Tra­cee Ellis Ross Due­ña de su be­lle­za

People en Espanol - - INSTA GLAM - Por ÚR­SU­LA CA­RRAN­ZA

La ac­triz, pro­duc­to­ra y ac­ti­vis­ta afro­ame­ri­ca­na co­no­ci­da por su pa­pel pro­ta­gó­ni­co en la po­pu­lar se­rie de te­le­vi­sión Black-ish (ABC) se ha con­ver­ti­do en un sím­bo­lo del mo­vi­mien­to que ce­le­bra el ca­be­llo na­tu­ral y aho­ra se es­tre­na co­mo em­pre­sa­ria de be­lle­za con el lan­za­mien­to de su nue­va lí­nea de pro­duc­tos pa­ra ca­be­llo rizado

C¿Có­mo na­ce la idea de crear tus pro­pios pro­duc­tos pa­ra el ca­be­llo rizado?

Mi pri­me­ra pro­pues­ta la hi­ce en el 2008. Me ha to­ma­do diez años lan­zar­la por­que la per­so­na a la que se los mos­tré en ese mo­men­to du­da­ba de mi cre­di­bi­li­dad por ser una ac­triz. Me acuer­do ha­ber­le di­cho al­go que es cier­to in­clu­so aho­ra y es en lo que he ba­sa­do mi mar­ca, y es que la ma­yo­ría de la gen­te con pe­lo rizado, en­sor­ti­ja­do o afro nos con­ver­ti­mos en nues­tros pro­pios ex­per­tos de ca­be­llo por­que he­mos vi­vi­do en un mun­do don­de la in­dus­tria de la be­lle­za no nos ha apo­ya­do ni ce­le­bra­do y no ha ha­bi­do su­fi­cien­tes pro­duc­tos que pu­dié­ra­mos usar pa­ra hi­dra­tar­lo. Nos he­mos vuel­to nues­tras pro­pias ex­per­tas en el ba­ño y yo te­nía mu­cha in­for­ma­ción que que­ría com­par­tir.

¿Qué ha cam­bia­do hoy?

Me in­for­mé mu­chí­si­mo. Si bien es­tos pro­duc­tos los ha­bía pen­sa­do pa­ra mí, des­cu­brí que yo no era la úni­ca que los ne­ce­si­ta­ba. Era to­da una co­mu­ni­dad. La in­dus­tria ha des­per­ta­do y se ha da­do cuen­ta de la im­por­tan­cia, la be­lle­za y el po­der de es­ta co­mu­ni­dad, y de lo que nos ha­ce fal­ta. Nues­tra be­lle­za siem­pre ha es­ta­do ahí. Es aho­ra que el mun­do em­pie­za a en­ten­der­la.

Las afro­ame­ri­ca­nas, co­mo las latinas, tie­nen una re­la­ción es­pe­cial con su ca­be­llo. ¿Có­mo fue la tu­ya?

Yo tu­ve una ma­ra­vi­llo­sa re­la­ción con mi me­le­na de ni­ña. ¡Mi ma­má [Dia­na Ross] y mi fa­mi­lia ce­le­bra­ban mi ca­be­llo tal y co­mo sa­lía de mi ca­be­za! A los 11 o 12 años em­pe­cé a ver­me den­tro del con­tex­to del mun­do de mi en­torno, en la pren­sa, el en­tre­te­ni­mien­to, las chi­cas de mi co­le y la idea de que mi pe­lo no es­ta­ba co­mo de­be­ría es­tar pa­ra ver­me be­lla me for­zó a te­ner una re­la­ción con­flic­ti­va con él. Hi­ce to­do lo que la gen­te de ca­be­llo rizado so­lía ha­cer. Ir al sa­lón, ali­sar­lo quí­mi­ca­men­te, lle­var­lo siem­pre re­co­gi­do. Fue a par­tir del dé­ci­mo gra­do que de­jé de ali­sár­me­lo y em­pe­cé a en­ten­der, a acep­tar y a amar mi me­le­na. Pe­ro no de­ja­ba que na­die me la to­ca­ra por­que los es­ti­lis­tas, in­clu­so los de co­lor, so­lo sa­bían ha­cer lo que dic­ta­ba la sociedad.

¿Cuén­ta­nos có­mo es tu ru­ti­na de be­lle­za en ge­ne­ral?

Es­tá ba­sa­da en la re­la­ción sa­gra­da que ten­go con mi in­te­rior y en lo que co­mo. No be­bo ca­fé, to­mo li­tros de agua, duer­mo y río lo más que pue­do. Es­tos son los me­jo­res tips de be­lle­za del mun­do. Trato de no con­su­mir azú­car por­que eso cam­bia mi piel. Me en­can­ta hi­dra­tár­me­la. No uso mu­cho ma­qui­lla­je ya que me gus­ta co­mo lu­ce mi ca­ra y mi cu­tis cuan­do es­tán al na­tu­ral. In­clu­so pa­ra al­fom­bras y se­sio­nes

de fo­tos no me pon­go ba­se de ma­qui­lla­je. Pre­fie­ro hi­dra­tar­me bien la piel con ma­ra­vi­llo­sos pro­duc­tos, po­ner­me un ilu­mi­na­dor con dos go­tas de acei­te. Tar­te tie­ne un pri­mer pa­ra las ce­jas que es in­creí­ble que se lla­ma Ope­ning Act y Be­ne­fit ha­ce un rí­mel que se lla­ma They’re Real que ado­ro. Me gus­ta ha­cer­me las ce­jas na­tu­ra­les, que se vea co­mo que son mis ve­llos. Me fas­ci­na cuan­do mis pe­cas se no­tan y pin­tar­me los la­bios.

Lo na­tu­ral es cla­ra­men­te lo tu­yo…

Real­men­te me gus­ta co­mo la gen­te lu­ce al na­tu­ral. A ve­ces veo es­tos vi­deos de ma­qui­lla­je en los que a la per­so­na se la ve be­lla al co­mien­zo y cuan­do aca­ba el vi­deo uno se pre­gun­ta quién es. El ma­qui­lla­je es una ex­pre­sión ar­tís­ti­ca, pe­ro en mi es­té­ti­ca per­so­nal uno no se pue­de ver más be­lla que cuan­do se le­van­ta por la ma­ña­na o son­ríe.

Eres una de las ar­tis­tas de las que más se ha­bla en la al­fom­bra ro­ja. ¿Có­mo eli­ges lo que te po­nes?

Cambio mu­cho, pe­ro lo que de­fi­ne mi es­ti­lo es que es ale­gre, ele­gan­te y po­de­ro­so. Pa­ra la al­fom­bra ro­ja eli­jo lo que me ha­ce fe­liz y no tie­ne na­da que ver con la otra gen­te. Me ha to­ma­do mu­chos años es­tar en una po­si­ción en la que pue­do po­ner­me la ro­pa con la que siem­pre he so­ña­do. Así que si hay al­go que es bri­llan­te y ale­gre, me lo pon­go.

Tu ma­má es un ícono mun­dial. ¿Qué lec­cio­nes de es­ti­lo apren­dis­te de ella?

Yo la lla­mo “un te­so­ro in­ter­na­cio­nal”. A ser ho­nes­ta con quien tú eres. Mi ma­má es una de las mu­je­res más gla­mo­ro­sas y ele­gan­tes que co­noz­co, así que creo que he he­re­da­do [ese gus­to]. El ves­tir­me de acuer­do a la oca­sión tam­bién… y el que ser sexy tie­ne que ver con el mis­te­rio y no con mos­trar­lo to­do.

“No es so­lo pa­ra las afro­ame­ri­ca­nas, sino pa­ra to­das las mu­je­res con ca­be­llo rizado”, ad­vier­te Tra­cee Ellis Ross de su nue­va lí­nea de pro­duc­tos de be­lle­za. “A to­das nos han ex­pues­to a un es­tán­dar de be­lle­za que no nos ce­le­bra­ba”.

“¡Me gus­ta exa­ge­rar con la ro­pa!”, re­co­no­ce la ac­triz de 47 años, que aca­ba de lan­zar­se co­mo pro­duc­to­ra con la se­rie Mi­xed-ish, un spin-off de Blac­kish, que re­tra­ta la vi­da de una fa­mi­lia es­ta­dou­ni­den­se in­ter­ra­cial.

Newspapers in Spanish

Newspapers from USA

© PressReader. All rights reserved.