Ma­riano Cas­ti­glio­ni

Well­do­ne

Clarin - Spot - - Estilo -

“En el ‘93 yo abrí un es­tu­dio pro­pio acá en Bue­nos Ai­res. Pe­ro to­da­vía te­nía esa ne­ce­si­dad de se­guir apren­dien­do y por eso en 1997 has­ta el 2001 me ra­di­que en Nue­va York tra­ba­jan­do en ca­sas im­por­tan­tes de allá co­mo Ri­sing Dra­gon y Fly­ri­te Tat­toos. Des­pués, en 2001, me fui para Ma­drid, don­de tra­ba­jé en Tat­too Ma­gic has­ta el 2005 que vol­ví a Ar­gen­ti­na”. El re­la­to de Ma­riano Cas­ti­glio­ni cul­mi­na en el lu­gar don­de par­tió, pe­ro la ex­pe­rien­cia acu­mu­la­da es in­va­lo­ra­ble. Des­de en­ton­ces, Ma­riano es due­ño de Well­do­ne, una ca­sa de ta­tua­jes ubi­ca­da en Pa­ler­mo en la que él mis­mo sir­vió de men­tor para ar­tis­tas que bus­ca­ban es­pe­cia­li­zar­se y que ac­tual­men­te tra­ba­jan ba­jo su ala.

En su ca­so, el tra­di­cio­nal fue un es­ti­lo que le lle­gó en sus años en la Gran Man­za­na. “Lo co­no­cí en el ‘97 y al prin­ci­pio era al­go que no lo­gra­ba en­ten­der” co­men­ta. “Me cos­ta­ba sin­te­ti­zar la po­si­bi­li­dad de de­cir mu­cho con tan po­co. Fue re­cién en Ma­drid que em­pe­cé a ver­lo de otra for­ma, ob­ser­van­do a al­gu­nos com­pa­ñe­ros tra­ba­jar. Ahí fue cuan­do me ani­mé a pro­bar­lo y des­cu­brí, gra­cias a los elo­gios de otros ar­tis­tas que es­te era mi len­gua­je.”

En 2005, to­mó la de­ci­sión de de­di­car­se a per­fec­cio­nar es­te es­ti­lo imi­tan­do los di­se­ños de Flash from the Past, un li­bro de di­bu­jo edi­ta­do por el in­flu­yen­te Ed Hardy. Hoy en día, Ma­riano es uno de los re­fe­ren­tes del Old School (y del di­bu­jo ja­po­nés) más gran­des del país. “Veo a am­bos es­ti­los co­mo los más pu­ros, sim­ples y fuer­tes. Me gus­ta ha­cer cual­quie­ra de los dos. Pe­ro creo que lo mío es más el tra­di­cio­nal”.

En el afán de ser más di­dác­ti­co aún, in­sis­te: “El ta­tua­je tra­di­cio­nal es ca­rac­te­rís­ti­co por te­ner lí­neas grue­sas que es­tén bien mar­ca­das. Som­bras ne­gras y co­lo­res bá­si­cos, to­do tra­ba­ja­do en un di­se­ño que tie­ne que ser sim­ple y fá­cil de leer. A mí lo que más me gus­ta de es­te es­ti­lo es que te da una du­ra­ción y ni­ti­dez que es ca­paz de du­rar por años. In­sis­to: es esa sim­ple­za de sus imá­ge­nes, cla­ras y fá­ci­les de en­ten­der, se pue­den ver a la dis­tan­cia y vas a sa­ber que es”. Y dic­ta tips co­mo si fué­ra­mos sus alum­nos: “Ima­gen sim­ple, li­neas grue­sas (de­pen­dien­do el ta­ma­ño y com­ple­ji­dad del di­se­ño), som­bras ne­gras bien ras­pa­das y co­lo­res bá­si­cos, co­mo el ro­jo , ama­ri­llo y verde”. E in­sis­te, co­mo un pre­di­ca­dor: “No por na­da las imá­ge­nes Old School se si­guen vien­do en ro­pa, vi­drie­ras, mue­bles. Es­tán pen­sa­das para cap­tar tu aten­ción in­me­dia­ta. En Nue­va York ví tra­ba­jos que te­nían cua­ren­ta años, y que se­guían ex­hi­bien­do fuer­za y cla­ri­dad”.

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