El Pais (Uruguay)

“No quiero venderme y decir cualquiera con tal de que se rían”

Una carrera para seguir entre teatro y televisión

- NICOLÁS LAUBER

Los lunes y viernes Leti Cohen está en la versión femenina del programa de humor de La Tele, La culpa es de Colón, junto a sus colegas. Además, este viernes y el sábado 2 de octubre tiene funciones de su unipersona­l Zafada, que se realiza en la sala Undermovie.

En pocos años pero con esfuerzo, Leti Cohen llegó a un lugar destacado en la escena de la comedia local. Esta noche tiene doble función de su unipersona­l Zafada (Undermovie a las 20.00 y 22.15, entradas a 550 pesos; repite el 2 de octubre), y además, como todos los viernes, estará en la pantalla de La Tele junto a sus compañeras del programa de humor La culpa es de Colón.

“Tuve la suerte de que siempre que trabajé de esto, pude divertirme. Nunca hice cosas por compromiso, siempre la pasé bien”, le dice Cohen a El País mientras se levanta para tocar madera, “por superstici­ón”. “Qué cansancio ir hasta la puerta. Camino seis pasos y me canso”, dice, entre risas.

Zafada, su unipersona­l, se estrenó en 2019 pero tuvo pocas funciones. Allí, durante más de una hora, Cohen habla de situacione­s cotidianas que para muchos pasan desapercib­idas y que transforma para convertirl­as en humor. Ahora ya piensa en su despedida, aunque tiene confirmada­s algunas fechas para octubre.

El nombre del espectácul­o surgió en un evento donde coincidier­on Cohen y Guillermo Lockhart, quien le dijo: “Me encanta tu humor, sos rezafada”. Ni lerda ni perezosa, la comediante supo que ese era el nombre para su siguiente proyecto. “No sé qué hacer para el próximo, voy a tener que preguntarl­e a la gente”, bromea.

“Le tendría que poner: ‘Nadie me va a venir a ver’, por lo cagona que soy”, dice. Esa insegurida­d es parte de su personalid­ad, y un ingredient­e en su manera de hacer comedia. “Cada vez que pongo una función digo: ¿por qué puse otra, para sufrir de vuelta a ver si va alguien?”, comenta. Al final, sus funciones se agotan.

“Esperá que llegó mi novio y no puede entrar”, interrumpe Cohen. “Toqué madera en la puerta y se ve que fue demasiado fuerte y se rompió”, sigue con una risa nerviosa mientras intenta abrir. “Por suerte no estoy saliendo al aire. Mi novio tenía que dar la nota, y ahora se hace el crá porque es maletinero en Trato Hecho”, dice, siempre entre risas. Es el que toca el ukelele en lo nuevo de Canal 12.

—Tu novio también trabaja en televisión. ¿Te embroman con eso?

—La gente me escribe y me dice: “Conseguime algo a mí también”. ¡Como si pudiera conseguir cosas! Soy la nueva, la gente me ve en el canal y no sabe quién soy. ¿Por qué la gente piensa que la otra persona entra a un lugar porque otra la coloca? La gente es mala y habla. Todavía no sé cómo estoy ahí, ¿y quieren que consiga para otro?

—Pero hace más de ocho meses que estás en La culpa es de Colón. Creo que lo de ser la nueva ya no va.

—Sí, ya está. Luciana Acuña, cuando hace de Pelusa, me embroma con que soy “la nueva” y me hace reír mucho.

REÍRSE DE TODO. La historia de Cohen en la comedia es un tanto atípica. Luego de sumarse al espectácul­o Minas, donde se hizo amiga de Lucía Rodríguez, fueron sus colegas de stand up las que la animaron a que lanzara un espectácul­o propio, ya que entre insegurida­des y miedos, no quería hacerlo.

“Un día fueron al Movie, pidieron una fecha para mí, y lo hice. No podía quedar pegada”. Entonces, se armó de valor y comenzó su carrera como comediante en solitario.

“Me gusta que la gente se divierta, eso es lo más lindo, pero no es solo eso. No quiero venderme y decir cualquiera con tal de que se rían. Digo lo que tengo ganas de decir”, señala.

—Decías que Zafada ya está llegando a su final. ¿Estás pensando en un nuevo espectácul­o?

—No sé qué va a ser de mí. Tengo que despedir este, seguro. Ahora voy a empezar a ir al interior. En octubre tengo funciones en Colonia, voy a ir a Las Piedras, donde ya fui y la pasé muy bien. En Las Piedras me pasó que fui con el colectivo de comediante­s latinoamer­icanas, Manzanas de Eva. El show que hicimos ahí fue el mejor. Habría 30 personas en un lugar para más de 100, pero fue maravillos­o. Fue el que nos salió mejor, nos sacamos fotos con todos —lo que no nos llevó mucho tiempo porque eran pocos— pero fue muy divertido.

—¿Sentís una mayor visibilida­d gracias a La culpa es de Colón?

—Claro, antes remaba dos meses por una función. Llegaba el mismo día y no sabía si se había vendido algo. Igual, estoy malacostum­brada porque empecé a hacer teatro con Lucía Rodríguez que en ese momento no éramos amigas todavía, pero nos conocimos haciendo stand up y me invitó a hacer Minas. Lucía ya era bastante conocida; no es como ahora que es la reina del mundo, pero la gente iba a verla. Cuando empecé a hacer mis shows, gastaba pila de plata en publicidad en Instagram para vender las entradas. Ahora no sé qué pasa.

—Ahora estás en televisión... —Para mí es zarpado eso, con lo bueno y malo que tiene, porque si entrás en las redes, también te dicen cualquier cosa. Son los menos, pero uno se queda con esa porquería. Entonces ni leo nada, pero la gente en la calle es increíble.

—Siempre bromeás con que la gente en la calle dice que te ama. ¿Qué tan real es eso?

—La gente lo dice, pero porque se los hago decir. Las chiquilina­s me pelean y dicen que es mentira, pero la gente me dice: “¿Cómo es que te tengo que decir? ¿‘Leti te amo’?”, y entonces ellos me lo dicen. No estoy mintiendo, solo me guardo la informació­n de que yo los obligo. Es un detalle.

—Tu humor es para adultos, pero siempre comentás que tenés muchos seguidores chicos. ¿Podés explicarlo?

—No. Tuve que poner que la función es para mayores de 18 años, porque se me llenaba de niños. Yo digo cosas de la vida normal, cosas que en televisión no podés decir porque no sabes quién está mirando. Por eso al inicio de la función pregunto si hay niños, por las dudas. No es que hago otro show, pero tengo un poco más de cuidado. Al principio se me llenaba de niños, no sé cómo no tengo un programa para niños. No sé qué les gusta, ha de ser mi pelo, o que me río de todo.

—Y tenés una risa contagiosa. ¿Te lo han dicho?

—Soy muy buen público, me río de verdad y todo lo que voy a ver me hace reír, por una cosa o por otra. Lo que me pasa a veces en el canal es que me tiento, me atoro y de reírme se me corre todo el maquillaje. El otro día me atoré y se escuchó mi tos un buen rato, porque quedé tentada y me puse a toser fuerte. Hacía señas para que apagaran el micrófono porque iba a salir todo eso al aire, qué bochorno. Ahogada hacía señas, pero nadie me miraba o me entendía. Lo importante es que no me morí. Si me moría, ¿sabés cómo subía el rating? Pero no, tuve que vivir. Si no, me iba en la gloria.

La comediante se presenta esta noche en el Undermovie, con doble función de su unipersona­l “Zafada”.

“Siempre que trabajé de esto, pude divertirme. Nunca hice cosas por compromiso”, dice.

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