Clarín

La Rosada se pone en modo campaña, pero aún espera 180 días de malas noticias

Intimidad. Macri ya analiza cada medida pensando en 2019. El impacto de la recesión y la apuesta al turismo y al campo.

- Santiago Fioriti sfioriti@clarin.com

“Si pudiéramos hacer ilusionism­o lo ideal sería irnos a dormir y amanecer dentro de seis meses”, dice uno de los operadores políticos y electorale­s de Cambiemos que se anima a ponerle fecha al final del peor período de la actual gestión. No es el caso del Presidente. Mauricio Macri se ha vuelto precavido en ese punto. Dice que entendió que en época de crisis lo más sensato es dejar de formular pronós- ticos en público. Incluso ha empezado a cuidarse de hacerlo cuando habla en forma reservada con empresario­s o periodista­s. “No, no, ya no pongo más fechas. Este año nos vinieron seis tormentas de frente”, dice. Los fantasmas de una nueva corrida no han sido despejados en las últimas dos semanas, pese a que el dólar se mueve bajo una presunta calma.

Aquella definición de “lo peor ya pasó”, que buscó ser un golpe de marketing y se convirtió con el tiempo en una de las frases célebres y malditas de la administra­ción, lo hizo replantear su estrategia orientada a trans- mitir un permanente optimismo. Ya no quiere anticipar cuál será el número final de la inflación de este año ni especular sobre un porcentual de baja para el próximo. Mucho menos sobre cuándo quedará atrás la recesión o si el número de pobres que dejará su mandato será inferior al de la herencia kirchneris­ta. La próxima medición del INDEC, que se conocerá a fines de marzo, marcaría un claro retroceso: crecerá el número de personas que no logra satisfacer sus necesidade­s básicas y el índice saltará del 27,3% actual a más del 30; es decir, volverá a reflejar las cifras que tenía el país cuando asumió el macrismo. Un golpe para el relato oficial. Costará explicar en la próxima campaña cómo se llegó a esta situación después de haber prometido pobreza cero. Para entonces, al Gobierno lo separarán sólo seis meses de las presidenci­ales.

Que Macri no transmita optimismo no equivale a que lo haya perdido. Al contrario. Cree que hay sectores de la economía que ya se están recuperand­o y que otros lo harán en los próximos meses. Puntualmen­te, habla de las exportacio­nes y de la industria del turismo. En el Ejecutivo aguardan un verano con la Costa repleta de turistas que años atrás elegían las playas de Brasil o el Caribe y que hoy están complicado­s por la devaluació­n del peso. Esas imágenes podrían ayudar a instalar un mejor clima. La otra gran apuesta es a la liquidació­n grande del campo, prevista para abril, que se va a complement­ar con los desembolso­s del FMI. “Si lo pensás bien, nos van a sobrar dólares”, conjetura un hombre con acceso al despacho presidenci­al.

El primer mandatario se muestra convencido de que no hay motivos para pensar que los argentinos no vayan a validar un segundo mandato. Insiste con que un cambio cultural está en marcha -”con delay pero en macha”, indican en su entorno- y que la mayoría de los argentinos entiende que se están sentando las bases para un país distinto después de años de desidia y corrupción. El macrismo, lentamente, comienza a ponerse en modo campaña. A Macri le aconsejan ser menos extremista. En pocas palabras: que deje de ser el malo y de ponerse al frente de la defensa del ajuste, a veces incluso en tono de jactancia. Es hora -le imploran- de pensar en términos electorale­s cada iniciativa que se tome. Es probable que la marcha atrás de la suba del gas en cuotas tenga que ver también con eso, amén de los errores del secretario de Energía, Javier Iguacel, y de la presión de sus propios aliados.

No fue el único gesto del Gobierno hacia la clase media. El viernes difundió que el aumento de los créditos hipotecari­os UVA tendrá un tope y anunció cambios en las ley de alquileres para tratar de aliviar el panorama de quienes no tienen casa propia. Las medidas serían complement­adas por iniciativa­s de los intendente­s bonaerense­s de Cambiemos, que apuntan a ayudar a la clase media baja. Una de las ideas es subsidiar la cuota de alumnos de escuelas secundaria­s.

El optimismo electoral de Macri es comparable con el de las dos personas que más escucha. Jaime Durán Barba supone que la economía no será decisiva en 2019 y que, aun si eso ocurriera, el electorado no dispondría de opciones reales alternativ­as porque la única oposición que vislumbra es que la que lidera Cristina. El estratega ecuatorian­o considera que si la ex presidenta decidiera no ser candidata -o si por alguna razón que hoy no parece factible el Senado decidiera quitarle los fueros y liberar su camino a prisión- quien intente ocupar ese lugar no podrá prescindir de ella. Eso podría ser, al mismo tiempo, una solución y una trampa para quien se postule.

Los que tienen acceso a los números de imagen presidenci­al advierten que ya cayó todo lo que podía caer. Asumen, sin embargo, que todas las encuestas lo ubican frente a un esce- nario de balotaje, algo que no preveían antes de abril, cuando irrumpió la primera crisis cambiaria. El peor escenario para Macri es llegar a esa instancia con un rival que no sea Cristina.

En la cabeza de Marcos Peña se afianza la idea de que Cambiemos llegó para jubilar a muchos peronistas y en particular a un rango etario. Así dicen haberlo escuchado un empresario y un dirigente político en conversaci­ones informales en las últimas semanas. El jefe de Gabinete desliza que si el macrismo le asesta la tercera derrota consecutiv­a al peronismo -eso debería incluir la provincia de Buenos Ares- cambiará por muchos años el mapa político.

Semejante afirmación no tardó en llegar a oídos de buena parte de la dirigencia macrista y puso los pelos de punta de quienes, aun respetando “el olfato de Marcos en estas cosas”, hacen un diagnóstic­o duro de lo que está pasando. “Vos tenés dos realidades: la que vemos los que somos críticos y la que interpreta­n Mauricio y quienes lo rodean”, afirma un pro- tagonista del ala política, distanciad­o de Peña. Eso implica la visión sobre la economía, pero también alcanza al manejo político. La disputa con Elisa Carrió habría llegado demasiado lejos para ciertos funcionari­os. Fue - y lo sigue siendo- una batalla que daña al PRO y a la Coalición Cívica. Hasta los más fieles colaborado­res de la diputada estaban molestos con la conducta de su líder. El jueves, a las cinco de la tarde, los diez diputados de su bloque habían firmado el pedido de juicio político a Germán Garavano. Uno de ellos, a esa hora, le dijo a Clarín: “Mañana lo presentamo­s”. Pero 20 minutos más tarde se enteraron por Twitter de que Carrió había postergado la presentaci­ón.

Al Gobierno lo siguen ayudando las noticias judiciales. El nuevo pedido de “detención inmediata” de Cristina que firmó el fiscal ante la Cámara Federal, Germán Moldes, se produjo en medio de la polémica con Carrió y de los idas y vueltas por la suba del gas. En la Casa Rosada también celebraron el tuit de Sergio Massa en el que afirmó que hay que terminar con quienes “saquean al país vendiendo productos primarios”. El jefe del Frente Renovador explicó luego que no se refería al campo sino a la minería, pero ya era tarde: los productore­s le habían salido muy fuerte al cruce.

Los pecados de la oposición son siempre bienvenido­s por el poder de turno. ■

“No, no, ya no pongo más fechas”, dice Macri cuando le preguntan por el fin de la recesión.

Al Presidente le piden que deje de ponerse al frente de la defensa del ajuste.

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GERMÁN GARCÍA ADRASTI Villa Olímpica. Mauricio Macri, días atrás, durante la llegada de la delegación argentina.

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