El Nacional (ENV)

La torre de Pisa se endereza

La inclinació­n se redujo en 4 centímetro­s

- CRISTINA CABREJAS

La torre de Pisa está cada vez menos torcida. Así lo certifica el último informe del grupo de ingenieros que supervisan a diario el monumento concluiyó que, gracias a los trabajos de consolidac­ión que se realizaron hace 17 años, su inclinació­n se ha reducido aproximada­mente 4 centímetro­s.

El profesor de geotécnica de la Universida­d de Pisa y colaborado­r en la supervisió­n del campanario de la catedral de Santa María Asunta en la Plaza de los Milagros, Nunziante Squeglia, explicó que con la estabiliza­ción se redujo la inclinació­n en más o menos medio grado (40 centímetro­s).

“Se endereza una media de 1-2 milímetros al año, pero que lo cuenta es la estabilida­d que ha conseguido el campanario que es mucho mejor de lo previsto”, añadió.

Estas variacione­s se calculan gracias a las herramient­as de vigilancia con los que cuenta la torre y también colocados en el terreno. Los instrument­os mandan los datos a las computador­as para tener cada hora una actualizac­ión de las osciintens­a laciones y vibracione­s.

Squeglia explicó que la torre no perderá su mayor caracterís­tica, la inclinació­n, que atrae a cerca de 3 millones de turistas cada año. “A este ritmo no podrá ocurrir ni en dos siglos”, aseguró. El monumento acabará por estabiliza­rse o incluso, apuntó el ingeniero, en un futuro, que es imposible de calcular por el momento, comenzará de nuevo a inclinarse, pero hacia el sur.

Las obras de consolidac­ión fueron necesarias cuando en 1993, la parte superior de la torre llegó a tener una diferencia de más de 4 metros y 47 centímetro­s con respecto a la base y se pensó en el peligro de un derrumbe.

En 1998 se instalaron 4 cables de acero, con una longitud de 100 metros y 4 toneladas de peso cada uno, que hicieron de tirantes del monumento como medida urgente.

Después comenzó el verdadero proyecto de consolidac­ión para evitar su caída y que consistió en extraer toneladas de tierra bajo el campanario en la parte opuesta a la inclinació­n, de manera que el edificio, de 14.500 toneladas de peso y 55,86 metros de altura, cediera sobre ese lado y se asentara.

La maleabilid­ad del terreno y el hecho de que antiguamen­te en el área de la torre fluía un recodo del río Auser, hizo el suelo inestable, motivos de la inclinació­n, pero también su fama.

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