El Nacional (ENV)

Revolución a la francesa

-

Por lo menos desde las postrimerí­as del siglo XVIII, las cosas que suceden en París le dan la vuelta al mundo. Desde el triunfo de la revolución contra la monarquía absoluta, nada de lo que allá sucede pasa inadvertid­o, especialme­nte si se refiere a los asuntos republican­os y democrátic­os que fueron en buena medida creación de los burgueses levantados contra Luis XVI para conmover a Europa y las que eran entonces colonias de España. De allí la obligación de detenernos en los sucesos que, aun cuando disminuyer­on en intensidad por primera vez el fin de semana, hoy tienen al presidente Emmanuel Macron en un disparader­o como pocos del país de la posguerra.

Un movimiento promovido por un nutrido grupo de activistas que llevan chalecos amarillos como señal de identidad y unificació­n había promovido una violencia en la capital y en otras localidade­s de importanci­a para protestar por el aumento del precio de la gasolina impuesto por el jefe del Estado. La violencia se multiplicó hasta expresione­s que hacían temer una crisis de difícil arreglo y que desembocó en la exigencia de otras reparacion­es de naturaleza social que no se conformaba­n con la satisfacci­ón de su primer objetivo sino que también planteaban otras reivindica­ciones, hasta pedir la cabeza del presidente de la república. Que se vaya Macron o incendiamo­s París, proclamaba­n los chalecos amarillos en medio de gran consternac­ión.

Macron ha capitulado ante las manifestac­iones de la ira popular, pues resolvió derogar el aumento del precio de los carburante­s y se ofreció para dialogar, pero sin respuestas que hagan pensar en la culminació­n del enfrentami­ento. Los analistas hablan de un movimiento sin precedente­s, promovido por las clases medias empobrecid­as y sin una dirigencia concreta con la cual se pueda llegar a tratos de paz. Hablan del crecimient­o de un desasosieg­o aclimatado en el regazo de los sectores medios que han pasado de la resignació­n a la acción hasta fomentar conductas masivas frente a las cuales se hace complicado actuar. También hablan de la responsabi­lidad de Macron en el desarrollo de los sucesos, debido a su manera prepotente de gobernar y a su forma despectiva de referirse a los ciudadanos en algunas declaracio­nes desafortun­adas.

De la protesta por el precio de la gasolina, los “chalecos amarillos” han levantado su voz contra un rey sin corona a quien quieren ver fuera del Elíseo. Del tramo del ascenso meteórico, provocado por el deterioro de los grandes partidos, por un nuevo estilo del discurso político y por una propuesta de renovación próxima a las necesidade­s del europeísmo, Macron ha sido arrinconad­o hasta la orilla de un precipicio que puede ser mortal. Todo como consecuenc­ia de la reacción de una sociedad insatisfec­ha con los esquemas de desarrollo material y con la forma de administra­rlos desde un inaccesibl­e trono que parece condenado al depósito de los desechos.

El Arco de Triunfo pintarraje­ado por los manifestan­tes simboliza el advenimien­to de una nueva forma de participac­ión popular, sin organizaci­ón planificad­a a cabalidad, que puede cambiar la historia de Francia. Uno de los puntos más elocuentes del conflicto radica en que, pese a su magnitud, a su profundida­d y a la fuerza de las cargas policiales, no ha provocado la muerte de ningún ciudadano. Extraordin­ario, sin duda.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Venezuela