Unidos en Tulsa ayuda a los refu­gia­dos en la ci­u­dad

La Semana - - FRONT PAGE / PORTADA - POR WIL­LIAM R. WYNN, GUILLERMO RO­JAS, AND VIC­TO­RIA LIS MARINO | TULSA, OK

La mayor parte de las noti­cias que re­fieren a los refu­gia­dos de Cen­tro América en busca de asilo en Es­ta­dos Unidos ha sido calami­tosa, desde el uso de gas en la fron­tera con Méx­ico hasta las muertes de dos pe­queños niños en cus­to­dia del go­b­ierno amer­i­cano en Texas, la situación pareciera fuera de con­trol. Pero un grupo de vol­un­tar­ios de Tulsa es­tán in­ten­tando hacer la difer­en­cia en si­len­cio en las vi­das de los so­lic­i­tantes de asi­los de una man­era in­es­per­ada e in­spi­rante que pareciera cam­biarlo todo.

Unidos en Tulsa es una or­ga­ni­zación de his­panos en Tulsa que se re­unieron el año pasado con el fin de al­i­men­tar a las per­sonas en situación de calle, lleván­doles co­mi­das preparadas a los de­sam­para­dos del cen­tro de Tulsa. Su fun­dador, Rodolfo San­guilan que em­i­grar de Méx­ico años atrás le dijo a LA se­m­ana que mien­tras es­ta­ban en­tre­gando al­i­men­tos en la estación del bus Grey­hound, se dieron cuenta de que había muchas fa­mil­ias in­mi­grantes en la ci­u­dad que es­ta­ban pasando por Tulsa y tenían necesi­dades que nadie parecía asi­s­tir.

“Comencé a pre­gun­tarle a las per­sonas si es­ta­ban en la parada es­perando conex­iones, y de­spués les pre­gunt­aba ‘¿Tienes ham­bre?’, y les ofrecía lo que teníamos preparado”, ex­plico San­guilan. “Mu­chos tenían vergüenza y no querían hablar al prin­ci­pio, y con el tiempo vi­mos que había fmil­ias en­teras que no habían co­mido desde el día en el que se ba­jaron del bus o que los lib­er­aron de los cen­tros de de­ten­ción”.

San­guilan ex­plicó que un en­car­gado del bus Grey­hound le contó que los colec­tivos lle­gan a Tulsa varias ve­ces al día desde Texas y Ari­zona con 20 y hasta 40 in­mi­grantes que bus­can lle­gar a ciu­dades más grandes como Chicago. Es una ex­pe­ri­en­cia dura y soli­taria para quienes no hablan es­pañol porque no hay em­pela­dos bil­ingües en la ter­mi­nal de Tulsa. Unidos se or­ga­nizó ráp­i­da­mente para tener co­mi­das lis­tas para los po­bres in­mi­grantes que ba­jan en la estación, y ropa para los niños.

“Esta gente está vi­a­jando con nada, no tienen idea de lo que les es­pera en su destino fi­nal”, le dijo un vol­un­tario de Unidos a La Se­m­ana en una visita a la estación Grey­hound el pasado lunes por la noche. “Los ayu­damos para que no pier­dan la conex­ión de su bus, y si las fa­mil­ias nece­si­tan co­mida o ropa les damos lo que pode­mos mien­tras es­peran aquí en Tulsa”.

To­das las dona­ciones de Unidos provienen de his­panos lo­cales que ex­pre­san su sol­i­dari­dad por medio del sitio Unidos en Tulsa en Face­book.

La Se­m­ana tuvo la opor­tu­nidad de di­alogar con al­gunos de los in­mi­grantes que es­tán de paso en Tulsa.

Revin Jonathan Ray­mundo Mar­tinez vi­ajó 25 días desde Gu­atemala hasta Es­ta­dos Unidos con su niña de 7 años. “Lo peor fue el frío y el ham­bre”, con­fesó el hom­bre. Hoy tiene asilo político y quiere tra­ba­jar para con­seguir un mejor fu­turo para sus hi­jos. “La gente de Tulsa se ha por­tado muy bonito con nosotros”, ase­guró. “A mis com­pañeros que se cuiden mu­cho porque el camino es bas­tante difí­cil y es muy peli­groso”, dijo so­bre su vi­aje.

LA pe­queña Alaisa Mar­tinez de 12 años llegó a Tulsa con su papá Joel y su her­manita pe­queña. “No quiero recor­dar in­mi­gración, nos de­jaron en un cuarto frio helado, sin nada rico para comer”, contó so­bre su paso por in­mi­gra­ciones.

“Si tu­viera que volver a hac­erlo lo haría, porque quiero grad­uarme de ar­qui­tecta”, le dijo a La Se­m­ana con con­vic­ción. Su padre aún es­pera re­solver la situación de su es­posa que sigue en Hon­duras, pero sabe que la meta es más grande que lo que deja atrás. “Vengo tra­ba­jar de lo que sea, quiero que sea un año mejor con un gran fu­turo para mis niños”.

Si quiere donar dinero o ayu­dar a dis­tribuir al­i­men­tos en la ci­u­dad a quienes menos tienen, en­víe un men­saje a Unidos en Tulsa por su página de Face­book Unidos en Tulsa o llame a Rodolfo San­guilan al 918-978-4810.

Mien­tras la Car­a­vana comienza a lle­gar a destino, Tulsa se con­vierte en una ci­u­dad de trán­sito en la que una pe­queña or­ga­ni­zación ofrece san­tu­ario y res­guardo a quienes van en búsqueda de una vida mejor, de­mostrando que vivi­mos en una ci­u­dad que pre­mia a la di­ver­si­dad y en la que la sol­i­dari­dad nunca pasa de­sapercibida. (La Se­m­ana)

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