Desc“ubrí que mi ma­ri­do te­nía otra fa­mi­lia ”

Ca­sa­da y con tres hi­jos, Lau­ra te­nía la vi­da so­ña­da. Mauro via­ja­ba mu­cho por tra­ba­jo, ¡y así la pa­re­ja se sal­va­ba de la es­pan­to­sa ru­ti­na! Has­ta que un día se ani­mó a in­da­gar, y des­cu­brió su gran se­cre­to.

ELLE (Argentina) - - HISTORIA -

Soy una pa­lo­ma via­je­ra, pe­ro siem­pre vuel­vo”, me di­jo Mauro cuan­do nos co­no­ci­mos. Vein­te años más tar­de, me di cuen­ta de que ja­más de­be­ría ha­ber acep­ta­do esa for­ma de vi­da. Te­ne­mos tres hi­jos de 7, 12 y 15 años: una fa­mi­lia so­ña­da. Eso pen­sa­ba has­ta que con­fir­mé que él lle­va­ba una do­ble vi­da. Ha­bía for­ma­do un se­gun­do ho­gar en Ro­sa­rio, adon­de iba una vez al mes. De­cía que via­ja­ba por­que allá te­nía clien­tes con los que ne­ce­si­ta­ba re­unir­se, vin­cu­la­do con su es­pe­cia­li­za­ción en agro­ne­go­cios.

Mis ami­gas siem­pre ha­bían en­con­tra­do ex­tra­ño que so­por­ta­ra es­ta pa­re­ja “part-ti­me”. Era una con­vi­ven­cia a medias. Así ha­bía si­do siem­pre el tra­ba­jo de Mauro y yo me ha­bía adap­ta­do. Tan­to que cuan­do vol­vía a ca­sa de sus via­jes a ve­ces me cos­ta­ba que in­ter­vi­nie­ra en la vi­da do­més­ti­ca. Me lle­va­ba unos días lo­grar la ar­mo­nía, pe­ro des­pués to­do se en­ca­mi­na­ba. Nos que­ría­mos.

Un día, me anun­ció que iba a que­dar­se tres se­ma­nas al mes en Ro­sa­rio. Me pa­re­ció ex­tra­ño, no eran cla­ros sus ar­gu­men­tos. Así que hi­ce lo que me prohi­bí du­ran­te años: en­tré en su lap­top. Re­vi­sé car­pe­tas, historial... En Goo­gle fo­tos en­con­tré cap­tu­ras he­chas des­de su ce­lu­lar. Ahí es­tá­ba­mos no­so­tros, en la co­mu­nión de mi so­brino. Bajé el cur­sor y en­se­gui­da apa­re­cie­ron otras... Ha­bía una mu­jer, siem­pre la mis­ma, con un chi­qui­to. En al­gu­nas, Mauro es­ta­ba con ellos. Que hu­bie­ra un ne­ne, al prin­ci­pio, me tran­qui­li­zó. ¿Se­ría la fa­mi­lia de algún clien­te? En­tré a su mail. Na­da es­pe­cial, pu­ros co­rreos de los clien­tes. Pe­ro de­tec­té un re­mi­ten­te es­pe­cial: Natalia (asun­to: Con­sul­ta). Se es­cri­bían des­de ha­cía unos tres años. El co­ra­zón me sal­ta­ba por la bo­ca. El tiem­po pasaba en cá­ma­ra len­ta.

Abrí uno de esos men­sa­jes y no pu­de creer lo que leía.

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