“Ha­brá que ha­cer un par­ti­do per­fec­to pa­ra ga­nar en Qui­to; no se­rá na­da fá­cil”

Alejandro Al­fa­ro Mo­reno. “Veo ju­ga­do­res blo­quea­dos”, di­ce el ex In­de­pen­dien­te y ac­tual vi­ce de Bar­ce­lo­na de Gua­ya­quil.

Clarin - Deportivo - - DEPORTIVO - Ju­lio Chiap­pet­ta jchiap­pet­ta@cla­rin.com

Vi­vió tres años en una de las to­rres del Ho­tel Hil­ton Co­lón, de Gua­ya­quil, don­de se con­cen­tra la Se­lec­ción Ar­gen­ti­na en la pre­via de uno de los par­ti­dos más im­por­tan­tes de su his­to­ria. Y to­das las ma­ña­nas se en­con­tra­ba con un com­pa­trio­ta que hoy con­du­ce el ti­món del bar­co al­bi­ce­les­te. Car­los Alejandro Al­fa­ro Mo­reno (52), o Be­to pa­ra los ami­gos del oes­te del co­n­ur­bano, y Jorge Sam­pao­li (57) ejer­ci­ta­ban sus múscu­los en el gim­na­sio del pri­mer sub­sue­lo, don­de las chi­cas que hoy es­tán en la re­cep­ción los re­cuer­dan con afec­to. "Sampa" es­tu­vo en 2010 al fren­te del Eme­lec (fue sub­cam­peón) y "Be­to", ac­tual vi­ce­pre­si­den­te de­por­ti­vo del Bar­ce­lo­na de Gua­ya­quil y co­men­ta­ris­ta del pro­gra­ma "Co­pa" de la ca­de­na RTS, lo de­fi­ne co­mo "un gran es­tra­te­ga, un gran en­tre­na­dor, un ob­se­si­vo de los de­ta­lles, muy pa­sio­nal con lo que ha­ce y un ti­po que cre­ció con su tra­ba­jo. A mí me gus­ta la gente así. Lo res­pe­to mu­cho y es­pe­ro que le va­ya muy bien". -¿Có­mo vi­vís des­de afue­ra es­te mo­men­to de Ar­gen­ti­na? -Pen­dien­te de to­do lo que pa­sa. Es­te mo­men­to, es­ta pre­sión, es­ta an­sie­dad que atra­vie­sa la Se­lec­ción Ar­gen­ti­na es con­se­cuen­cia de to­do lo que se vi­vió an­te­rior­men­te. De los tan­tos cam­bios e ines­ta­bi­li­dad en las con­duc­cio­nes, tan­to di­ri­gen­cial co­mo téc­ni­ca. Es un mo­men­to de ur­gen­cia, de ten­sión, de ner­vios, Es­to se con­ta­gia y por eso se ve un equi­po ata­do, ten­so, ner­vio­so y al que le cuesta de­mos­trar a ni­vel co­lec­ti­vo. Un cli­ma ne­ga­ti­vo al que no con­tri­bu­ye que los ju­ga­do­res no ha­blen. Hay que enfrentar la crí­ti­ca y de­ba­tir con al­tu­ra, no que­dar­se ca­lla­dos. -¿Es­tán blo­quea­dos?

-Sí, es­tos ju­ga­do­res ar­gen­ti­nos es­tán blo­quea­dos. Me pa­só en al­guno de los 20 años de mi ca­rre­ra pro­fe­sio­nal. Ha­blo mu­cho con mi hi­jo Gon­za­lo ("Es me­jor de­lan­te­ro que yo", se ufa­na) y coin­ci­di­mos en que hay mo­men­tos en los que uno jue­ga por en­ci­ma de su ren- di­mien­to. Y otros en los que jue­ga "nor­mal". El me­jor ejem­plo son los de­lan­te­ros. Se re­quie­re una men­te muy fría, lú­ci­da, sin pe­so, sin car­ga, que ten­ga ese click de to­mar­se un se­gun­do más pa­ra de­fi­nir. Eso hoy no se ve en los de­lan­te­ros ar­gen­ti­nos. -¿Mes­si es­tá blo­quea­do? ¿Di Ma­ría... Mas­che­rano...?

-Mes­si es di­fe­ren­te a to­dos. Yo ha­blo de la ur­gen­cia en la de­fi­ni­ción. Del último cen­tro, del último ti­ro, de sa­ber de­fi­nir de una o de apos­tar al com­pa­ñe­ro. Cuan­do uno es­tá lú­ci­do eso sa­le na­tu­ral. Leo pi­de siem­pre la pe­lo­ta, pe­ro se lo ve apu­ra­do y a ve­ces fas­ti­dio­so por­que las co­sas no sa­len... -Mar­cás la des­or­ga­ni­za­ción del fút­bol ar­gen­tino. Che­cho Ba­tis­ta di­jo en Cla­rín que tan­to desas­tre hi­zo cho­car a la Se­lec­ción con­tra las pa­re­des. ¿Coin­ci­dís?

-To­tal­men­te. Si nos com­pa­ra­mos con Ale­ma­nia, el ri­val en la fi­nal de Bra­sil 2014, ellos hoy tie­nen tres se­lec­cio­nes de pri­mer ni­vel. Y Ar­gen­ti­na es­tá su­frien­do pa­ra cla­si­fi­car­se. Es­ta

“El desafío de Ecua­dor es que al otro día en to­do el mun­do di­gan que fue el que eli­mi­nó a Ar­gen­ti­na”.

con­duc­ción es nue­va y al me­nos veo un fix­tu­re don­de ca­da uno sa­be cuan­do tie­ne que ju­gar y con­tra quien. Des­pués, hay que man­te­ner los pro­ce­sos, dar­le con­fian­za a los en­tre­na­do­res, te­ner una pla­ni­fi­ca­ción se­ria. -¿Va­mos a ir al Mun­dial de Ru­sia? -Si me lo pre­gun­ta­bas ha­ce un mes te de­cía que sí con los ojos ce­rra­dos. Hoy no lo veo tan cla­ro ni fá­cil. Ar­gen­ti­na ten­drá que ju­gar muy bien y ha­cer un par­ti­do per­fec­to pa­ra ga­nar­le a Ecua­dor en la al­tu­ra. En­fren­ta­rá a un equi­po jo­ven, que vie­ne de un fra­ca­so, pe­ro ju­ga­rán con los dien­tes apre­ta­dos por­que tie­nen el desafío de ga­nar pa­ra que, al día si­guien­te, en to­do el mun­do di­gan: "Ecua­dor de­jó sin Mun­dial a la Ar­gen­ti­na".

-Hay mu­chos ju­ga­do­res de la cos­ta (Bar­ce­lo­na, Eme­lec y Del­fín). ¿Es­ta vez la atu­ra no "ju­ga­rá" tan­to?

-Se su­fre. Hay que sa­ber ju­gar en la al­tu­ra. Es el gran desafío, más que el ri­val, que ten­drá la Ar­gen­ti­na. El Atahual­pa no es un bun­ker co­mo en otras Eli­mi­na­to­rias. Pe­ro...

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