. Del Po­tro en­con­tró la mo­ti­va­ción en el tor­neo que más le gus­ta

Es el guía de una ge­ne­ra­ción de tran­si­ción en­tre la de Na­dal, Mu­rray, Fe­de­rer y Djo­ko­vic, y la que co­man­dan Ale­xan­der Zve­rev y Do­mi­nic Thiem.

Clarin - Deportivo - - DEPORTIVO - Ma­riano Ryan mr­yan@cla­rin.com

John McEn­roe, uno de los más gran­des te­nis­tas de to­dos los tiem­pos, no sue­le re­ga­lar elo­gios. Al con­tra­rio. Des­de su len­gua fi­lo­sa y am­pa­ra­do en el mi­cró­fono de Eu­ros­port, la ca­de­na que lo tie­ne con­tra­ta­do pa­ra co­men­tar los par­ti­dos de Flus­hing Mea- dows, dis­pa­ra en can­ti­dad ili­mi­ta­da con­tra va­rias de las fi­gu­ras del cir­cui­to. Pe­ro aquí, en Nue­va York, hi­zo una ex­cep­ción con Juan Mar­tín Del Po­tro. “Siem­pre fue uno de esos ti­pos a los que nin­gún ju­ga­dor im­por­tan­te quie­re en­fren­tar”, di­jo so­bre quien in­clu­so eli­gió pa­ra in­te­grar el equi­po de Amé­ri­ca del que él mis­mo se­rá el ca­pi­tán en la Co­pa La­ver, el pró­xi­mo com­pro­mi­so del tan­di­len­se.

Por es­tas ho­ras, Del Po­tro des­can­sa ro­dea­do de sus afec­tos, tras la in­ten­si­dad te­nís­ti­ca de las úl­ti­mas seis se­ma­nas, en las que ju­gó cua­tro tor­neos y en las que lo­gró el pun­to más al­to en Flus­hing Mea­dows, al lle­gar a las se­mi­fi­na­les en un re­sul­ta­do que sor­pren­dió a mu­chos y has­ta in­clu­si­ve a él mis­mo. Es que en la pre­via del úl­ti­mo Grand Slam de la tem­po­ra­da ha­bía di­cho: "Es­toy en ese ca­mino de en­con­trar la mo­ti­va­ción, al­go que en los úl­ti­mos tor­neos me cos­tó mu­cho ha- cer. Es una reali­dad que no hay que ocul­tar ni men­tir. Tam­po­co hay que con­tar cual­quier otra co­sa”.

Mu­chas ve­ces se afir­mó que a la ver­sión 2017 de Del Po­tro le fal­ta­ba, jus­ta­men­te, que al­guien le pu­sie­ra la “za­naho­ria” por de­lan­te. Y él mis­mo se en­car­gó de ha­cer­lo.

Top ten du­ran­te un lar­go tiem­po, ga­na­dor de un Grand Slam y de dos me­da­llas olím­pi­cas, mi­llo­nes de dó­la­res ob­te­ni­dos sin que na­die le re­ga­la- ra na­da pa­ra ase­gu­rar su fu­tu­ro, el de sus hi­jos, el de sus nie­tos (y va­ya a sa­ber uno de cuán­tas ge­ne­ra­cio­nes más de Del Po­tro) y na­da me­nos que la Co­pa Da­vis, de la que él fue el ges­tor prin­ci­pal de la épi­ca con­quis­ta del año pa­sa­do. To­dos lo­gros en es­tos lar­gos años de vi­da pro­fe­sio­nal en los que li­dió con le­sio­nes va­rias y has­ta cua­tro ope­ra­cio­nes en sus mu­ñe­cas. Por eso de él só­lo de­pen­día re­en­con­trar­se con una mo­ti­va­ción que lo lle­va­ra otra vez ha­cia ade­lan­te. Y en el tor­neo que más le gus­ta ju­gar, le vol­vió a pi­car el “bi­chi­to” pa­ra con­tar con esa ener­gía ex­tra tan ne­ce­sa­ria pa­ra pe­lear de igual a igual con los me­jo­res, más allá de triun­fos y de tí­tu­los con­se­gui­dos.

Es­tá cla­ro que Del Po­tro es el guía de una ge­ne­ra­ción que bien pue­de ser lla­ma­da de tran­si­ción y es la que apa­re­ce de­trás de Ra­fael Na­dal, Andy Mu­rray, Ro­ger Fe­de­rer y No­vak Djo­ko­vic -siem­pre y cuan­do es­tén sa­nosy de­lan­te de la que co­man­dan Ale­xan­der Zve­rev y Do­mi­nic Thiem. El es­tá ahí. Y sa­be que de­pen­de de él acer­car­se un po­co más.

Por aho­ra, quien ma­ra­vi­lló al mun­do con su épi­co re­gre­so en el se­gun­do se­mes­tre de 2016, hoy vi­ve otra reali­dad. Y esa afir­ma­ción se man­tie­ne y va más allá de sus triun­fos aquí fren­te a Thiem y, fun­da­men­tal­men­te, con­tra Fe­de­rer. Es la reali­dad que él quie­re. La que pre­ten­de pa­ra es­te mo­men­to de su ca­rre­ra, en la que, por ejem­plo, aún no de­fi­nió pú­bli­ca­men­te si se­gui­rá en­tre­nán­do­se con Se­bas­tián Prie­to, quien tan buen tra­ba­jo hi­zo en Nue­va York. (“No sé to­da­vía; voy a ver”, fue su es­cue­ta y di­fu­sa res­pues­ta an­te la pre­gun­ta de Cla­rín al res­pec­to), con­tra­ta­rá a un coach de “pe­so” o se­gui­rá só­lo en el cir­cui­to sin la ayu­da fun­da­men­tal de un guía.

Qui­zá an­te el fu­tu­ro in­me­dia­to de Del Po­tro se abra la úl­ti­ma chan­ce de su­bir­se al tren otra vez. No se ha­bla del nú­me­ro 1 del mun­do. Pe­ro sí de ser pro­ta­go­nis­ta en los gran­des tor­neos. Ma­ña­na que­da­rá 24° en el ran­king y po­drá su­mar de acá a fin de año, cuan­do de­fen­de­rá 340 pun­tos, pro­duc­to de su tí­tu­lo en Es­to­col­mo y de los cuar­tos de fi­nal en Ba­si­lea. Si con­si­gue sa­car un be­ne­fi­cio en lo que res­ta del año, qui­zá pa­ra el arran­que de 2018, con 29 años, se le abra un pa­no­ra­ma di­fe­ren­te. Co­mo siem­pre en su vi­da, de él de­pen­de­rá.

AP

De nue­vo en ac­ción. Juan Mar­tín Del Po­tro re­cu­pe­ró en Nue­va York la ener­gía que no ve­nía en­con­tran­do en el cir­cui­to du­ran­te es­ta tem­po­ra­da.

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