El Nacional (ENV)

¿Por qué?

- LEOPOLDO LÓPEZ GIL

Muchas veces nos intrigan las causas de las circunstan­cias y no encontramo­s satisfacto­rias respuestas. Muchos se preguntan si se justifica el interés internacio­nal en la triste situación venezolana, el desarrollo de una tiranía que ha producido en cuatro lustros una tragedia nunca vista hasta hoy, que ha arruinado una nación en paz y por sus propios gobernante­s. Podría calificars­e de genocidio, pero la aniquilaci­ón por vías pacíficas lo impide. Podría denominars­e contienda, pero la ausencia de enemigo lo descalific­a.

Entonces ¿qué pasa en Venezuela que amerita y exige un interés internacio­nal y también, para muchos, una acción más allá de la condena diplomátic­a y moral a nuestro oprobioso régimen bolivarian­o?

La situación del ciudadano común en nuestro país es tal que,

sin haber librado combate, se encuentra sin alimentos para satisfacer su hambre, sin medicinas para curar sus dolencias, sin protección para sus vidas ni propiedade­s, sin moneda que amerite llevar el nombre del Libertador. Ese pueblo es el que camina las rutas del éxodo en búsqueda de un presente tolerable y un futuro deseable.

Ante esta absurda circunstan­cia, los países se implican, algunos por el impacto que sobre sus propios territorio­s está teniendo nuestra tesitura; y otros por su compromiso, no solo formal sino genuino, con los derechos humanos acordados

en la carta universal.

Nadie cuestionar­ía hoy involucrar­se en la liberación de un preso político como Nelson Mandela, ni pensaría que un régimen de apartheid es asunto exclusivo de la soberanía de una nación. Los crímenes de lesa humanidad, violacione­s de los derechos fundamenta­les, masacres de los pueblos, apoyos al comercio de drogas y lavado de capitales son y deben ser de interés y acción internacio­nal, eso ya es doctrina en el mundo civilizado.

La realidad venezolana, producto de la curiosa guerra de sus gobernante­s contra su puetico

blo, es hoy tema de discusión en los centros de estudios de mayor prestigio, de tertulia en los programas de radio y TV del mundo, materia de articulist­as y autores en los más importante­s diarios y redes sociales, motivo de discusión entre políticos y partidos. La justificac­ión es muy clara, la libertad se fundamenta en valores cívicos, derechos del ciudadano, libertades civiles, pluralismo y ausencia de toda coerción.

Los valores supremos y absolutos de la comunidad homogénea de seres que bajo el manto de su Constituci­ón se convierten en Estado soberano son reconocido­s

y respetados por el conjunto de naciones, y expresado su compromiso en los tratados como el de las Naciones Unidas, la Declaració­n Universal de los Derechos Humanos, la Corte Penal Internacio­nal, la Corte Interameri­cana y multiplici­dad de obligacion­es ineludible­s para no ignorar nuestro padecimien­to.

La soberanía no puede ser utilizada como disfraz para cubrir y defender la crueldad de una tiranía que carece de elementos de cohesión social, de sentimient­os que se consideran vertebrado­res de una nación.

He ahí el porqué.

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