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Hagamos una fogata en Piazza San Marco

- Pablo O. Scholz pscholz@clarin.com

“Están locos” se lee por estos días en la comunidad tuitera. El motivo del enojo de muchos es que Zama, de Lucrecia Martel, adaptación de la novela de Antonio Di Benedetto, quedó selecciona­da, pero fuera de competenci­a, en el Festival de Venecia.

Proponen hacer una barricada ante el consulado italiano, acá, y llaman a hacer una fogata en Piazza San Marco.

Pero el cine no es como el fútbol. La Selección Argentina para ser campeona del mundo primero tiene que clasificar, y eso lo hace ganándose un lugar, compitiend­o con otras seleccione­s sudamerica­nas. Tiene, sí, que vencer a varias para poder aspirar luego al máximo trofeo.

En el cine muchos ven a los Festivales como una cuestión de Estado, o una compulsa deportiva, y no lo es. Por muchísimos motivos. En las competenci­as oficiales no siempre están las mejores películas -los ejemplos son tantos que no entrarían en esta columna-. Y no está de más recordar que para que una película esté en competenci­a… Es como en el amor: una decisión de a dos.

El comité de selección tiene que querer tenerla, y los responsabl­es de la película (productore­s y director), también. Ahora, si un festival invita a una película a otra sección -o a integrar la selección oficial, pero fuera de competenci­ala respuesta final la tienen los responsabl­es del filme.

Si Zama está en la sección oficial, fuera de competenci­a, es porque los responsabl­es de Zama lo aceptaron. Si les hubiera parecido “una deshonra” o que “están locos” no habrían accedido.

Pero ¿vieron quiénes están fuori concorso en Venecia? Hay otras 21 películas, y entre ellas están las nuevas de Takeshi Kitano (Outrage Koda, que clausurará la Mostra), Victoria & Abdul, de Stephen Frears, con Judi Dench, Loving Pablo, de Fernando León de Aranoa, con Javier Bardem, Penélope Cruz y Peter Sarsgaard, y The Private Life of a Modern Woman, de James Toback. Más filmes de Netflix con Robert Redford y Jane Fonda, y documental­es de Abel Ferrara y de William Friedkin.

Apuesto que mucho público (y críticos) harían cola por ver algunas de estas películas en vez de otras que sí competirán por el León de Oro del 30 de agosto al 9 de septiembre en el Lido de Venecia.

Se entienden el enojo, los resoplidos y el malhumor porque lo comparto. Lucrecia Martel ha tenido todas sus películas en competenci­a en festivales Clase A. La ciénaga (2001), su opera prima, en Berlín, y La niña santa (2004) y La mujer sin cabeza (2008), ambas en Cannes.

Zama es su primera participac­ión en Venecia, y con su película viajará luego a los Festivales de Toronto y el de Nueva York. Aquí estrena a fines de septiembre.

Zama no estuvo en Cannes en mayo pasado, y si bien lógicament­e nunca se aclaran los motivos ni se dan explicacio­nes porque es algo innecesari­o y fuera de lugar, el hecho de que Pedro Almodóvar (coproducto­r de la película) fuera presidente del Jurado la inhabilita­ba para competir. Imagínense si, no el manchego, pero sí el resto del Jury decidía premiarla: se hubiera hablado de papelón, bochorno y acomodo.

Pero Zama pudo haber estado fuera de competenci­a, o en Un certain regard, la otra competenci­a de Cannes. Lo dicho: a lo mejor la invitaron, y los responsabl­es dijeron no, gracias, je suis désolé, esperamos a Venecia. Conozco casos de directores de películas nacionales que dijeron “No” a estar en Cannes, pero fuera de competenci­a, y apostaron a ir por premios en otros festivales. Les pudo salir el tiro por la culata. Hasta Coppola no aceptó presentar Tetro en la selección oficial de Cannes 2009, y abrió la Quincena de realizador­es, del otro lado de la Promenade de la Croisette.

Tanti auguri, Lucrecia.

Si un festival invita a una película, como “Zama”, fuera de competenci­a, los responsabl­es del filme pueden aceptar. O no.

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