El pro­fe­sor del de­seo

El Nacional (ENV) - - OPINIÓN - RA­FAEL GUMUCIO

En las fotos que cir­cu­lan de Phi­lip Roth es di­fí­cil ver­lo son­reír. Las en­tre­vis­tas que dio en su vi­da lo con­fir­man co­mo un es­cri­tor se­rio, ob­se­sio­na­do con su es­cri­tu­ra y la del res­to. A pe­sar de esa vi­si­ble se­rie­dad, Phi­lip Roth de­bu­tó co­mo un au­tor có­mi­co. Qui­zás lo me­jor de él, esa pro­pen­sión a la exa­ge­ra­ción de­li­ran­te y la cons­truc­ción de mons­truos, sen­ti­men­ta­les o no, es­tá en su ca­pa­ci­dad pa­ra la co­me­dia.

Phi­lip Roth se sa­bía ame­ri­cano, tan­to o más que sus com­pa­ñe­ros de co­le­gio. Pe­ro sa­bía que era otra co­sa ra­ra y mi­le­na­ria, el pue­blo ju­dío. Sus no­ve­las tras­la­dan al se­xo esta ex­tra­ñe­za. Sus per­so­na­jes, ca­si siem­pre hom­bres en úl­ti­mo gra­do de neu­ro­sis, des­mon­tan a tra­vés de la exa­ge­ra­ción de sus pa­sio­nes, las men­ti­ras y se­mi­ver­da­des de la his­to­ria ame­ri­ca­na de los úl­ti­mos 50 años.

Su vi­sión frá­gil y con­tra­dic­to­ria de la mas­cu­li­ni­dad en cri­sis ter­mi­nal siem­pre fue una ma­ne­ra de ha­blar de po­lí­ti­ca. Es im­po­si­ble en­ten­der a Rea­gan, a Clin­ton y a Trump sin se­guir las pe­ri­pe­cias de Zuc­ker­man, que fue al­go más que su al­ter ego.

El pro­fe­sor del de­seo que Roth fue no po­día ser po­lí­ti­ca­men­te co­rrec­to, por­que su obra se ba­sa­ba en con­fe­sar lo in­con­fe­sa­ble y en en­ten­der lo inen­ten­di­ble sin per­do­nar ni juz­gar. Co­mo hu­mo­ris­ta con­su­ma­do que fue, co­lec­cio­na­ba las de­for­mi­da­des y com­ple­ji­da­des hu­ma­nas con pla­cer úni­co, el de Sab­bath, su per­so­na­je más de­lez­na­ble y más que­ri­ble.

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