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“La vejez es quedarse quieto”

A los 86, comparte estadía en una clínica de recuperaci­ón con Pinky. Hace unos días volvió a la radio un rato: visitó a Héctor Larrea. Y no pierde la ilusión de volver al éter.

- Marina Zucchi mzucchi@clarin.com

Modelo 1932. Si usted lo compara con un auto, verá que hay deficienci­as del motor, pero ando bien. No está para Fórmula Uno, pero si se abre el capó y se hacen unas mejoras, el motorcito está para el Turismo Carretera”.

El hombre de las alegorías fierreras “estacionó” por unos meses en una clínica de rehabilita­ción.

No imaginaba que con el cuenta-kilómetros cansado se cruzaría con la mujer con la que viajó a España a entrevista­r a Juan Domingo Perón.

La misma con la que condujo la maratón televisiva de 24 horas por las Islas Malvinas. Norberto “Cacho” Fontana y Lidia Satragno ( Pinky) comparten -muros adentro almuerzos, caminatas y miradas a esa pantalla en la que el siglo pasado los mirados eran ellos.

“El coche entró al taller por un conjunto de hechos que no me favorecían. No hubo un diagnóstic­o. Fueron varias cosas. Estoy llevando bien estos 86 años, rodeado como de una gran familia de este instituto. Del 1 al 10 estoy en un 8”, se ríe, con seguridad, el hombre que arrastraba la “l” para eternizar la marca “Odol”.

Hace quince días salió de la clínica Inter Plaza para volver a un estudio de radio. Visitó a Héctor Larrea en Nacional Folklórica. Larrea lo dibujó en cinco palabras: “Es el bronce que sonríe”.

-¿Abandonó la idea de volver a los medios?

-No. Depende de las circunstan­cias. Pero creo que gente de esta edad ya tiene que dar paso a las nuevas generacion­es, como nos dieron lugar a nosotros. Algo pequeño me gustaría hacer. De ilusión vivo. Pero debo tener prudencia.

-Parece que no se sacara la profesión de encima nunca. Ni para esta entrevista deja de ponerle elegancia al tono.

-No tengo otra manera de hablar. Puede ser que esa sea mi forma de vivir, con la vocación a cuestas a toda hora. Yo empecé con mucho respeto porque para nosotros una audiencia era la vida, había un reglamento, no podíamos desarrolla­r una manera de comunicar no respetuosa.

-¿Volver sería atravesar un abismo comunicaci­onal?

-Tal vez. Sé que ahora existen las redes sociales y todo eso, pero no estoy metido en el tema. Me parece un empuje de la historia. Un motor que usan los presidente­s de las naciones. Está bien que así sea, yo practiqué la evolución siempre.

-¿Le conforman la radio y la televisión que sintoniza?

-Sí, este es un momento más libre y descontrac­turado que el mío. Los locutores y conductore­s imprimen su personalid­ad. Escucho siempre a Beto Casella, a Marcelo Longobardi, a Jorge Lanata, a Rolo Villar. Lo que hace Santiago del Moro, por ejemplo, es un ejemplo grande de evolución.

Ni los catorce Martín Fierro, ni las seis décadas de locutor, ni las diez emisoras radiales por las que pasó, ni el récord del Fontana show. Tamaños datos no logran que su apellido signifique algo para las últimas generacion­es. Muchos no saben que su voz lo era todo, décadas luz antes de esta era furiosa de audios vía

Whatsapp. Prehistori­a viviente. De los últimos protagonis­tas directos la radio de los ‘50 y testigo de la primera televisión.

Desde la quietud, mientras juega naipes y desayuna con sus hijas Antonela y Ludmila, Fontana no hace más que rememorar hazañas. Su paso por el primer Festival de San Remo y su visita periodísti­ca a la casa de Carlos Gardel en Francia. Los flashback lo atraviesan

como flechas. Evoca, por ejemplo, la transmisió­n en vivo y en directo de la entrega del Premio Nobel a Luis Federico Leloir para Canal 13. O

aquella cobertura desde Japón, en 1968, en la conquista del título mundial de Nicolino Locche.

“Esa última epopeya la viví junto a mi gran amigo Tito Lectoure. La experienci­a Tokio, una latitud tan lejana al pensamient­o occidental, fue algo que no puedo poner en palabras. No era la manera de vivir argentina. La gente, por ejemplo, dejaba sus zapatos en la calle y al salir los encontraba”.

Otro hito que el alumno de Antonio Carrizo quisiera que los más jóvenes supieran que protagoniz­ó como comunicado­r:

las cuatro horas de charlas con Perón en Madrid.

“Resulta que viajamos con Pinky para inaugurar una línea francesa que iba a Europa por el Pacífico y no por el Atlántico. Recuerdo que los franceses se paraban para apreciar la belleza de Pinky. Culminamos el viaje con la visita a Perón en España”, hace una pausa, sigue. “Vivía en la calle Arce, previo a Puerta de Hierro. Tercer piso, en el cuarto vivía Ava Gardner. Él nos invitó a comer, pero no nos quedamos.

Nos acompañó al taxi, caminando por la Plaza República Argentina. Fue histórico.

Le pedí fotos para mi padre, mi tío y un empleado de Radio El Mundo, todos peronistas. Yo no tenía conciencia de lo que era realmente el peronismo, porque era muy joven”.

Micrófonos, mundiales e infiernos

Palese es artísticam­ente Fontana por decisión de terceros. Trabajaba en una compañía de transporte­s y tuvo que reemplazar a un compañero en la presentaci­ón de una orquesta. Le mandaron a imprimir cien tarjetas personales que llegaron con el apellido Fontana. No hubo discusión. Nunca entendió si el nombre se le ocurrió al imprentero, a quien mandó a confeccion­arlas o si usaron las tarjetas de identifica­ción un señor con ese nombre que nunca las retiró.

Apenas sexto grado cursado y el trabajo siguiente lo hicieron los libros. Debut en Radio del Pueblo, después suplencia en Radio El Mundo. El ciclo Odol pregunta colaboró en su formación “con una panzada de cultura”.

La memoria lo hace saltar de Barracas a su barrio de infancia, a Inglaterra, país al que viajó para participar como locutor del Mundial ‘66,

junto a la dupla José María Muñoz-enzo Ardigó.

No se lo contaron, lo vio: en Wembley, la Selección del “Toto” Juan Carlos Lorenzo enfrentó a “los inventores del fútbol”. Con el partido empatado 0-0, un confuso episodio terminó con Antonio Rattín, capitán del equipo, expulsado y sentado en la alfombra de la Reina. Escándalo planetario. El árbitro no entendía el español, Rattín no hablaba inglés y estrujó el banderín del córner. De lejos Fontana veía que al argentino le arrojaban chocolates y botellas de cerveza. Por ese episodio se implementa­rían luego las tarjetas rojas. “Tengo postales borrosas, pero de algo no me olvido: Muñoz era como uno más de la Selección. Vivíamos en un departamen­to los tres, y un día llegamos Ardigó y yo lo vimos durmiendo: ‘El Gordo’ en sueños relataba partidos”.

La transmisió­n de 24 horas por Malvinas (el 8 de mayo de 1982, en pleno gobierno militar)

no fue un hecho feliz. Fontana y Pinky tenían “la noble intención de recaudar fondos para nuestros héroes”, pero el destino del dinero nunca estuvo claro. “Hundieron el Belgrano y fui a buscar a Pinky. Estaba en cama, enferma, se levantó y fue”, explica. “Una muestra de la capacidad de dar del argentino, me apena si no salió como debía”.

Para principios de los ‘90 , Cacho vivió “el knock out”. Ya no quiere referirse a eso, pero el archivo conserva sus descargos: Marcela Tiraboschi lo denunció por incitación a la droga y violencia. “Fue el peor momento de mi vida. La droga era una parte social en tiempos de una bohemia muy fuerte”, declaró años después. Fue sobreseído. Sufrió una hemiplejia. “Del quiebre de la persona al quiebre del profesiona­l”. Tuvo que volver a tocar puertas.

-¿Siente que tanto éxito lo lastimó? ¿Llegar tan “arriba” fue perjudicia­l ?

-No me lastimó. Me alentó a seguir. Yo viví, ¿cómo le diría? un gran sueño...

-Pero usted se llevaba el mundo por delante, alguna vez fue “el hombre del momento en los medios”. ¿”Bajar” fue difícil?

-No. Hubo tiempos buenos y tiempos no favorables que intento olvidar. Pero la gente es un patrimonio a través del tiempo que devuelve lo que uno ha dado sin querer. De eso no me puedo quejar.

-¿Cambió usted el concepto de la vejez ahora que cuando era el locutor de moda?

-La vejez es algo que no esperaba. No sabía que era esto: es quedarse quieto. Muy difícil cuando uno está embalado pensar que será grande. No es fácil de superar el no tener un compromiso a mano, no tener obligación de levantarse. No es que ahora me sienta jubilado, pero siento que he cumplido un ciclo.

 ?? GUILLERMO RODRÍGUEZ ADAMI ?? Norberto Palese. Alias Fontana, debutó como locutor en los años ‘50. “De ilusión vivo, pero debo tener prudencia”, dice.
GUILLERMO RODRÍGUEZ ADAMI Norberto Palese. Alias Fontana, debutó como locutor en los años ‘50. “De ilusión vivo, pero debo tener prudencia”, dice.

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