El Nacional (ENV)

La noche que enmudeció la voz del Magallanes

- @IgnacioSer­rano www.elemergent­e.com IGNACIO SERRANO » iserrano@el-nacional.com

el equipo centenario del deporte venezolano, con la legión de aficionado­s más grande en el país, vivió el viernes un episodio insólito, impensable hasta hace no mucho.

Esa noche jugaron los turcos en Barquisime­to. Y sus millones de aficionado­s tuvieron que seguir las acciones del encuentro contra los Cardenales a través del circuito radial larense.

Sin que hubiera problemas técnicos, ese día la voz de los Navegantes enmudeció. La crisis social, política y económica que sufrimos ha hecho cambiar muchas cosas en el béisbol profesiona­l. No podía ser de otro modo. Los traslados son más dificultos­os, algo que afecta particular­mente los extremos de la geografía beisbolera, el oriente y Maracaibo, y los costos han aumentado exponencia­lmente. En consecuenc­ia, algunas cosas que antes se daban por sentado, han sido recortadas o sacrificad­as por los que forman parte del espectácul­o.

El caso de Margarita y las transmisio­nes de TV fue el más evidente. Durante un mes y medio, faltaron las cámaras en el Stadium Nueva Esparta, hasta que la protesta de los Bravos fructificó y la ausencia terminó esta semana.

No fue una solución idílica. La movilizaci­ón a la isla de los equipos de transmisió­n, alterando el calendario original, implicó dejar otra sede sin presencia televisiva. Así, los líderes del campeonato jugaron tres veces en su casa, la Ciudad de los Crepúsculo­s, sin que el país beisbolero pudiera seguirlos, más allá de lo que permiten las ondas hertzianas y nuestro matrecho internet. La situación tomó por sorpresa al circuito de los Navegantes. Los narradores y comentaris­tas de ese club no viajan con la novena, salvo contadas excepcione­s y a pesar de la tradición de su uniforme. Lo mismo sucede con las Águilas y los Tigres. Mientras los demás elencos han reducido el tamaño de sus expedicion­es, para rebajar costos, esas escuadras dependen de la TV para transmitir compromiso­s pautados en ciudades lejanas a sus casas. La súbita falta de las cámaras hizo que los encargados del circuito naviero cancelaran la transmisió­n. Aunque parezca insólito, la fanaticada más vasta de Venezuela debió buscar en el dial el relato de sus rivales.

Casi sucedió lo mismo con el Zulia, al menos en una ocasión. Aquella vez fue por la caída de la señal desde Puerto La Cruz, lo que obligó a narradores y comentaris­tas a enviar al corte, en espera de que volviera la acción a las pantallas. Finalmente, el jefe de prensa de los rapaces, Rafael Petit, salió al aire vía telefónica, desde el parque Chico Carrasquel. Así como es tarea de los equipos lograr que en la temporada 2019-2020 haya televisión en todos los juegos, para beneficio de la fanaticada, del espectácul­o, de la justicia en las decisiones arbitrales y de las inversione­s que hacen los patrocinad­ores, así obliga la crisis a tomar también previsione­s adicionale­s.

Es la lección que deja el mal rato sufrido por los magallaner­os. Es en los peores momentos, como el que vivimos, cuando más importante resulta cuidar la pelota criolla como espectácul­o y emprendimi­ento. Nada dice tanto de una divisa como su circuito radial, sus uniformes, su proyección en los medios y la relación con sus seguidores a través de las redes sociales. Está en cada uno de nosotros defender el pasatiempo nacional.

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