Lle­ga el au­tor que le pi­sa los ta­lo­nes a Cer­van­tes

A los 52 años, es el se­gun­do más ven­di­do en len­gua es­pa­ño­la, so­la­men­te de­trás del au­tor del Qui­jo­te.

Clarin - Spot - - Cultura - Pa­tri­cia Suá­rez sec­cion­cul­tu­ra@clarin.com

Aca­ba de pu­bli­car un li­bro de ca­si 900 pá­gi­nas, el úl­ti­mo de la sa­ga. Pu­bli­có en to­tal una de­ce­na de li­bros y só­lo tie­ne 52 años. Es con­si­de­ra­do el es­cri­tor más leído en Es­pa­ña, des­pués de na­da me­nos que- Cer­van­tes. En tiem­pos en que una edi­ción de un li­bro pue­de sig­ni­fi­car 1.500, 2.000 ejem­pla­res, una no­ve­la de Car­los Ruiz Za­fón arran­ca en el mi­llón. Sus no­ve­las son des­crip­tas co­mo "te­rro­rí­fi­cas, eró­ti­cas, con­mo­ve­do­ras" (na­da me­nos, otra vez). Cua­ren­ta paí­ses. Vein­ti­cin­co mi­llo­nes de lec­to­res.

El 6 de ma­yo Za­fón es­ta­rá en la Fe­ria del Li­bro de Bue­nos Ai­res con Jorge Fer­nán­dez Díaz, de mo­do que sus lec­to­res ar­gen­ti­nos es­ta­rán de pa­ra­bie­nes. Trae El la­be­rin­to de los es­pí­ri­tus, ese úl­ti­mo li­bro de la sa­ga, ubi­ca­do en la Bar­ce­lo­na de fi­nes de los 50 y en el que el pro­ta­go­nis­ta, Da­niel Sam­pe­re, ya no es un ni­ño. Aquí, lo en­tre­vis­ta­mos con la in­ten­ción de de­ve­lar al­gún se­cre­to de su éxi­to. -La sa­li­da de El la­be­rin­to de los es­pí­ri­tus , cuar­ta no­ve­la de la sa­ga de El ce­men­te­rio de los li­bros ol­vi­da­dos,

in­di­ca que us­ted pa­só quin­ce años o más vi­vien­do en­tre sus per­so­na­jes. ¿Có­mo ocu­rre eso, es­ta­ble­ce una es­pe­cie de vínculo con ellos; có­mo es vi­vir con Da­niel Sam­pe­re a dia­rio? -Mu­chos de es­tos per­so­na­jes son una par­te de mí o de mi mun­do in­te­rior, con lo cual es­toy ya acos­tum­bra­do a con­vi­vir con ellos y com­par­tir mi ce­re­bro con mis cria­tu­ras, tan­to que ni me doy cuen­ta ya de que es­tán ahí y que en al­gu­nos ca­sos es di­fí­cil sa­ber don­de em­pie­zan ellos y aca­bo yo. Da­niel es un al­ma inocen­te con la que re­sul­ta fá­cil con­vi­vir, aun­que per­so­nal­men­te me sien­to mu­cho más pró­xi­mo de otros per­so­na­jes de la se­rie, que son mu­cho más una par­te esen­cial de mí, co­mo Ju­lian Ca­rax, Fermín Ro­me­ro de To­rres o la mis­ma Ali­cia Gris, a quien co­no­ce­mos por fin en El la­be­rin­to de los es­pí­ri­tus... -Un li­bro ni es una re­ce­ta de co­ci­na ni se atie­ne a una fór­mu­la má­gi­ca, sin em­bar­go to­dos los li­bros que us­ted ha es­cri­to es­tán sig­na­dos por el éxi­to. ¿Có­mo es­cri­be al­guien que se­rá leído por mi­llo­nes de lec­to­res? ¿Có­mo sa­be qué le gus­ta­rá a la gen­te? -No creo que un es­cri­tor es­cri­ba o tra­ba­je di­fe­ren­te, lo lean mil lec­to­res o cien mil o los que ten­gan que ser. Se es­cri­be para un so­lo lec­tor, para al­guien que apre­cia la li­te­ra­tu­ra, el len­gua­je, la na­rra­ti­va y la crea­ción. Y se ha­ce, o se de­be ha­cer, po­nien­do lo me­jor de uno mis­mo, con ofi­cio y con es­fuer­zo, en­ten­dien­do que la es­cri­tu­ra es una pro­fe­sión y no un pa­sa­tiem­po. Uno de­be in­ten­tar ha­cer el me­jor tra­ba­jo que sa­be ha­cer y no pen­sar en si se­rá leído por mu­chos o por po­cos. Y uno nun­ca sa­be si lo que ha­ce gus­ta­rá o no a la gen­te, al me­nos no con se­gu­ri­dad. Lo im­por­tan­te es que uno tra­ba­je en al­go en lo que crea, que signifique al­go para uno mis­mo. Lue­go el mun­do y los lec­to­res de­ci­di­rán.

-¿Cuál es el vínculo su­yo con sus lec­to­res, sien­do que son mi­llo­nes? ¿Acos­tum­bra a co­mu­ni­car­se con ellos de al­gu­na ma­ne­ra, por ejem­plo, a tra­vés de una red so­cial o de su pro­pia pá­gi­na web?

-Siem­pre hay con­tac­to con los lec­to­res, sea en las fir­mas de li­bros, en los fes­ti­va­les li­te­ra­rios, en los men­sa­jes que en­vían a tra­vés de las redes... Hay tan­tos mo­dos hoy en día en que las per­so­nas pue­den ex­pre­sar sus opi­nio­nes y com­par­tir su ex­pe­rien­cia que un au­tor siem­pre re­ci­be de pri­me­ra mano lo que pien­san y sien­ten los lec­to­res, lo cual es de su­ma im­por­tan­cia, por­que en el fon­do son ellos los que dan sen­ti­do al tra­ba­jo que ha­ce­mos.

-A ve­ces, los es­cri­to­res tie­nen un li­bro fe­ti­che que vuel­ven a leer cuan­do se sien­ten un po­co des­orien­ta­dos. ¿Cuál es ese li­bro que a us­ted le da pla­cer y fuer­zas re­leer?

-No ten­go un li­bro fe­ti­che en es­pe­cial. Si pier­do la orien­ta­ción cuan­do es­toy tra­ba­jan­do en al­go lo que ha­go es re­leer lo que lle­vo es­cri­to para re­to­mar el hi­lo y el fo­co del pro­ce­so. Co­mo fuen­te de pla­cer y de vi­ta­mi­nas siem­pre me gus­ta pro­bar lec­tu­ras nue­vas, des­cu­brir nue­vos au­to­res o dis­fru­tar

“In­clu­so en Holly­wood, en muy con­ta­das ve­ces al­gu­nos -muy po­cos- sue­ños pue­den lle­gar a ha­cer­se reali­dad”

de nue­vas obras de au­to­res a los que si­go ha­ce ya tiem­po. Esa chis­pa de mo­ti­va­ción que a ve­ces uno ne­ce­si­ta a me­nu­do la en­cuen­tro tam­bién en otros me­dios, so­bre to­do la mú­si­ca, que es al­go muy im­por­tan­te en mi vi­da y que a me­nu­do es una de las ma­yo­res in­fluen­cias. -An­tes de la sa­ga de El ce­men­te­rio de los li­bros ol­vi­da­dos es­cri­bió la sa­ga de no­ve­las ju­ve­ni­les de La tri­lo­gía de la nie­bla. ¿Fue esa es­cri­tu­ra un mo­do de acer­ca­mien­to a la sa­ga que es­cri­bió des­pués? -Fue un po­co un ac­ci­den­te por­que nun­ca creí que fue­ra a ha­cer ca­rre­ra es­cri­bien­do para los jó­ve­nes y la ra­zón de que lo hi­cie­ra du­ran­te años fue que em­pe­cé ga­nan­do un pre­mio de li­te­ra­tu­ra ju­ve­nil y de­ci­dí se­guir ex­plo­ran­do ese ca­mino. Me di cuen­ta, con el tiem­po, de que ese ac­ci­den­te re­sul­tó ser un pri­vi­le­gio que me per­mi­tió lle­gar a los lec­to­res más sin­ce­ros y agra­de­ci­dos que hay y tam­bién me dio la opor­tu­ni­dad de ex­pe­ri­men­tar, de apren­der y de tra­ba­jar fren­te a una au­dien­cia muy exi­gen­te, muy ho­nes­ta y muy di­fí­cil de sa­tis­fa­cer. -¿Tie­ne pla­nea­do vol­ver a la no­ve­la ju­ve­nil aho­ra que es­tá tan bo­ga en el mer­ca­do y que ha mo­vi­do a mi­les de chi­cos a re­gre­sar a la lec­tu­ra? -No lo sé. Cuan­do es­cri­bía no­ve­la ju­ve­nil en la dé­ca­da de los 90 del si­glo pa­sa­do no es­ta­ba de mo­da y aho­ra que lo es­tá ya no lo ha­go. Ya ve lo po­co sin­cro­ni­za­do que voy. Tal vez si el pro­yec­to ade­cua­do se me pre­sen­ta sí lo ha­ga, pe­ro no lo ha­ría sim­ple­men­te para apro­ve­char ese mo­vi­mien­to del mer­ca­do. Por otro la­do me gus­ta pen­sar que es­cri­bo sim­ple­men­te para lec­to­res que aman los li­bros, sea cual sea su edad. Al­go que apren­dí es­cri­bien­do para jó­ve­nes es que, cuan­do se tra­ta de lec­to­res, la edad tie­ne muy po­co sig­ni­fi­ca­do. Un lec­tor de 15 años pue­de ser mu­cho más ma­du­ro y per­cep­ti­vo que uno de 50. -¿De­be­re­mos de­cir: “¡Lar­ga vi­da a El ce­men­te­rio de los li­bros ol­vi­da­dos!”

o tie­ne pen­sa­do sor­pren­der­nos con una nue­va sa­ga? ¿Lo ob­se­sio­na aque­llo que es­cri­bi­rá ma­ña­na? -No me ob­se­sio­na en ab­so­lu­to y no ten­go pla­nea­do na­da que pue­da ca­li­fi­car­se de "sa­ga" o "se­rie". Aho­ra es­toy ba­ra­jan­do di­fe­ren­tes ideas y pro­yec­tos pe­ro to­da­vía no he de­ci­di­do por don­de iré. Cuan­do ter­mino un li­bro me sue­lo dar un tiem­po para pen­sar y de­ci­dir cual se­rá el pró­xi­mo pro­yec­to. En ello es­toy, es­pe­ran­do en el an­dén a que pa­se mi tren, que to­da­vía no se a dón­de me con­du­ci­rá. -¿Se con­ver­ti­rá la fra­se “Ano­che so­ñé que re­gre­sa­ba al ce­men­te­rio de los li­bros ol­vi­da­dos”, pri­me­ra fra­se de la nue­va no­ve­la El la­be­rin­to de los

es­pí­ri­tus en esas pri­me­ras frases de las no­ve­las que a to­dos los lec­to­res nos sa­be­mos de me­mo­ria co­mo aque­lla: “En un lu­gar de la Man­cha de cu­yo nom­bre no quie­ro acor­dar­me…”, del Qui­jo­te? ¿Có­mo vi­ve es­tar con­vir­tién­do­se en un au­tor clá­si­co de la li­te­ra­tu­ra es­pa­ño­la? -Pues no lo sé. No sue­lo pen­sar en es­tas co­sas, la ver­dad. Creo que lo im­por­tan­te es con­cen­trar­se en el tra­ba­jo que uno de­be ha­cer, in­ten­tar ha­cer­lo lo me­jor de lo que es ca­paz y no en­tre­te­ner­se de­ma­sia­do en esas pe­que­ñas va­ni­da­des que al fi­nal del día no sig­ni­fi­can na­da. Me doy más que por sa­tis­fe­cho y afor­tu­na­do de po­der vi­vir de mi ofi­cio tra­ba­jan­do en pro­yec­tos en los que creo y que sig­ni­fi­can al­go para mí. En es­ta pro­fe­sión eso es ben­di­ción de so­bra. Lo de­más es rui­do de fon­do. -Un ru­mor cir­cu­la por aquí y no po­de­mos evi­tar pre­gun­tár­se­lo: ¿es cier­to que us­ted es un guio­nis­ta se­cre­to de Holly­wood y que fir­ma con seu­dó­ni­mo sus pe­lí­cu­las? -Me te­mo que cir­cu­lan mu­chos ru­mo­res ab­sur­dos so­bre mí y nin­guno es cier­to. Es­te tam­po­co. Tra­ba­jé co­mo guio­nis­ta ha­ce ya mu­chos años, sí, pe­ro lo de­jé en el año 2001 y no he vuel­to a ejer­cer por­que he te­ni­do la gran suer­te de po­der con­cen­trar­me en mi pro­pio tra­ba­jo y mis pro­pios li­bros. Co­mo aque­llos esclavos de las pe­lí­cu­las de ro­ma­nos de an­ta­ño, se po­dría de­cir que "com­pré mi li­ber­tad" y es que in­clu­so en Holly­wood, en muy con­ta­das ve­ces y sin que sir­va de pre­ce­den­te, al­gu­nos -muy po­cos­sue­ños pue­den lle­gar a ha­cer­se reali­dad. Iro­nías de la vi­da.

EFE

Tran­qui­la­men­te best se­ller. Ruiz Za­fón di­ce que nun­ca pien­sa en sus lec­to­res a la ho­ra de es­cri­bir pe­ro que tie­ne mu­cho con­tac­to con ellos, en per­so­na y en las redes.

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