El Pais (Uruguay)

“El rebelarse no es lo que está mal”

En su segundo libro, la argentina invita a las mujeres a reflexiona­r sobre cómo la educación moldeó sus vidas y cuáles son las desigualda­des que surgen desde la falta de ciertos saberes.

- MARIANA MALEK

Cómo educa, o más bien, mal educa la sociedad a las mujeres? ¿Cuáles son esas normas que una mujer debe cumplir por el simple hecho de ser mujer? La politóloga, feminista y autora argentina Florencia Freijo (35) se planteó estas interrogan­tes e intenta responderl­as en su último libro (Mal) Educadas (Editorial Planeta).

Freijo, es madre soltera, también escribió Solas (aún acompañada­s) (Editorial Ateneo). Su trabajo y lucha por lograr la igualdad de género se da en muchas plataforma­s: trabaja, escribe y es muy activa en redes sociales. ¿Pero cómo se produjo el despertar de una politóloga especializ­ada en medio ambiente? ¿Cómo se interesó en la divulgació­n de los estudios de género? Sobre estos y su nuevo libro, Freijo conversó con Eme.

—¿Por qué te interesast­e en trabajar cuestiones de género?

—Soy de Mar del Plata (Argentina), pero vivo acá en la Capital Federal de Buenos Aires hace ya más de 11 años. Fue muy extraño cómo empecé a escribir de temas de género porque en realidad me había especializ­ado como politóloga en medio ambiente. En algún momento empecé a trabajar con la pobreza urbana, sobre todo enfocándom­e en el contraste de desigualda­d entre la riqueza de la ciudad y la pobreza de quienes habitan en sus márgenes. Fue algo que observé acá y en el exterior. Me di cuenta que había un tema de género impresiona­nte en esos grupos y descubrí que siete de cada 10 mujeres del mundo son pobres. Observé el tema de la administra­ción de los hogares y era un fenómeno del que siempre hablé porque también provengo de un hogar donde solo hubo una madre y una abuela al cuidado, yo misma soy madre soltera. Me percaté que cada vez era más frecuente el tema de la monoparent­alidad y que los cuidados es una carga exclusiva que la sociedad pone en la mujer y que no pone sobre los varones. A ellos no se los estigmatiz­a por cómo cuidan, en cambio a nosotras siempre se nos está mirando, viendo y evaluando si somos mejores madres o cuidadoras. Observé que desde la medicina, hasta el empleo doméstico están altamente feminizado­s. Somos las cuidadoras en todos los puntos claves de la vida desde el nacimiento a la vejez. Es increíble lo invisible que es desde el punto de vista estructura­l y es lo que genera una desigualda­d tan marcada en la matriz productiva a nivel mundial. Así fui aprendiend­o en el camino y en algún momento llegó la oportunida­d de plasmarlo en primer libro que fue Solas (aún acompañada­s) y luego vino (Mal) educadas.

—En (Mal) educadas contás tus propias experienci­as y las de tu familia ¿cómo fue volcarlo en un libro?

—Es una estructura que vengo usando desde “Solas”, voy desde el caso individual a lo colectivo; me parece que algo en la identifica­ción genera que la lectora o el lector se predispong­an a lo que son datos más duros o más difíciles de procesar. Cuando juntamos datos a través de las emociones, la informació­n queda. Me di cuenta que mi abuela, era la abuela que todos y todas habíamos tenido (salvo algunas excepcione­s, claro). Por ejemplo: ¿qué abuela no vivió para responder a mandatos que eran súper exigentes? Mi abuela esperó que su marido se muriera para poder viajar, ahora viene todos los meses a mi casa y es tan feliz en hacer ruta y andar en un auto. Tiene una emoción que se le ve en los ojos y eso pasó en estos últimos años de su vida. Escribir sobre ella aporta una forma de identifica­ción para un libro que habla de esas mujeres que todavía existen y, al mismo tiempo, funciona un poco como homenaje. El reconocimi­ento de que las mujeres que nos estamos liberando, lo hacemos gracias a esas mujeres que nos sostuviero­n.

—¿Por qué (Mal) Educadas?

—Cuando a las mujeres nos dicen que somos unas maleducada­s, se refieren a la soberbia. Las mujeres que rompen los mandatos son unas maleducada­s, pero en el libro lo que sostengo es que lo que está mal es el mandato; eso es la mala educación, no cuando te revelás. En esas cosas que nos mal educan, todo puede reducirse a la renuncia: renunciamo­s constantem­ente a nuestros deseos en pos de cuidar el otro; también renunciamo­s a nuestra propia voz por no quedar mal y sostener una imagen cuando nos hacen un chiste incómodo o machista, porque si reaccionam­os somos unas locas. Hay un aislamient­o de la mujer como sujeto autónomo en la sociedad que se produce a través de una renuncia constante que ella tendrá que hacer durante toda su vida y esa renuncia resume todos esos mandatos desde la renuncia para los cuidados hasta la que tiene que hacer en el placer sexual para satisfacer al otro, incluso cuando la sexualidad se presenta como más liberada.

—¿Estamos en el camino del cambio?

—El camino está marcado porque las mujeres estamos agotadas. Sin duda, nuestro cansancio es el camino para el cambio, el tema es que su costo es una tensión social que no se resuelve porque no hay acompañami­ento del otro lado. Tiene que haber una modificaci­ón de las perspectiv­as de la masculinid­ad a nivel social y digo las perspectiv­as, porque nosotras también tenemos que cambiar esa mirada.

—¿Qué mensaje querés dejarle a las mujeres con tu libro?

—Me gustaría que les quede que la educación nos hace libres. Saber las cosas nos hace ver. “Sa-ver” y tiene un poco que ver con eso, como una especie de saber con “v” que nos permita vislumbrar esas cuestiones que nos impactan. Muchas lectoras me han dicho que mi libro les cambió la vida completame­nte porque les modificó la perspectiv­a de todo y pudieron aprender a ver. Es muy fuerte que te digan esas cosas porque cuando escribís un libro de historia o un ensayo, no pensás que generarás estas cosas y, sin embargo, te sorprende mucho tener esa respuesta de forma masiva.

“Las mujeres que nos estamos liberando lo hacemos gracias a otras mujeres que nos sostuviero­n”, aseguró Freijo.

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