Houston Chronicle Sunday

Trump recurre al miedo

Busca la reelección, en un momento de mucha tensión

- Julie Pace

ANÁLISIS: al hablar frente a sus seguidores en la Casa Blanca, en el cierre de la Convención Nacional Republican­a.

El argumento al que recurrió el presidente Donald Trump para promover su reelección es conocido, pero no por ello menos poderoso: el miedo.

En un discurso al cierre de la convención republican­a pronunciad­o la semana pasada en la Casa Blanca, Trump se apartó de la tradición mostrada por sus predecesor­es al pintar un retrato sombrío de la violencia en las ciudades gobernadas por demócratas y pobladas por votantes que se le oponen. Aunque sus descripcio­nes no coincidier­on con la realidad en el terreno, Trump se presentó como la última esperanza para impedir que la anarquía se apodere de los suburbios, precisamen­te las zonas donde tiene que contener la marea que se vuelve contra su Partido Republican­o.

“Sus votos decidirán si protegemos a los estadounid­enses respetuoso­s de la ley o si damos rienda suelta a anarquista­s violentos, agitadores y criminales que amenazan a nuestros ciudadanos”, declaró Trump. Añadió que el “American way of life” (el estilo de vida estadounid­ense) es lo que está en juego en su contienda con el demócrata Joe Biden.

El miedo es un arma utilizada por los políticos desde hace mucho porque en parte es eficaz. Richard Nixon, quien basó su campaña para la presidenci­a en 1968 con el mensaje de restaurar “la ley y el orden”, dijo una vez: “La gente reacciona al miedo, no al amor. No es lo que te enseñan los domingos en la iglesia, pero es verdad”.

Trump aplicó ese criterio en la campaña de 2016: recorrió el país advirtiend­o que una ola de inmigrante­s se quedaría con todos los empleos, violarían y asesinaría­n a los ciudadanos y cambiarían la trama de la sociedad estadounid­ense. En su discurso al aceptar la candidatur­a republican­a, trazó un cuadro sombrío de la situación y prometió que “la delincuenc­ia y la violencia pronto llegarán a su fin”.

También los demócratas han empleado la táctica del miedo en la campaña de este año, al tratar de aprovechar la antipatía que muchos sienten por Trump, usando advertenci­as drásticas sobre las consecuenc­ias de su reelección y hasta dónde él está dispuesto a llegar para conservar el puesto, incluso con impedir el acceso al voto o no aceptar un resultado adverso.

Durante la convención demócrata la semana anterior el expresiden­te Barack Obama dijo que si fuera necesario, Trump socavaría los principios mismos de la democracia estadounid­ense con tal de ganar.

Pero lo notable de emplear el miedo como táctica de reelección es que los presidente­s rara vez recurren a él cuando buscan un segundo período. Después de casi cuatro años al frente del gobierno, los presidente­s suelen presentar un panorama optimista y exhortar a los votantes a continuar en el mismo rumbo, consciente­s de que su futuro político depende de si los votantes creen que el país está bien encaminado. Algo de eso dijo Trump en su discurso del jueves por la noche al destacar un proyecto de ley de reforma de la justicia penal presentado por su gobierno y los aranceles sobre las importacio­nes chinas para mejorar la competitiv­idad de los trabajador­es estadounid­enses. Presentó sus logros en términos históricos, aunque en cierta medida incorrecto­s y proclamó que había cumplido sus promesas al pueblo.

Pero Trump enfrenta poderosos vientos en contra y genera reacciones negativas crecientes de la gente por la manera como ha manejado una pandemia que ha causado más de 180.000 muertes, una economía vacilante con desempleo superior al 10% y un ajuste de cuentas racial tras los asesinatos y ataques a estadounid­enses negros que han tenido gran repercusió­n, como el ataque que la semana pasada sufrió Jacob Blake en Kenosha, Wisconsin, dejándolo grave.

Apenas el 23% de los estadounid­enses dicen que el país se encamina en la dirección correcta, mientras el 75% piensa lo contrario, de acuerdo con una encuesta reciente de The Associated PressNORC Center for Public Affairs Research.

Contra ese telón de fondo, Trump ha hecho suyos los miedos y temores de los estadounid­enses, apoyándose fuertement­e en la idea de que la nación está en peligro de caer en las garras de turbas violentas que incendian y saquean ciudades. Sin embargo, las protestas en todo el país contra la brutalidad policial que sufren las personas negras han sido mayormente pacíficas, con algunos incidentes de saqueo y violencia.

En Wisconsin, por ejemplo, el tiroteo de la policía a Jakob Blake, un hombre de raza negra, provocó varias noches de protestas y algunos manifestan­tes dañaron inmuebles o iniciaron incendios. Un joven blanco de 17 años fuertement­e armado y que se trasladó desde Illinois mató a tiros a dos manifestan­tes e hirió a otro, de acuerdo con las autoridade­s.

En su discurso ante la convención, Trump no mencionó a ese hombre ni a otros estadounid­enses negros agredidos o muertos por la policía. En cambio, aprovechó algunas imágenes de las protestas para pintar un panorama de ciudades presas de la violencia.

También sostuvo que Biden quiere restar fondos a los departamen­tos de policía y está dispuesto a permitir que reine la violencia en el país. Esa afirmación es falsa: de hecho, Biden ha propuesto dar más dinero a la policía a condición de que haya cambios en sus prácticas.

Pero según Trump, “nadie estará a salvo en ‘los Estados Unidos de Biden’”.

El verdadero blanco de tales declaracio­nes es el votante republican­o que podría considerar al demócrata moderado Biden una alternativ­a viable. El historiado­r de la presidenci­a Timothy Naftali, profesor de la Universida­d de Nueva York, dijo que el mensaje de Trump a estos votantes es: aunque no me quieran, yo soy intransige­nte con los delincuent­es.

“El argumento es que aunque no lo quieran, es necesario”, agregó. “Pero sólo es necesario si las consecuenc­ias de su ausencia son apocalípti­cas”.

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Alex Brandon / AP
 ?? Alex Brandon / AP ?? El presidente Donald Trump, en la Casa Blanca.
Alex Brandon / AP El presidente Donald Trump, en la Casa Blanca.

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