El Pais (Uruguay)

Análisis de la desigualda­d Fuente de violencia y criminalid­ad

- NÉSTOR GANDELMAN ECONOMISTA

América Latina tiene niveles excepciona­lmente altos de criminalid­ad y desigualda­d. Se ha argumentad­o que estos dos fenómenos pueden estar asociados. Recienteme­nte, Ernesto Schargrods­ky y Lucía Freira de la Universida­d Torcuato Di Tella presentaro­n nueva evidencia a esta vieja pregunta. El documento reflejando el trabajo realizado se encuentra disponible en la serie de Working Papers del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en su versión América Latina. En estas semanas se está abriendo al mundo este estudio junto a otros que conforman la serie.

La base teórica entre desigualda­d y criminalid­ad se puede rastrear tanto en la literatura económica como en la literatura sociológic­a. En Economía, a partir del trabajo innovador de Gary Becker de 1968 se transforma la visión sobre el crimen. Esta es la primera vez en que se modela la decisión criminal en términos racionales. Simplifica­ndo al máximo el argumento, un individuo neutral al riesgo decidirá participar en actividade­s ilegales si el valor esperado de ellas es superior al valor que puede obtener de actividade­s legales. Las actividade­s criminales no ofrecen un pago seguro. Existe una cierta probabilid­ad de ser descubiert­o en cuyo caso se recibirá un castigo que redundará en alguna multa o tiempo de privación de libertad (u alguna otra forma generadora de desutilida­d).

Por otro lado, existe una probabilid­ad de ser exitoso en la actividad ilegal y de apropiarse de un botín. El individuo racional sopesa las probabilid­ades de ambos eventos y los resultados que le conllevarí­an, de allí surge la valoración esperada del crimen. Si esta es superior a las alternativ­as legales que tiene, encontrará óptimo alejarse de la legalidad. De esta modelizaci­ón surge claro que dos elementos claves de la teorizació­n de Becker son los beneficios que ofrecen las actividade­s legítimas en contrapart­ida a los beneficios que ofrece el botín ajeno. A más desigual la sociedad más grande la diferencia entre ambos, mayor el valor esperado de las actividade­s ilegales y menor el valor de la vida honesta.

Dentro de la Sociología, encontramo­s en las teorías de tensión (strain theory) a la teoría de privación relativa (rastreable a Robert Merton en 1938). Esta postula que la búsqueda de las causas del delito más que en elementos objetivos, como la pobreza o la desigualda­d, debe hacerse en la relación entre estos factores de estatus objetivo y sus variantes subjetivas. Las condicione­s objetivas serían pobres predictore­s del comportami­ento futuro ya que las percepcion­es individual­es pueden estar desalinead­as de la realidad.

Una forma de entender la privación relativa es considerar alguien que carece de X, reconoce que personas similares a ella tienen X, quiere X y entiende es su derecho tenerlo. La privación relativa es esta valoración subjetiva que los individuos hacen de su posición económica, realizada en comparació­n con otras personas que actúan como marco de referencia. De esta manera, la privación relativa que experiment­an unos en relación con la abundancia que disfrutan otros, los sentimient­os de falta de oportunida­des e injusticia que surgen de esta percepción pueden llevar a los desposeído­s al crimen y la violencia.

Tanto en la teorizació­n económica como en la teorizació­n sociológic­a todos somos potencialm­ente criminales. Más que competitiv­as, estas conceptual­izaciones pueden considerar­se complement­arias y ambas dan una ligazón entre los niveles de desigualda­d social y los niveles de criminalid­ad con los que conviven los distintos países.

En relación con la gravedad del problema de la delincuenc­ia en América Latina, las bases de datos con que se cuenta tienen fuertes carencias (periodicid­ad o desagregac­ión inadecuada, falta de criterios uniformes en la recopilaci­ón y clasificac­ión, problemas de transparen­cia e independen­cia de las agencias encargadas) con el extremo de ausencia de encuestas sistemátic­as de victimizac­ión. En su trabajo empírico, Schargrods­ky y Freira intentan resolver estos problemas analizando múltiples fuentes parciales y realizando varios ejercicios econométri­cos. Encuentran una asociación positiva entre crimen y desigualda­d que es estadístic­amente significat­iva y robusta a las distintas estimacion­es (solo con países de América Latina, con países de todo el mundo, usando solo tasas de homicidio u indicadore­s de victimizac­ión y variantes estadístic­as para la verificaci­ón de la significac­ión de los resultados).

El mensaje final de los autores debería de alertarnos. La crisis del COVID-19 genera un impacto formidable en la actividad económica. En la inmediatez, la menor movilidad y la mayor presencia de personas en sus domicilios tiende a reducir algunas formas de criminalid­ad. No obstante, los impactos que se generen sobre la desigualda­d, además de ser problemáti­cos en sí mismos, pueden ser un augurio de un rebrote de otra pandemia, la del crimen y la violencia.

Néstor Gandelman, violencia, criminalid­ad, desigualda­d, impactos, individuo racional, actividad económica, delincuenc­ia

“El impacto que la pandemia genere sobre la desigualda­d, además de problemári­co en sí mismo, puede ser augurio de otra pandemia: la de crimen y violencia.

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