A Cris­ti­na la de­jé en evi­den­cia

De­nun­ciar es su fuer­te. En­fren­ta­da aho­ra a la ex Pre­si­den­ta, cree ha­ber to­ca­do su pun­to más dé­bil: sus cuen­tas. En la me­dia­ción que las en­fren­ta, eli­gió co­mo abo­ga­do a su ma­ri­do: “el que más me quiere”, afir­ma.

Clarin - Mujer - - En Primera Persona - Por su fir­me­za y su va­len­tía.

L¿Son ma­me­ros? a mu­jer que hoy en­fren­ta a Cris­ti­na es ma­má de tres va­ro­nes bas­quet­bo­lis­tas y no se pier­de ni un so­lo par­ti­do.

¿Có­mo es ser ma­má de va­ro­nes?

Es ma­ra­vi­llo­so (ri­sas), po­cos pla­ce­res más lin­dos en la vi­da, los mi­mos son to­dos pa­ra la ma­má, en­ton­ces una dis­fru­ta de los chi­cos y de las bron­cas, el pa­dre. Ade­más so­mos muy pe­go­tes, ex­pre­si­vos. Pa­ra mí es un pla­cer es­tar con ellos y to­car­los, be­sar­los, abra­zar­los. Sí, los tres. Son dis­tin­tos en­tre ellos, pe­ro con­mi­go son los tres muy pa­re­ci­dos. Son los tres muy de­por­tis­tas, no me to­có nin­guno in­te­lec­tual. Siem­pre vi de­por­tes con ellos. Ellos se sien­ten có­mo­dos en ca­sa y a mí me en­can­ta lle­nar la ca­sa de chi­cos.

No to­dos los hi­jos de po­lí­ti­cos es­tán cer­ca de sus pa­dres: Flo­ren­cia Kirch­ner vi­vió su in­fan­cia en San­ta Cruz mien­tras Cris­ti­na, que era dipu­tada, vi­vía en Bue­nos Ai­res.

Ade­más, nun­ca se los ha vis­to en una re­la­ción fa­mi­liar, de afec­to, de per­ma­nen­cia. Má­xi­mo es­tá vin­cu­la­do con los ne­go­cios y Flo­ren­cia siem­pre es­tu­vo muy ale­ja­da. Aho­ra tie­ne un lu­gar pro­ta­gó­ni­co in­vo­lun­ta­rio por­que su ma­dre puso su plata en sus ca­jas de se­gu­ri­dad. A Cris­ti­na no se le co­no­cen amis­ta­des, es una per­so­na que trans­mi­te la idea de ser fuer­te pe­ro es­tá muy so­la, me­ti­da en sí mis­ma. Nun­ca mos­tró un equi­po de go­bierno ni una reunión de ga­bi­ne­te, nun­ca se la vio salir a to­mar el té con ami­gas, ni se su­po que tu­vie­ra un círcu­lo de fin de se­ma­na. La úni­ca amis­tad fa­mi­liar que se vio es la amis­tad de Lázaro Báez, una amis­tad muy fuer­te y has­ta esa amis­tad pa­re­ce ha­ber­se ro­to.

¿La re­la­ción de Lázaro Baez era con la fa­mi­lia o so­lo con Nestor Kirch­ner?

Se pien­sa que los ne­go­cios de Nés­tor eran so­lo de Nés­tor. Yo es­toy con­ven­ci­da de que Cris­ti­na co­no­cía ab­so­lu­ta­men­te to­do so­bre los ma­ne­jos eco­nó­mi­cos de su ma­ri­do. Tie­ne una per­so­na­li­dad muy fuer­te y ja­más las co­sas que ha­cía Nés­tor le fue­ron aje­nas a Cris­ti­na.

¿Es­tá pro­ba­da la re­la­ción di­rec­ta en­tre Lázaro Báez y Jo­sé Ló­pez en esos “ne­go­cios”?

Sí, y hay al­go más. Jo­sé Ló­pez no es un so­li­ta­rio que an­da­ba ti­ran­do bol­so­nes con dó­la­res. En el go­bierno siem­pre cum­plió un pa­pel de en­gra­na­je de la ma­qui­na­ria, era una pie­za cen­tral y to­do el mun­do lo sa­bía. Era el coime­ro, el ca­je­ro, el que te­nía la res­pon­sa­bi­li­dad de ad­ju­di­car las obras pú­bli­cas y co­brar los por­cen­ta­jes an­ti­ci­pa­dos que, se sa­be, eran las coimas. Na­die le iba a dar plata a Jo­sé Ló­pez, to­dos sa­bían que él tri­bu­ta­ba pa­ra otra ca­ja, que él pe­día pa­ra otros.

¿Te sor­pren­dió se­me­jan­te agre­sión ver­bal de Cris­ti­na Kirch­ner ha­cia vos, que te di­je­ra ma­la y bu­rra?

Es­te ti­po de agra­vios ha­bla más de quien lo di­ce que de quien lo re­ci­be. Lo la­men­to des­de el pun­to de vis­ta institucional, la Se­ño­ra Kirch­ner ha si­do pre­si­den­ta por dos pe­río­dos, terminar de es­ta for­ma, de­ni­grar su pro­pia figura en es­te ti­po de des­ca­li­fi­ca­cio­nes es tan im­pro­pio y ma­lo pa­ra ella mis­ma. Me sor­pren­dió el ti­po de des­ca­li­fi­ca­ti­vo y que ella hi­cie­ra un ata­que tan per­so­nal. Ella siem­pre critica a to­do el mun­do, des­ca­li­fi­ca a to­do el mun­do, se pe­lea con to­do el mun­do. Creo que to­qué el pun­to que le due­le, las cuen­tas, eso la obli­gó a te­ner que de­cir que tie­ne va­rios mi­llo­nes de dó­la­res guardados y so­bre to­do, des­nu­dé la hi­po­cre­sía del re­la­to. El re­la­to na­cio­nal y po­pu­lar se de­rrum­ba a pe­da­zos cuan­do uno ve la for­tu­na que han acu­mu­la­do en un país con do­ce mi­llo­nes de po­bres. Ella reac­cio­na por­que la de­jé en evi­den­cia.

¿Có­mo fue la reac­ción de la gen­te?

No he re­ci­bi­do más que ad­he­sio­nes y sim­pa­tías du­ran­te to­do es­te tiempo.

¿Des­pués de de­nun­ciar­la su­fris­te in­ti­mi­da­cio­nes?

Me lla­ma­ron la aten­ción las ex­pre­sio­nes de su abo­ga­do Dal­bón. Di­jo: “que se pre­pa­re Stol­bi­zer, le va­mos a sa­car has­ta los ma­tes y el ter­mo, así que em­pie­ce a aho­rrar”. Es in­ti­mi­da­to­rio. Lo con­tra­tó pa­ra el tra­ba­jo su­cio, su ac­ción va di­ri­gi­da a que no ha­ble­mos los que ha­bla­mos. Ame­na­za con sa­car­me la ca­sa en la que vi­vo ha­ce 25 años.

Pa­ra via­jar a Río de Janeiro a ver ju­gar a tu hi­jo en las Olim­pía­das so­li­ci­tas­te que se ade­lan­ta­ra la me­dia­ción con Cris­ti­na fi­ja­da pa­ra el 10 de agos­to: otra vez la prio­ri­dad son los chi­cos.

Sí, pa­ra cual­quier ma­dre no hay na­da más im­por­tan­te que ir a ver a sus hi­jos y na­da me­nos que ves­tir la ca­mi­se­ta ar­gen­ti­na en los Jue­gos Olím­pi­cos. To­dos no­so­tros -y mi hi­jo, es­pe­cial­men­te- he­mos so­ña­do con es­to du­ran­te mu­cho tiempo. No me voy a pri­var de eso. Es una me­dia­ción con­vo­ca­da por una abo­ga­da de­sig­na­da por Dal­bón. ¿Yo qué se­gu­ri­dad ten­go de que no lo ha­gan pa­ra com­pli­car­me el via­je y que no va­ya, o pa­ra de­jar en evi­den­cia que no voy? Dal­bón en sus re­des pú­bli­có: “el hi­jo de Stol­bi­zer juega el 9 y 11 por eso el 10 no va a es­tar”, no se­ría des­ca­be­lla­do pen­sar que pu­sie­ron esa fe­cha a pro­pó­si­to.

Se­rá el 8 de agos­to en­ton­ces. ¿Pue­de ha­ber acuer­do?

No veo nin­gún ti­po de acuer­do po­si­ble en la me­dia­ción, sal­vo que ellos desis­tie­ran de la ac­ción que es lo úni­co que yo po­dría acep­tar. Es una ac­ción de da­ños y per­jui­cios, ellos bus­can re­sar­ci­mien­to eco­nó­mi­co, di­cen que he he­cho un da­ño mo­ral con mis pa­la­bras. Pe­ro ten­go to­tal tran­qui­li­dad por­que ten­go to­do do­cu­men­ta­do. No ten­go ani­mo­si­dad per­so­nal, yo cum­plo con mi de­ber de fun­cio­na­ria pú­bli­ca. Cuan­do es­toy con­ven­ci­da que hay un delito, de­nun­cio si ten­go su­fi­cien­tes prue­bas.

¿Có­mo se­rá sen­tar­se frente a Cris­ti­na Kirch­ner?

Te­ne­mos po­si­cio­nes fir­mes e irre­duc­ti­bles am­bas. Ellos han da­do a co­no­cer que no va a ha­ber nin­gún ti­po de in­ter­cam­bio. No me voy a pres­tar a nin­gún ti­po de cir­co, no voy a mo­vi­li­zar ni un mi­li­tan­te pa­ra que me acom­pa­ñe, ellos van a tra­tar de ha­cer un ac­to po­lí­ti­co de es­to.

¿Cam­bió la re­la­ción con la gen­te es­tos me­ses?

Sí, sien­to mu­cho eso en la ca­lle. No pue­do ca­mi­nar una cua­dra sin que me pa­ren pa­ra sa­lu­dar­me o sa­car­se una fo­to. Sien­to que ex­pre­so a los mi­llo­nes de ar­gen­ti­nos que quie­ren jus­ti­cia y ven hoy en mí un ins­tru­men­to pa­ra lo­grar lo que es­tán de­man­dan­do. Soy más co­no­ci­da que an­tes.

Ser­gio Mas­sa se quiere acer­car a vos, ¿por qué?

Com­par­to con él la ne­ce­si­dad de for­ta­le­cer un espacio po­lí­ti­co en­tre quie­nes no so­mos el go­bierno, pe­ro tam­po­co es­ta­mos en la ve­re­da de en­fren­te apos­tan­do al fra­ca­so del go­bierno. Creo que con­flui­mos. El tie­ne un blo­que par­la­men­ta­rio muy im­por­tan­te. Tu­vi­mos un pa­pel co­mo co­la­bo­ra­do­res con el go­bierno que ha si­do cen­tral. Mas­sa aún más, es el que ga­ran­ti­za el nú­me­ro pa­ra apro­bar las le­yes.

Mar­ga­ri­ta, ¿por qué se sa­be tan po­co de tu ma­ri­do?

Se­rá por­que es per­fil ba­jo. Te­ne­mos una vi­da de­ma­sia­do sim­ple, soy de al­par­ga­tas y cal­zas en ca­sa. Es abo­ga­do. Es mi abo­ga­do en la me­dia­ción. Cris­ti­na eli­gió el más vio­len­to, yo ele­gí al que más me quiere. Mu­chos me di­cen: “có­mo vas a re­sis­tir ese momento, es­tar frente a ella y Dal­bón que es tan vio­len­to”. Y yo creo que mi ma­ri­do me da tran­qui­li­dad, me sien­to muy tran­qui­la con él. Sa­car­me de las ca­si­llas es muy di­fí­cil.

¿Cuán­to tiempo te­nés pa­ra otras ac­ti­vi­da­des?

Res­guar­do tiem­pos pa­ra es­tar con mi ma­ri­do, en los par­ti­dos de mis hi­jos, no so­lo en esos im­por­tan­tes, tam­bién en los par­ti­dos de los clu­bes de ba­rrio. Ade­más di­bu­jo y pin­to, lo hi­ce to­da mi vi­da. Me en­cie­rro, apa­go to­dos los te­lé­fo­nos. Mi je­fa de pren­sa se mue­re por­que apa­go to­do mien­tras pin­to en el ta­ller.

¿Vas a ser Pre­si­den­ta?

¿De qué? Soy pre­si­den­ta de mi par­ti­do que es su­fi­cien­te (ri­sas). Hoy no es­toy en con­di­cio­nes, me fue mal en la elec­ción, hay que es­pe­rar.

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