Re­ga­los pa­ra po­ner en la chi­me­nea

Una com­ple­ta guía con los juguetes, los ac­ce­so­rios y la ro­pa que más les gus­tan a los chi­cos. Pre­cios pa­ra to­dos los bol­si­llos: des­de 30 pe­sos.

Clarin - Extras - - LA NAVIDADDELOSCHICOS - Mó­ni­ca García

Fal­ta me­nos de una se­ma­na pa­ra la No­che­bue­na y la ma­yo­ría de los chi­cos ya “en­vió” su es­que­la má­gi­ca a Pa­pá Noel con la lis­ta de re­ga­los pre­ten­di­dos. No se que­dan cor­tos, pue­den in­cluir des­de equi­pos elec­tró­ni­cos ca­ros y di­fí­ci­les de con­se­guir has­ta un sim­ple ma­so de car­tas, que se com­pra en un quios­co por 20 pe­sos o me­nos. Mu­chas ve­ces, re­sul­ta com­pli­ca­do ex­pli­car­les a los ni­ños que aun vi­ven en ese ma­ra­vi­llo­so mun­do de inocen­cia que Pa­pá Noel no siem­pre pue­de dar­les el gus­to. Sin em­bar­go, los pa­dres tie­nen ex­pe­rien­cia en equi­li­brar el de­seo in­fan­til y el pre­su­pues­to fa­mi­liar. Pa­ra ayudarlos, aquí una guía de re­ga­los por pre­cio, des­de juguetes por me­nos de cien a “chi­ches” de más de mil pe­sos.

Cuan­do el re­ga­lo es un ju­gue­te, es muy im­por­tan­te te­ner en cuen­ta la edad, el ni­vel de desa­rro­llo y los gus­tos par­ti­cu­la­res del ni­ño. Cuan­do un jue­go re­sul­ta im­po­si­ble de re­sol­ver, no só­lo abu­rre al ni­ño sino que le pro­vo­ca una sen­sa­ción de frus­tra­ción y lo des­ani­ma a vol­ver a in­ten­tar­lo.

Los in­tere­ses in­fan­ti­les va­rían se­gún el desa­rro­llo evo­lu­ti­vo del ni­ño. No exis­te una re­gla pre­ci­sa que di­ga que a un chi­co de 5 años le gus­ta tal co­sa y al de 8 años, tal otra. Los gus­tos de­pen­den del desa­rro­llo fí­si­co e in­te­lec­tual de ca­da ni­ño y, tam­bién, de la in­fluen­cia de su en­torno so­cial: los in­cen­ti­vos de sus pa­dres o los jue­gos que rea­li­zan sus her­ma­nos o pri­mos, por ejem­plo. Pe­ro más allá de eso, psi­có­lo­gos y psi­co­pe­da­go­gos re­co­mien­dan uti­li­zar de­ter­mi­na­dos jue­gos por edad. Es­tos juguetes son: • De 0 a 12 me­ses. Son idea­les los jue­gos que pro­po­nen la ma­ni­pu­la­ción de ob­je­tos, las per­cep­cio­nes sen­so­ria­les (lu­ces, so­ni­dos, tex- tu­ras) y la coor­di­na­ción de mo­vi­mien­tos. Por ejem­plo, so­na­je­ros, juguetes mó­vi­les pa­ra la cu­na, man­tas de ac­ti­vi­da­des, mor­di­llos, en­cas­tres sen­ci­llos y de bor­des sua­ves, en­tre otros. • Du­ran­te el pri­mer año. Los be­bés de un año em­pie­zan a te­ner más in­de­pen­den­cia. Pre­fie­ren los juguetes que desafían las le­yes de la fí­si­ca; que se pue­dan arras­trar, gol­pear, abrir y ce­rrar. A es­tos chi­cos les encantan los pri­me­ros ro­da­dos, co­mo los an­da­do­res o au­ti­tos que se im­pul­san con los pies. Hay que ase­gu­rar­se que los juguetes no ten­gan par­tes mó­vi­les que los chi­cos pue­dan tra­gar. • En­tre los 2 y los 3 años. Los chi­cos no só­lo son más in­de­pen­dien­tes sino que les gus­ta to­mar de­ci­sio­nes, co­mo agre­gar o qui­tar ac­ce­so­rios a los mu­ñe­cos, aten­der lla­ma­das en te­lé­fo­nos de ju­gue­te, ma­ni­pu­lar au­tos y ca­mio­nes, pin­tar li­bros, uti­li­zar ma­sas, trans­por­tar be­bés en sus co­che­ci­tos y di­ver- tir­se con jue­gos de pla­ya y co­ci­na, por ejem­plo. • En­tre 3 y 5 años. Los chi­cos em­pie­zan a ju­gar con ami­gos y com­par­tir sus gus­tos por los juguetes y per­so­na­jes fa­vo­ri­tos. Es ho­ra de los dis­fra­ces y los mu­ñe­cos ar­ti­cu­la­dos. Ade­más de los tri­ci­clos y las pri­me­ras de bi­ci­cle­tas. • De 6 a 8 años. Ya sa­ben su­mar y res­tar; tam­bién, leer y es­cri­bir. Por eso, les gus­tan los jue­gos de pre­gun­tas y, tam­bién, los que pro­po­nen ex­pe­ri­men­tos. Ade­más, de pa­ti­nes, ro­llers y au­tos a con­trol re­mo­to. El in­te­rés por los vi­deo­jue­gos, en con­so­las, y los jue­gos on­li­ne es ca­da vez más fuer­te. • Des­de los 9 a los 11 años. Es­tán ca­da vez más abo­ca­dos a los jue­gos y dis­po­si­ti­vos elec­tró­ni­cos. Re­cla­man a dia­rio la com­pra de un ce­lu­lar, no tan­to por el afán de co­mu­ni­car­se sino por el de­seo de te­ner la po­si­bi­li­dad de ju­gar siem­pre en la mano. Pe­ro, en es­tos años aun se in­tere­san –y es bueno in­cen­ti­var­los– en los juguetes tra­di­cio­na­les, co­mo los jue­gos de me­sa y los que per­mi­ten ha­cer ac­ti­vi­da­des de­por­ti­vas: pe­lo­tas, ra­que­tas, me­sa de ping-pong, en­tre otros. • Más de 12 años. No hay edad pa­ra que las ne­nas de­jen de ju­gar con las mu­ñe­cas o los va­ro­nes con los au­tos. Esa de­ci­sión de­pen­de del gra­do de desa­rro­llo de ca­da chi­co. Es tan po­si­ti­vo res­pe­tar sus gus­tos co­mo pro­po­ner­les nue­vos desafíos. En cam­bio, nun­ca es bue­na idea re­ga­lar los juguetes de un ni­ño por­que se ya se lo con­si­de­ra gran­de. Es una de­ci­sión que ca­da ni­ño de­be to­mar cuan­do lo crea con­ve­nien­te.

Otro pun­to im­por­tan­te a la ho­ra de com­prar un ju­gue­te es ase­gu­rar­se que cum­plan con las nor­mas de se­gu­ri­dad vi­gen­tes.

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