­men­ta­ria de fi­nan­cia­mien­to a par­ti­dos po­lí­ti­cos apa­re­ció un ca­so que la in­vo­lu­cró con el no pa­go de la im­pre­sión de lis­tas y che­ques del pastor Mar­ques, sue­gro del dipu­tado de su gru­po Ál­va­ro Das­tu­gue. Des­pués, el dipu­tado di­jo que era us­ted la que fi­nan­cia­ba la cam­pa­ña, sin em­bar­go ha que­da­do en­tre­ve­ra­do y has­ta con­tra­dic­to­rio el epi­so­dio.

—Ten­go una ex­ce­len­te re­la­ción con Ál­va­ro y ya di­je en la Co­mi­sión y en va­rias opor­tu­ni­da­des: lo co­no­cí a él tra­ba­jan­do so­cial­men­te, me in­vo­lu­cra el tra­ba­jo que ha­ce. Creo que es­te te­ma es­ta lau­da­do.

—Él di­ce que us­ted le da­ba pla­ta por mes pa­ra la cam­pa­ña.

—No, no…

—Él di­ce eso.

—Cla­ro ayu­dá­ba­mos a to­das las lis­tas. Yo ayu­da­ba a to­das las lis­tas y las lis­tas des­pués con­tra­ta­ban de ma­ne­ra in­de­pen­dien­te (los ser­vi­cios de im­pre­sión de lis­tas). —Es­tá lau­da­do por­que per­die­ron un jui­cio por ese ser­vi­cio que no ha­bía si­do pa­ga­do. —Es­te es un te­ma bien in­có­mo­do.

—Por eso se lo pre­gun­to aho­ra, an­tes de arran­car la cam­pa­ña con un te­ma que es­tá aún en­tre­ve­ra­do.

—Lo que pa­sa es que lo en­tre­ve­ran más. —¿No le pa­re­ce que lo en­tre­ve­ra­ron los in­vo­lu­cra­dos?

—No. Creo que en ver­dad la in­ves­ti­ga­do­ra ar­mó un cir­co bus­can­do co­sas don­de no hay. Es­te es un te­ma bien in­có­mo­do. Don­de una si­tua­ción en­tre pri­va­dos… Acá no hu­bo nin­gún di­ne­ro pú­bli­co; se ter­mi­nó re­sol­vien­do y yo pa­gué. Te­ma ter­mi­na­do. Pa­gué. ¿Sa­bés la di­fe­ren­cia en­tre un ciu­da­dano co­mún y un go­ber­nan­te? Que yo pa­gué lo que te­nía que pa­gar. Un go­ber­nan­te —por ma­la ges­tión, por bu­rros, por in­ca­pa­ces— nos ha­ce per­der a to­dos los uru­gua­yos más de 800 mi­llo­nes de dó­la­res y pue­do nom­brar unos cuan­tos. Na­die pa­ga na­da, na­die se ha­ce res­pon­sa­ble. Y esa es una de las co­sas que hay que tra­ba­jar: que pue­dan pa­tri­mo­nial­men­te ha­cer­se res­pon­sa­bles de las pér­di­das. Pa­gar lo que les hi­cie­ron per­der a los uru­gua­yos.

—¿Quie­re de­cir que Raúl Sen­dic pa­gue de su bol­si­llo lo que per­dió An­cap?

—Pa­gar lo que se de­be. No ten­go du­da. Una de las co­sas que ha­ría si me to­ca go­ber­nar es au­di­to­ría a to­dos los or­ga­nis­mos del Es­ta­do. No al­can­za con la Ren­di­ción de Cuen­tas en el Par­la­men­to. Hay que pe­dir una ren­di­ción de cuen­tas a to­dos los que ma­ne­jan di­ne­ros pú­bli­cos. Y aque­llos que ge­ne­ra­ron pér­di­das, que sean res­pon­sa­bles. —Vol­vien­do al te­ma an­te­rior. En­tien­do que sea in­có­mo­do, pe­ro el co­men­ta­rio en el am­bien­te es que su cam­pa­ña es­tá fi­nan­cia­da por la igle­sia Mi­sión Vi­da.

—Pe­ro eso es una gran men­ti­ra. Y eso es par­te pro­duc­to de al­gu­nos —pro­pio y otros aje­nos— de in­ven­tar co­sas don­de no lo hay. Por más que bus­quen no hay na­da. No hay na­da ocul­to, na­da en­tre­ve­ra­do, es lo que es. Yo no lle­gue a la po­lí­ti­ca pa­ra ha­cer pla­ta. De he­cho me fi­nan­cié ab­so­lu­ta­men­te so­la. No le pe­dí a nin­gu­na em­pre­sa ni a nin­gu­na ins­ti­tu­ción, ni so­cial, ni re­li­gio­sa. A na­die. Co­sa que son muy po­cos los que pue­den de­cir­lo. No lle­gué a es­to pa­ra bus­car o pa­ra en­su­ciar­me con las cues­tio­nes eco­nó­mi­cas. Pa­ra na­da. Ten­go un ob­je­ti­vo, soy muy idea­lis­ta, creo que se pue­de cam­biar al país. En­ton­ces es­tas co­sas son in­ven­tos. Es­tán bus­can­do dón­de pue­den en­con­trar al­go que ade­más no es ver­dad. Pe­ro ca­da uno se en­tre­tie­ne co­mo pue­de.

Hay de­ter­mi­na­das re­sis­ten­cias de los uru­gua­yos cuan­do mi­ran a los blan­cos”.

Lo que ha he­cho el Mi­des es ins­ti­tu­cio­na­li­zar la po­bre­za”.

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