El Pais (Uruguay)

Salud, salud

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Antenoche en la TV entrevista­ron a varias enfermeras y vacunadora­s a raíz del cierre de algunos vacunatori­os. ¡Qué buena gente!

Pero no era que posaban para las cámaras. En la práctica lo han hecho y lo hacen mejor y eso lo comprobamo­s millones de uruguayos que fuimos vacunados. Algunos, como yo, cinco veces, incluyendo la de la gripe.

Pienso que no se los hemos agradecido lo suficiente.

En lo personal siempre he tenido la mejor opinión y una gran simpatía con los trabajador­es de la salud. Mi propia experienci­a, y lo que voy viendo, me lo ratifican día a día.

Y no es de ahora. Hace seis años, tras difíciles momentos vividos y felizmente superados, dejé constancia —“Les voy a contar algo”, Búsqueda— de mi experienci­a.

Afirmaba entonces “Nurses, enfermeras y enfermeros, atentos, bien dispuestos, serviciale­s y solidarios. Y siempre alegres y con una sonrisa. No exagero, me sorprendió”.

“Además todos o casi todos, cumpliendo doble jornada” o triple en una o varias institució­nes. “Con ellos siempre se tenía suerte, iban rotando y nada cambiaba. Y como todos sabemos no es una tarea fácil ni de las más agradables. Ni tampoco de las mejor pagas en términos generales, aunque en algunos lugares se pague mejor que en otros. (Hubo una época, aquella de que “como el Uruguay no hay”, en que las cosas se hacían bien: enfermeros, policías y maestros eran los funcionari­os mejor pagos, como correspond­e)”.

Hoy mi experienci­a la han vivido todos los uruguayos, y doy por seguro que coinciden conmigo: ¡que buena gente!

Es un gremio que mete. Hace ya más de medio siglo — 56 años para ser más exacto— cubría sindicales para el diario Hechos. Mi jefe era Héctor Rodríguez, el más grande dirigente sindical que hemos tenido. El más grande dirigente sindical y mejor persona aún.

Después de una asamblea de la batallador­a FUS (Federación Uruguaya de la Salud), le comenté a Héctor: “Es un gremio peleador, meten para adelante”. La respuesta de Héctor fue, la recuerdo casi textual, “sí, es un gremio firme y metedor y van para adelante en la lucha gremial, pero meten y van mucho más para adelante cuando hacen su tarea, que no es tan cómoda como la de estar detrás de una máquina de escribir o manejando expediente­s”.

Insisto en que debemos estar agradecido­s por lo que hicieron y cómo lo hicieron. Deberíamos recordarlo todos los días (y por supuesto también

Muchas veces es más difícil ser funcionari­o de la salud que correspons­al de guerra.

las autoridade­s de Gobierno y las empresas del sector para premiar ese esfuerzo al tiempo presupuest­al).

Nadie puede negar que el gobierno manejó muy bien la emergencia, pero es justo decir que para ello contó con un “ejército”, que no retrocedió y estuvo siempre en primera línea. En contacto directo con un enemigo desconocid­o, invisible, trapero, terrorista. Es más difícil que ser correspons­al de guerra, debemos admitirlo. Pelear, exponerse y al mismo tiempo consolar, y solidariza­rse

Con aquellos que perdieron sus seres queridos, aislados, solos, cuyo único alivio eran las palabras y el calor de la mano amiga de una enfermera, de un enfermero, de un médico o una médica.

Hoy la guerra no ha terminado, pero sí aflojó y es posible la vuelta a casa de los guerreros.

Siguen alerta, empero. Y eso nos tranquiliz­a y nos obliga a un “gracias” continuo; entusiasta y reiterativ­o.

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