Pi­que­tes sin freno: en sep­tiem­bre cre­cie­ron un 40% y es­pe­ran más pa­ra fin de año

El 43% de los 596 que se hi­cie­ron du­ran­te ese mes fue­ron en la Ciu­dad y la pro­vin­cia de Bue­nos Ai­res. La ma­yo­ría fue­ron pro­ta­go­ni­za­dos por es­ta­ta­les y or­ga­ni­za­cio­nes so­cia­les.

Clarin - - LA CIUDAD -

Qui­zás la aper­tu­ra de los Jue­gos Olím­pi­cos de la Ju­ven­tud sir­va co­mo ale­go­ría pa­ra ex­pli­car có­mo los ve­ci­nos se re­la­cio­nan con la Ciu­dad, có­mo la tran­si­tan, có­mo la su­fren y có­mo la per­ci­ben. Por pri­me­ra vez en la his­to­ria de los JJOO mo­der­nos -los con­ven­cio­na­les y los más nue­vos, de los que par­ti­ci­pan jó­ve­nes de 14 a 18 años-, la ce­re­mo­nia de aper­tu­ra fue rea­li­za­da en la ca­lle y no en un es­ta­dio, co­mo se ha­ce tra­di­cio­nal­men­te des­de fi­nes del 1800. Por su­pues­to, la 9 de Ju­lio fue par­te del es­ce­na­rio, con el Obe­lis­co co­mo eje. Du­ran­te más de una se­ma­na el trán­si­to fue im­po­si­ble y el caos se adue­ñó de to­do.

¿Los or­ga­ni­za­do­res ar­gen­ti­nos de los JJOO tu­vie­ron un rap­to de crea­ti­vi­dad inusual o en nin­gún otro país se les hu­bie­ra ocu­rri­do cor­tar la ave­ni­da más im­por­tan­te de una ciu­dad?

Tal vez es­ta si­tua­ción lo­gre ex­pli­car la na­tu­ra­li­za­ción que se tie­ne aquí de los cor­tes de ca­lles y ave­ni­das co­mo mé­to­do re­gu­lar de pro­tes­tas o de even­tos de cual­quier ti­po y na­tu­ra­le­za. Con es­te ni­vel de de­li­rio y es­trés es­tán obli­ga­dos a con­vi­vir los ve­ci­nos de la Ciu­dad y las más de 3 mi­llo- nes de per­so­nas que to­dos los días in­gre­san des­de Pro­vin­cia pa­ra tra­ba­jar, es­tu­diar o ha­cer trá­mi­tes.

En re­la­ción a las pro­tes­tas, los nú­me­ros con­fir­man la sen­sa­ción ge­ne­ra­li­za­da de que la ca­lle se es­tá vol­vien­do im­po­si­ble. Sep­tiem­bre fue el mes con más pi­que­tes en lo que va del año. Se re­gis­tra­ron 596 en to­do el país, lo que re­pre­sen­tó un au­men­to del 18% res­pec­to al mes an­te­rior y un 40% más en re­la­ción a igual mes del año pa­sa­do. En los pri­me­ros nue­ve me­ses del año hu­bo 4.454 pi­que­tes, un 20% más que en igual pe­río­do de 2017 (con 3.698 cor­tes).

Du­ran­te sep­tiem­bre, la Ciu­dad y la pro­vin­cia de Bue­nos Ai­res con­cen­tra­ron la ma­yor can­ti­dad de cor­tes: el 43% del to­tal, con 137 y 120, res­pec­ti­va­men­te. De le­jos las si­guie­ron San­ta Fe (41), Neu­quén (29) y Mi­sio­nes (24).

“Des­de ju­lio los pi­que­tes vie­nen en fran­co au­men­to, con una ten­den­cia que se­gu­ra­men­te se se­gui­rá pro­fun­di­zan­do de ca­ra a los úl­ti­mos me­ses del año. Por­que no­viem­bre y di­ciem­bre his­tó­ri­ca­men­te se ubi­can en­tre los más con­flic­ti­vos”, di­jo a Cla­rín el po­li­tó­lo­go Pa­tri­cio Gius­to, de Diag­nós­ti­co Po­lí­ti­co. Es­ta con­sul­to­ra rea­li­za el se­gui­mien­to de la con­flic­ti­vi­dad en las ca­lles des­de enero de 2009.

Al me­nos des­de la gran cri­sis de 2001, di­ciem­bre es uno de los me­ses más pro­ble­má­ti­cos del año. Sin du­das, es­te tam­bién lo se­rá, por­que ade­más se su­ma el con­di­men­to po­lí­ti­co que sig­ni­fi­can las pró­xi­mas elec­cio­nes: “El es­ce­na­rio eco­nó­mi­co re­ce­si- vo y el mo­men­to de fra­gi­li­dad po­lí­ti­ca del Go­bierno son las prin­ci­pa­les cau­sas de la es­ca­la­da de los pi­que­tes. Pe­ro tam­bién hay que su­mar las in­ter­nas sin­di­ca­les y, de a po­co, la con­flic­ti­vi­dad co­mien­za a mez­clar­se con lo elec­to­ral, de ca­ra a un 2019 de­ci­si­vo pa­ra el fu­tu­ro de Cam­bie­mos y tam­bién del país”, en­tien­de Gius­to.

En re­la­ción a los pro­ta­go­nis­tas de los cor­tes, se ubi­ca­ron pri­me­ro los tra­ba­ja­do­res es­ta­ta­les, con el 24%. Los si­guie­ron las or­ga­ni­za­cio­nes so­cia­les, con el 22%; las fuer­zas po­lí­ti­co-par­ti­da­rias (15%); tra­ba­ja­do­res pri­va­dos (13%); ve­ci­nos (10%), y de­socu­pa­dos y ce­san­tea­dos (9%).

Una de las po­lí­ti­cas que ge­ne­ran ma­yor con­flic­ti­vi­dad en la ca­lle es la que el Go­bierno na­cio­nal tie­ne co­mo me­ta: el achi­ca­mien­to del Es­ta­do. Me­ta que ade­más de­be cum­plir co­mo exi­gen­cia del Fon­do Mo­ne­ta­rio In­ter­na­cio­nal (FMI). Por otro la­do, nin­guno de los mé­to­dos im­ple­men­ta­dos por las fuer­zas de se­gu­ri­dad lo­gra­ron fre­nar las pro­tes­tas ca­lle­je­ras: du­ran­te el kirch­ne­ris­mo, la po­lí­ti­ca fue de­jar que la gen­te y las or­ga­ni­za­cio­nes se ma­ni­fes­ta­ran, sin con­trol de las fuer­zas po­li­cia­les. Y si bien una de las pro­me­sas de cam­pa­ña tan­to del Pro co­mo de la Coa­li­ción Cí­vi­ca y Cam­bie­mos fue con­tro­lar los pi­que­tes, es­tá cla­ro que no su­ce­dió.

Los mo­vi­mien­tos pi­que­te­ros y so­cia­les en­tien­den que só­lo en la ca­lle pue­den ha­cer­se vi­si­bles y ob­te­ner be­ne­fi­cios pa­ra sus lu­chas. Así las co­sas, el te­ma es­tá le­jos de re­sol­ver­se. ■

DA­VID FER­NÁN­DEZ

Una postal co­ti­dia­na. En Ca­pi­tal se ter­mi­nó na­tu­ra­li­zan­do in­te­rrum­pir el trán­si­to, ya sea pa­ra pro­tes­tar co­mo pa­ra ce­le­brar un triun­fo o la aper­tu­ra de unos jue­gos.

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