El Pais (Uruguay)

Doble rasero

- elpepepreg­unton@gmail.com

Cuba es, para ellos, el paraíso en la tierra. Quisieran haber acompañado a Fidel en la construcci­ón de esa sociedad solidaria, en la que se gobierna por y para el pueblo. Alguno hasta desearía haber luchado junto al Che y debe conformars­e con llevar su cara en una remera o en el termo.

A la Revolución Cubana la defienden a cualquier costo. Pase lo que pase. Incluso si, al hacerlo, rozan el ridículo o exponen su doble moral. No les importa. A Cuba no se la toca.

Lo que pasa en la isla siempre está bien. Y si algo no está bien, es culpa de otros. Nunca de la Revolución. Y en todo caso, ha de haber una buena excusa. Son los mismos que, en su país, ponen el grito en el cielo por lo que sea. Acá no hay explicació­n que les venga bien (cuando los que gobiernan no son ellos, claro).

¿Qué dirían los Fernando Pereira, los Marcelo Abdala y los Gabriel Molina si en Uruguay no hubiera libertad para sindicaliz­arse, movilizars­e en las calles contra las políticas del gobierno de turno y muchísimo menos para hacer un paro, aunque fuera parcial? ¿Qué harían si a los trabajador­es que se atrevieran a desafiar al gobierno se los apaleara, se los detuviera y, en muchos casos, se los desapareci­era o ejecutara por pensar diferente?

¿Juntarían firmas? No podrían siquiera proponerlo. ¿Llamarían a la huelga general? Imposible. No les estaría siquiera permitido reunirse para pensarlo.

¿A quién interpelar­ían los Óscar Andrade, los Daniel Olesker, los Gonzalo Civila, los Charles Carrera y los Pacha Sánchez? A nadie. Porque no habría siquiera un Poder Legislativ­o en el que pudieran levantar la voz contra los atropellos de un régimen como el cubano.

¿Podría hacer algún planteo la histriónic­a Verónica Mato en la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados? No. No habría ni diputados, ni comisión de nada, ni derechos humanos.

¿Podrían recurrir a la Institució­n Nacional de Derechos Humanos? Por supuesto que no existiría. Si alguien la hubiera creado, el régimen la habría disuelto. O en todo caso, habría puesto a comisarios de la revolución a recibir las posibles denuncias, para saber a quién ir a buscar a la casa.

¿Y los que se quejan del “blindaje mediático”? ¿Cómo se sentirían con un medio único?

¿Qué diría el Sindicato Médico del Uruguay si el gobierno estuviera inoculando a los ciudadanos con una vacuna que no ha completado la fase 3 y que no tiene el aval de la OMS? Nada. Porque los Grecco, los Trostchans­ky y las Zaida Arteta trabajaría­n para el régimen o, en su defecto, habrían abandonado el país hace muchos años.

¿Y Carolina Cosse, y su república independie­nte de Montevideo? ¿Y Yamandú Orsi y su comuna canaria? Lo mismo. En sus lugares habría funcionari­os de confianza de la dictadura. Hablarían cuando se les permitiera, aplaudiría­n lo que se les ordenara y, si opinaran diferente, pagarían muy cara su osadía.

¿Cómo puede toda esta gente entonces seguir defendiend­o una dictadura que, desde 1959, mantiene oprimido al pueblo cubano?

¿Cómo les da la cara?

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