Re­si­lien­cia al pa­lo (de car­bono)

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Clarin - Rural - - LA COLUMNA DE LA SEMANA - Héc­tor A. Huer­go hhuer­go@cla­rin.com

Lan­ge, voy a ha­blar de vos, aquí, en el Ru­ral. To­do tie­ne que ver con to­do. Pe­ro, pron­to ve­rán, en es­ta oca­sión hay su­fi­cien­tes mo­ti­vos pa­ra traer a las pá­gi­nas de Cla­rín Ru­ral la epo­pe­ya de nues­tro me­da­lla de oro en yach­ting en los Jue­gos Olím­pi­cos de Rio.

Ve­ni­mos del con­gre­so de Aa­pre­sid, que se­sio­nó ba­jo el le­ma “re­si­liar”. Un ver­bo di­fí­cil de com­pren­der y de ex­pli­car. Bueno, lo de San­ti Lan­ge es re­si­lien­cia en su ex­pre­sión más pu­ra. Un crack in­dis­cu­ti­do en la náutica, con seis olim­pía­das, tres me­da­llas, va­rios cam­peo­na­tos mun­dia­les en dis­tin­tas cla­ses, y exi­to­so di­se­ña­dor de bar­cos, lí­der de equi­pos de la fór­mu­la uno del de­por­te téc­ni­caSan­tia­go men­te más so­fis­ti­ca­do.

Del yach­ting de al­ta com­pe­ti­ción abre­va la in­dus­tria de nue­vos ma­te­ria­les, de al­ta tec­no­lo­gía in­te­li­gen­te, des­de el pi­lo­to au­to­má­ti­co y la na­ve­ga­ción sa­te­li­tal has­ta la in­te­li­gen­cia ar­ti­fi­cial pa­ra la pre­dic­ción de los vien­tos.

Lo co­no­cí en 1979, cuan­do San­ti te­nía 17 años. Yo al­ter­na­ba mis ar­tícu­los agro­pe­cua­rios con al­gu­nas co­la­bo­ra­cio­nes so­bre te­mas náu­ti­cos (mi otra pa­sión) en Cla­rín. Ese año, Lan­ge ha­bía ga­na­do el mun­dial de la cla­se ju­ve­nil Ca­det, re­ser­va­da a me­no­res de 17, acom­pa­ña­do por Mi­guel Sau­bi­det, un pi­bi­to de 12 años. Pro­pu­se que el dia­rio le otor­ga­se el pre­mio a la re­ve­la­ción de­por­ti­va en vela. En la ce­le­bra­ción, co­no­ció a Die­go Ma­ra­do­na, que re­ci­bió la me­da­lla de oro por ha­ber si­do cam­peón mun­dial ju­ve­nil de fút­bol.

Des­de en­ton­ces no pa­ró de ga­nar en to­dos los te­rre­nos. En la com­pe­ti­ción y en el di­se­ño. Lo ha­bía vis­to por úl­ti­ma vez ha­ce po­co más de un año, cuan­do ya es­ta­ba em­bar­ca­do en una nue­va cam­pa­ña olím­pi­ca. La oca­sión no po­día ser más em­ble­má­ti­ca: fue en la inau­gu­ra­ción de la plan­ta de bo­ta­lo­nes de fi­bra de car­bono de King Agro. Aquí es don­de se en­sam­blan las his­to­rias del agua con las del cam­po.

Yo te­nía un ve­le­ro que lle­va­ba en su cas­co la le­yen­da “Bio­die­sel”. Te­nía dos ca­rac­te­rís­ti­cas: cuan­do no na­ve­ga­ba con vien­to, sino con mo­tor, fun­cio­na­ba con bio­die­sel que for­mu­la­ba mi pro­pio hi­jo. La otra dis­tin­ción es que con­ta­ba con un más­til de fi­bra de car­bono, cu­yas vir­tu­des me ha­bían sub­yu­ga­do. Una tar­de, Ana, mi mu­jer, vien­do la in­creí­ble for­ta­le­za y lim­pie­za de di­se­ño del pa­lo de car­bono, me pre­gun­ta: “de­ci­me, ¿por qué es­to no se usa en los ba­rra­les de los mos­qui­tos?” Eu­re­ka.

Al día si­guien­te, fui­mos a ver a los her­ma­nos Ma­ria­ni, fa­bri­can­tes del más­til, en sus ofi­ci­nas de San Fer­nan­do. Se es­ta­ban fun­dien­do en la náutica, ne­ce­si­ta­ban otra co­sa. Pe­ro pa­ra con­ven­cer­los, ha­cía fal­ta un co­ne­ji­to de la in­dia. Se lo lle­va­mos: los mu­cha­chos de Cai­mán, que ha­bían re­ci­bi­do el pre­mio de Ex­poa­gro por su di­se­ño de pul­ve­ri­za­do­ra. Hi­cie­ron uno, lo pro­ba­ron. Lo adop­ta­ron. Arran­có otra his­to­ria. Re­si­lien­cia.

De los pri­me­ros pro­to­ti­pos, a John Dee­re. Los po­pes de Mo­li­ne se en­te­ra­ron y vi­nie­ron en avión pri­va­do a ver el bo­ta­lón de King Agro pues­to por un clien­te so­bre una pul­ve­ri­za­do­ra JD. En­se­gui­da se die­ron cuen­ta que la edad de hie­rro es­ta­ba amenazada. Ce­rra­ron tra­to pa­ra dis­tri­bu­ción mun­dial. Los Ma­ria­ni hi­cie­ron la fábrica nue­va en el par­que in­dus­trial de Cam­pa­na. Es don­de me to­pé con San­ti en aque­lla inol­vi­da­ble inau­gu­ra­ción. Lo vi mal. De­ma­cra­do, más fla­co que de cos­tum­bre, pá­li­do. Des­pués, me iba a en­te­rar que pa­de­cía de cán­cer de pul­món. Se ope­ró po­cas se­ma­nas más tar­de. Le sa­ca­ron uno. Con el otro al­can­za­ba. Re­si­lien­cia.

Vol­vió a la cam­pa­ña olím­pi­ca, aci­ca­tea­do por una opor­tu­ni­dad úni­ca: ade­más de pro­bar suer­te con una cla­se nue­va, don­de co­rre­ría en tri­pu­la­ción mix­ta, dos de sus hi­jos tam­bién iban a pe­lear me­da­lla. El, el atle­ta más vie­jo en Rio. Vino con el oro, en so­cie­dad con su gran par­te­nai­re Ce­ci­lia Ca­rran­za, ro­sa­ri­na.

La se­ma­na que vie­ne, John Dee­re pre­sen­ta los bo­ta­lo­nes de King Agro en el Farm Pro­gress Show. Tam­bién van por una me­da­lla.

Los ar­gen­ti­nos, cuan­do re­si­lia­mos, vo­la­mos al­to. En el agua, en la tie­rra. En to­dos los cam­pos. t

Las pul­ve­ri­za­do­ras abre­van tec­no­lo­gía del yat­ching pa­ra ser campeonas

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