LA NA­VI­DAD DE CH­LOE IN­SAU­RRAL­DE

CON SUS HER­MA­NOS MA­YO­RES Y SUS PA­DRES, JESICA Y MAR­TIN

Caras - - FOCO - Por Gaby Bal­za­ret­ti

La ca­so­na de Lo­mas de Za­mo­ra vol­vió a ilu­mi­nar­se con sus me­jo­res lu­ces. El gran ár­bol de Na­vi­dad co­ro­nó el li­ving del ho­gar de los In­sau­rral­de que des­de los pri­me­ros días de no­viem­bre su­mó un nue­vo in­te­gran­te a su fa­mi­lia: Ch­loe, que lle­gó para po­ten­ciar el amor entre Jé­si­ca Ci­rio (32) y Mar­tín (46). La pri­me­ra No­che­bue­na de la pe­que­ña de­bía ser es­pe­cial y de eso se en­car­ga­ron los “hom­bres” de la ca­sa, Mar­tin Jr. (22) y Ro­dri­go (19). “Fue­ron una No­che­bue­na y una Na­vi­dad muy es­pe­cia­les. La pa­sa­mos in­creí­ble. Fue to­do muy her­mo­so y sú­per emo­ti­vo. Ch­loe es muy chi­qui­ta to­da­vía pe­ro igual es­ta­mos muy co­nec­ta­das y co­mu­ni­ca­das entre no­so­tras. Me emo­cio­na cuan­do me mi­ra a los ojos al ama­man­tar­la. Es un mo­men­to má­gi­co. Des­de el pri­mer ins­tan­te crea­mos un víncu­lo in­creí­ble”, cuen­ta la or­gu­llo­sa ma­má que ya re­to­mó par­te de su ac­ti­vi­dad, co­mo la co–con­duc­ción de “La Pe­ña de Mor­fi”. Lue­go de tres años de ca­sa­dos (que cum­plie­ron el 8 de no­viem­bre) sin­tie­ron que es­ta ce­le­bra­ción era per­fec­ta, el bro­che de oro para co­ro­nar la his­to­ria de amor que pro­ta­go­ni­za­ron. “No fal­tó na­da para que fue­ra per­fec­ta. Fue to­do her­mo­so. Has­ta el hi­jo de Mar­tín se vis­tió de Pa­pa Noel y lle­gó con una gran bol­sa de re­ga­los que re­par­ti­mos y abri­mos en­tu­sias­ma­dos. Tam­bién es­tu­vo Lo­re­ley, la ma­má de Mar­tín, para su­mar mi­mos a Ch­loe…”, agre­ga “Je­si” su­pe­ra­dos los mo­men­tos de ma­yor emo­ción.

“Pe­ro con tan­ta emo­ción y tra­ba­jo que­dé ago­ta­da. Así es que ti­po 1, con Ch­loe nos fui­mos a dor­mir. Me acos­té y la co­lo­qué so­bre mi pecho y así se fue que­dan­do dor­mi­di­ta con los la­ti­dos de mi co­ra­zón. Fue muy má­gi­co. Mar­tín, que se ha­bía que­da­do con los chi­cos, se fue a dor­mir a las tres y allí la to­mó de mi pecho y la acos­tó en su cu­ni­ta”, di­ce la mu­jer que hoy ase­gu­ra es­tar vi­vien­do una in­men­sa fe­li­ci­dad.

“Pa­pá Noel se por­tó muy bien. Pe­ro ob­via­men­te quien más re­ga­los tu­vo es­te año fue Ch­loe. Re­ci­bió mu­chos juguetes, ro­pi­ta, un uni­cor­nio con lu­ces y una al­fom­bra di­dác­ti­ca muy no­ve­do­sa. Hoy to­do gi­ra en torno a ella. Y yo es­toy a su dis­po­si­ción ca­da tres o cua­tro ho­ras para dar­le la te­ta. Es muy de­man­dan­te en es­te pun­to. Pe­ro no duer­me con no­so­tros. Ella tie­ne su pro­pio es­pa­cio, de­co­ra­do en to­dos sus de­ta­lles por mí. Es­ta be­ba es un pre­mio que nos dio la vi­da. Una her­mo­sa mez­cla de los ojos de su pa­pá y co­sas mías. El me­jor re­ga­lo de Pa­pa Noel. Son muy fuer­tes to­das las sen­sa­cio­nes que me ha­ce vi­vir. Y, por so­bre to­das las co­sas, me ha­ce sen­tir una mu­jer com­ple­ta y rea­li­za­da”, con­clu­ye Jé­si­ca Ci­rio de In­sau­rral­de.

Ch­loe, de ca­si dos me­ses, lu­ció un co­que­to ves­ti­do que re­ci­bió de re­ga­lo. Su abue­la Lo­re­ley, ma­má de Mar­tín, fue la en­car­ga­da de mi­mar­la. La Na­vi­dad dur­mió con ma­má y pa­pá.

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