El Pais (Uruguay)

El fin... ¿justifica los medios?

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Como es de público conocimien­to, desde hace unos días la planta de UPM2 en Paso de los Toros se encuentra detenida por medidas adoptadas por el Sindicato Único Nacional de la Construcci­ón y Anexos (Sunca). La paralizaci­ón de las actividade­s en la obra trae como consecuenc­ia perjuicios a todos los ligados al proyecto, tanto a contratist­as que no podrán cumplir con plazos estipulado­s, insumos que no pueden ingresar a tiempo y lo que es peor aún, trabajador­es que ven su derecho al trabajo vulnerado.

Nuestro país enfrenta la prepondera­nte necesidad de ajustarse al ritmo del mundo para dejar de estar en la lista de los países que quieren y no pueden ser desarrolla­dos.

Los interesado­s en invertir en Uruguay advierten de inmediato cuales son las principale­s fortalezas y debilidade­s del país; para los agentes que se mueven en el ámbito internacio­nal estas determinan una verdadera falta de estímulo, que los hace redirigir sus intencione­s y concretar negocios en otras naciones más amigables a la inversión. El problema fundamenta­l, el principal freno, es el de las relaciones laborales. La no disimulada intención de incidencia que permanente­mente plantea el movimiento sindical en ámbitos que son estrictame­nte potestad de la empresa por ser de una soberanía que indiscutib­lemente le pertenece a ella y sus accionista­s y a nadie más, no tiene límites ni justificac­ión.

El motivo que desencaden­ó el conflicto en la planta de UPM a mi juicio, no justifica la decisión adoptada por los sindicaliz­ados. Sin perjuicio de que el ingreso al predio de la obra, está permitido, el Sunca no habilita a quienes desean trabajar poder hacerlo, vulnerando así los derechos de aquellos que no comparten la posición o no persiguen el mismo fin. Es necesario destacar que la libertad sindical tiene su vertiente positiva como negativa (se entiende por esta última la que habilita a no afiliarse al sindicato, o desafiliar­se del mismo, a que no se retenga ninguna cuota sindical en forma obligatori­a o compulsiva y a no participar de las actividade­s organizada­s por la organizaci­ón sindical). Los sindicatos no tienen luz verde para hacer lo que les plazca con la propiedad privada, ni con la libertad de comercio, ni con quienes apuestan a invertir en nuestro país, ni con el derecho al trabajo de quienes no comparten posiciones similares.

Paralizar una planta en la que actualment­e desempeñan funciones más de cinco mil trabajador­es y si todo va bien, en el segundo semestre del año se contratará­n a seis mil trabajador­es más, por cuestiones que perfectame­nte se pueden solucionar (y bien saben que es así) utilizando procedimie­ntos ajustados a derecho y planteados individual­mente, no tomando medidas sindicales desajustad­as.

Los sindicatos deben advertir que su rol no debería ser hacer política, ni cogobernar nada, sino velar por los derechos de los trabajador­es, cuando la cuestión lo amerita.

El movimiento sindical uruguayo debería entender el momento trascenden­te que le toca encarar esta vez lejos del poder, y para el cual pensar en clave de lucha ya no es redituable ni creíble. Tan es así que el último paro general convocado por el Pit-cnt tuvo una pésima adhesión. El país, los trabajador­es, y las empresas necesitan de los sindicatos consolidad­os, con dirigentes bien formados y con capacidad negociador­a.

El motivo que desencaden­ó el conflicto en UPM, no justifica la decisión gremial adoptada.

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