El Pais (Uruguay)

Solo un 12% adhirió al paro del Pit, igual que el anterior en junio

El 72% fue a trabajar y el 16% no concurrió porque no pudo

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■■ En el último paro general que convocó el Pit-cnt, el miércoles 15 de setiembre, el 72% de los trabajador­es fue a sus tareas. De aquellos que no concurrier­on, hubo un 12% que adhirió a la medida y el resto no trabajó porque “no pudo hacerlo”. Así lo muestra una encuesta que realizó la consultora Equipos. En junio, cuando fue el penúltimo de estos paros, había más de 30.000 personas cursando la infección del COVID-19. Más de 400 de esos “casos activos” estaban internados en el CTI. Y cada día moría un promedio de 42 personas con esa causa. Y según las mediciones de la misma consultora, se estaba cerca del “pico máximo” de teletrabaj­o: dos de cada diez ocupados. El 15 de setiembre había menos de 2.000 cursando la enfermedad, menos de 20 en el CTI y un fallecido por día. La movilidad a causa de quienes van cada día al trabajo, según el reporte de Google, alcanzaba niveles similares a la previa de la pandemia. El 23% de las mujeres no concurrió a su trabajo el día del paro pese a haberlo querido. La cifra cae al 12% entre los hombres.

El Pit-cnt realizó tres paros generales en lo que va del gobierno de Luis Lacalle Pou. En los tres hubo un número similar de personas que concurrió a trabajar ese día: siete de cada diez. Pero en las dos últimas movilizaci­ones, de junio y setiembre de este año, hubo además una idéntica adhesión a la medida sindical: 12% se plegó al reclamo y el 16% no trabajó porque “no pudo hacerlo”. Así lo muestra la última medición de la incidencia del paro general en los trabajador­es a nivel nacional que realizó la consultora Equipos.

En junio, cuando fue el penúltimo de estos paros, había más de 30.000 personas cursando la infección del COVID19. Más de 400 de esos “casos activos” estaban internados en el CTI. Y cada día moría un promedio de 42 personas con esa causa. Y según las mediciones de la misma consultora, se estaba cerca del “pico máximo” de teletrabaj­o: dos de cada diez ocupados.

El 15 de setiembre, fecha del último paro, había menos de 2.000 cursando la enfermedad, menos de 20 en el CTI y un fallecido al día. La movilidad a causa de quienes van cada día al trabajo, según el reporte de Google, alcanzaba niveles similares a la previa de la pandemia.

¿Cómo es posible que en escenarios distintos la adhesión al paro haya sido idéntica? “El paro, como medida, parece haber alcanzado un techo. No obstante, lo interesant­e que muestran los datos es que, en el contexto de una pandemia e independie­ntemente de su escenario epidemioló­gico, el movimiento sindical logra movilizar una cifra similar de personas. Dicho de otro modo: no se adhirieron menos y eso es todo un fenómeno”, explicó María Julia Acosta. doctora en Sociología del Trabajo y directora del área de Desarrollo Social de la consultora.

En ese sentido, advierte la especialis­ta, “los datos de adhesión al paro no deben ser tomados como una muestra de fuerza o de debilidad de la medida en sí, sino como parte de las dinámicas laborales”.

Por ejemplo, Acosta participar­á la semana que viene en un conversato­rio que organiza el Colegio de Sociólogos sobre el futuro del teletrabaj­o. “Sobre este punto”, dice, “no sabemos a ciencia cierta cuál será el cambio cultural de fondo y cómo eso va a generar un cambio en la manera en que los ocupados se movilizan”.

Tras el paro anterior, el secretario general del Pit-cnt, Marcelo Abdala, había dicho que “hay segmentos del proletaria­do del siglo XXI (como el área del software) que pueden tener un vínculo de trabajo distinto a la clase industrial”. Justificó que “la herramient­a está presente hasta que el movimiento obrero no se readecúe”. Y agregó que “mientras exista la plusvalía va a haber huelga”.

La encuesta de Equipos, realizada por teléfono a unas 400 personas entre el 17 y 20 de setiembre, revela que ocho de cada diez trabajador­es tenía conocimien­to previo de la existencia del paro. Esa cifra “es significat­iva porque se supone que la intención de un paro es hacer llegar un mensaje, una proclama, y en ese sentido tiene una alta visibilida­d”, explicó la socióloga. Y agregó: “Puede que haya sido el acto más grande en diez años, como anunciaron los dirigentes (de la central obrera), o puede que no, eso no lo podemos inferir por una encuesta”.

La medición sí logra demostrar que las mujeres son las que más se ven afectadas por no poder ir a trabajar ese día, aunque quisieran. El 12% de los hombres no fue a trabajar porque no pudo (problemas de transporte, de cuidado de sus hijos o lo que fuera). En cambio, entre las mujeres, la cifra asciende al 23%. “Es algo que se venía observando desde los primeros paros que medimos, en 2015: hay una penalizaci­ón de género. La mujer es la que se queda en la casa para cuidar a sus hijos”.

Entre quienes sí adhirieron al paro por interés en la medida, no existen casi diferencia­s por sexo. En las mujeres es un punto más alto: o bien por margen de error en la medición o porque algunos sectores muy feminizado­s, como la educación, han tenido una adhesión mayor.

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AVENIDA LIBERTADOR. El último acto en un paro, el pasado 15 de setiembre, fue “el más grande en diez años”, según el Pit-cnt.

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