El Pais (Uruguay)

Después de la tormenta

- ISABELLE CHAQUIRIAN­D

Fue como un huracán. En nuestro país no tenemos este tipo de fenómenos naturales pero podemos verlo en las noticias de otros países. Las familias se esconden en lugares seguros para protegerse y, una vez que pasa lo peor, salen, poco a poco, a reencontra­rse con lo que quedó después de la tormenta. Es su casa, su barrio, su ciudad, pero todo luce diferente. La salida es como en cámara lenta, un redescubri­r lo ya conocido pero que ahora está diferente.

Después de más de un año y medio de emergencia sanitaria, el COVID-19 nos está dando un respiro. Poco a poco estamos volviendo a la normalidad con la esperanza de que, esta vez, sea definitiva. Vamos dejando el teletrabaj­o, los estudiante­s están retornando a los salones de clase, las fiestas fueron habilitada­s. Pero de alguna manera, ya no somos los mismos y, en particular, los jóvenes lo están sintiendo. A muchos les está costando volver a la presencial­idad, no quieren dejar el zoom, están reaprendie­ndo a interactua­r en clase fuera de la pantalla y a reencontra­rse con sus pares. Y para muchos, esta salida del refugio no está siendo fácil.

Una encuesta reciente realizada por Unicef a 8.444 jóvenes de 13 a 29 años en nueve países de América Latina y el Caribe, muestra que el COVID-19 está teniendo un impacto significat­ivo en la salud mental de los jóvenes: 27% reportó sentir ansiedad y 15% depresión; 46% tiene menos motivación para realizar actividade­s que normalment­e disfrutaba; 43% de las mujeres y 31% de los hombres se sienten pesimistas frente al futuro; 73% ha sentido la necesidad de pedir ayuda en relación con su bienestar físico y mental pero el 40% no llegó a pedirla.

Y esto es parte de lo que nos dejó la tormenta. Los jóvenes estuvieron aislados sin posibilida­d de interactua­r entre sus pares y esto tiene impacto en múltiples aspectos. Porque no hay otra etapa de la vida donde el grupo de pares juegue un rol tan importante en la salud mental de las personas.

Previo a la pandemia, el economista de la Universida­d Católica Carlos Díaz, junto a investigad­ores de la Universida­d de Cornell en Estados Unidos, estudiaron el comportami­ento de los jóvenes en la transición entre liceo y universida­d, en relación a su fuerza de voluntad y el control de sus pares. Los compañeros y los modelos de rol juegan un papel fundamenta­l en las elecciones de los jóvenes, especialme­nte en situacione­s que requieren de fuerza de voluntad o autocontro­l, como beber, fumar, consumir drogas, abandonar actividade­s que requiren esfuerzo como el estudio, entre otros. En tales entornos, los compañeros pueden ser buenas o malas influencia­s, y tienen una relación directa con el nivel de autoestima. Es por eso que cuestiones de autocontro­l y control de pares son complement­arias. Por ejemplo, Díaz revela que los adolescent­es fuera de círculos de pares tienen en promedio menos capacidad de autocontro­l y fuerza de voluntad. Esto podría explicar en parte por qué el aislamient­o de los jóvenes influyó tanto en su autoestima y comportami­ento.

Nuestros jóvenes precisan ayuda para reconstrui­r su entorno después del huracán que fue la pandemia en sus vidas. Darles el apoyo, la contención y ayudarlos a rearmar sus grupos de pares es necesario para su futuro y el de todos como sociedad.

Nuestros jóvenes precisan ayuda para reconstrui­r su entorno después del huracán.

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