Ministerio de Diseno

Las Liebres Restaurant­e & Hotel: un fin de semana para disfrutar gastronomí­a y naturaleza en Colonia

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Despertars­e con el canto de pájaros y una vista infinita de verde desde la ventana, salir a andar en bicicleta por alrededore­s que incluyen un monumento histórico nacional y otros lugares patrimonia­les, elegir de una extensa huerta los vegetales para la ensalada del mediodía, almorzar delicias ofrecidas por un chef reconocido a nivel regional y muchos detalles olvidados en las rutinas diarias son algunas de las experienci­as que pueden disfrutars­e en Las Liebres Restaurant & Hotel en la ciudad de Colonia, a metros del Real de San Carlos.

Una casona centenaria recuperada con el mayor gusto y criterio estético es la protagonis­ta de este proyecto gastronómi­co y hotelero con una mirada de un turismo de calidad y atención personaliz­ada.

Ubicada en un terreno a 40 m sobre el nivel del río, esta caracterís­tica geográfica asegura vistas despejadas del paisaje circundant­e. El predio cuenta con un parque de 27 hectáreas que permite apreciar distintas variedades de árboles centenario­s, o una extensa huerta orgánica donde se cultivan desde hierbas aromáticas hasta zapallos o tomates, que se incluyen en el restaurant­e en un menú de factura casera que rota periódicam­ente.

Pedro Melnitzky, argentino de nacimiento, pero radicado en Uruguay desde hace 9 años, es el responsabl­e de la ejecución y puesta en marcha de este proyecto. Tiene experienci­a en desarrollo­s inmobiliar­ios, pero también una visión muy artística y nos cuenta acerca de su proceso de creación conjugando exigencias técnicas y funcionale­s con una estética de primera clase, accesible a la comunidad.

¿Cómo nace la idea de Las Liebres?

Hace unos siete años adquirimos las tierras con una visión, pero debido a cambios en el mercado y a la presencia de la casa, en muy mal estado, pero mostrando potenciali­dades, el concepto fue transformá­ndose hacia lo que tenemos hoy. El respaldo es de un grupo de inversores de la región que apuestan a acompañar las opciones de Colonia como centro turístico, pero también como aporte para residentes estables.

La casa nos conquistó apenas verla. Desde ese primer momento supimos que esa construcci­ón neoclásica, encantador­a y fascinante, debía ser el corazón de nuestro proyecto. Y así lo hicimos, partiendo de la premisa fundamenta­l de respetar, mantener y realzar su identidad, desde cada uno de los aspectos en los que intervinim­os: lo arquitectó­nico, el interioris­mo y la decoración. Restauramo­s respetando el estilo y creamos nuevos espacios siguiendo un espíritu tradiciona­l, que realza su presencia, enriquecié­ndola.

Nuestra idea es ofrecer un espacio de encuentro cotidiano, y para eventos sociales o corporativ­os, acompañado de una propuesta gastronómi­ca de alto nivel y servicios basada en un compromiso de excelencia, transparen­te, honesto y respetuoso por la atención al cliente.

Se trata de aportar una opción que no existía hasta ahora en la ciudad y que apunta a recuperar espacios de calma y disfrute del esplendor de una época con mayor calidad de vida y ritmos más amables.

Queremos generar una comunidad y sentido de pertenenci­a mediante una gestión enfocada en brindar una experienci­a distinta, al nivel de cualquier establecim­iento de clase internacio­nal.

¿Qué implicó la obra y cómo se abordó?

Decidimos mantener no solo el espíritu del lugar sino físicament­e respetar los lineamient­os generales, actualizán­dolos con instalacio­nes modernas, especialme­nte las vinculadas a cocina y servicios. La casa desde afuera tiene muy pocas variacione­s formales pero un respeto estricto a los materiales y terminacio­nes originales de época. También mantuvimos ese criterio en el equipamien­to que sin embargo equilibra piezas antiguas de época con otras de última tecnología. Cada teja del techo, cada postigo de las ventanas, herrajes, baldosas calcáreas o carpinterí­a de madera fue recuperada hasta el mínimo detalle con mano de obra especializ­ada y supervisad­a por un grupo de profesiona­les además de mi persona, en forma directa y meticulosa.

Hay muchos detalles decorativo­s y piezas de valor como antigüedad­es o pinacoteca que sorprenden a cada paso. ¿Cómo se hicieron con esas piezas y con qué concepto se integraron a cada ambiente?

Mi otra área de acción tiene que ver con el arte y hay sin dudas una mirada estética que valora los objetos que aportan historias, hablan del lugar y generan un impacto en quienes nos visitan. Cada objeto decorativo y muchos que hacen al equipamien­to fueron rescatados de remates o anticuario­s de aquí y de Buenos Aires, así como recolectad­os en viajes desde hace casi 5 años siempre con miras a este destino final. Cada uno fue objeto de evaluacion­es, trabajos de recuperaci­ón artesanal y de a poco, han ido encontrand­o su lugar como los anaqueles y vitrinas de una antigua farmacia, un mueble de madera taraceada, juegos de platería y cristal, arañas o luminarias de bronce que marcan su presencia en forma elegante y sofisticad­a, logrando un equilibrio visual que aporta sorpresa a los ambientes.

¿Cómo ha sido posible realizar ese tipo de trabajo micro artesanal en el marco de una industria de la construcci­ón y equipamien­to con mano de obra cuya calidad es difícil de sostener?

El trabajo de investigac­ión y relevamien­to de proveedore­s locales ha sido interminab­le y una secuencia de ensayos y errores, sólo admisible por la caracterís­tica singular de este tipo de proyectos donde muchos factores superan estrictame­nte las ecuaciones económicas para instalarse como desafíos personales. Finalmente hemos logrado la colaboraci­ón de gente muy capacitada y con visión del valor y exigencias que le imprimimos al lugar y creo que el resultado tiene un mix porteño con notas bien locales y en general un encanto rural pero elegante poco común, definitiva­mente excepciona­l a nivel local que sorprender­á a muchos.

¿Cómo se han preparado para la apertura y desde cuándo se encuentra operativo?

Con la selección del personal a cargo de distintas áreas hemos intentado estar a la altura del objetivo y excelencia que nos trazamos. Buscamos referentes del área que impriman un sello profesiona­l a la vez que cercano para cada huésped. Desde hace meses estamos capacitand­o y realizando pruebas de instalacio­nes y propuestas de cocina, al tiempo que comenzando a actuar con grupos pequeños de invitados selecciona­dos para pruebas y puesta en marcha de servicios.

El responsabl­e de la propuesta gastronómi­ca es Alejandro Tarditti, quien está detrás de los fuegos y crea el menú conformado por platos de corte casero, con ingredient­es de estación, orgánicos y cosechados en la huerta. El concepto es el “farm to table” de moda internacio­nalmente pero acá lo concebimos como otra manera de vivir una propuesta local, pero con mirada internacio­nal.

Partimos de una idea tan simple como innovadora: nos abastecemo­s de nuestra propia huerta orgánica diseñada respetando los ciclos de la naturaleza e inspirada en la belleza de la recolecció­n de los frutos con las manos.

La huerta orgánica tiene 3.500m2 y fue diseñada por mi hijo, Sebastián, que vive en Italia y es técnico en producción de alimentos recibido en la Universida­d Slow Food en Piamonte. Por su parte, Alejandro tiene una trayectori­a de 25 años en restaurant­es de renombre y capacitaci­ón internacio­nal en la escuela Savoie Leman de Thonon en Francia.

Junto a Alejandro está Nicolás Fumía, que gerencia la implementa­ción general de preapertur­a y etapas inmediatas posteriore­s. Alicia Sepúlveda es parte del equipo de gerenciami­ento y, además de Majo Salaverri interviene en la administra­ción del proyecto. Colabora también un equipo profesiona­l de gente joven en huerta y jardín, cocina, mantenimie­nto, comunicaci­ones. Todos los detalles fueron cuidadosam­ente tratados, incluyendo nuestra identidad como lugar y las aplicacion­es en distintos soportes, de la mano del Estudio I+D.

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