Lily Co­llins Za­pa­ti­llas, cá­ma­ra & ac­ción

Con 16 pe­lí­cu­las, 7 mi­llo­nes de se­gui­do­res en las re­des so­cia­les y un con­tra­to con Lan­cô­me, es una es­tre­lla del ci­ne y la moda. ¿Y ella? Ella cree en el des­tino, ama via­jar, ha­cer fotos, char­lar con otras mu­je­res y, so­bre to­do, sen­tir­se có­mo­da. Keep calm

ELLE (Argentina) - - SUMARIO -

Ha­ce de to­do ¡me­nos can­tar! Aun­que co­mo hi­ja de Phil Co­llins po­dría ha­ber te­ni­do el ca­mino alla­na­do, Lily (28) se ani­mó a bus­car en los ata­jos de su in­te­rior. Cre­ció en­tre Lon­dres y Los An­ge­les. Cuan­do era ado­les­cen­te se con­vir­tió en cro­nis­ta de ELLE Girl y Teen Vo­gue. Des­pués se re­ci­bió de pe­rio­dis­ta, pro­du­jo nue­vas pla­ta­for­mas de co­mu­ni­ca­ción y has­ta es­cri­bió una au­to­bio­gra­fía lle­na de con­fe­sio­nes, Un­fil­te­red.

Co­mo ac­triz lle­va fil­ma­das 16 his­to­rias. Fue una Blan­ca­nie­ves pos­mo­der­na en Es­pe­ji­to, es­pe­ji­to, con Ju­lia Ro­berts co­mo la ma­la del cuen­to; una mi­li­tan­te eco­lo­gis­ta en la aplau­di­da Ok­ja. In­ter­pre­tó a una chi­ca que pa­só por al­go co­no­ci­do por ella: la anore­xia ( Has­ta los hue­sos, con Kea­nu Ree­ves). Hoy pro­ta­go­ni­za una se­rie am­bien­ta­da en los años 30, The last ty­coon, ba­sa­da en la úl­ti­ma no­ve­la que es­cri­bió Scott Fitz­ge­rald.

La prin­ce­sa de las re­des so­cia­les tie­ne ca­si la mis­ma can­ti­dad de se­gui­do­res en Ins­ta­gram que Ma­don­na. Y co­mo a to­da mi­llen­nial que pi­sa fuer­te, el em­po­rio de la be­lle­za la in­vi­tó a ser su em­ba­ja­do­ra. Des­de ha­ce tres años es la ca­ra del L´Ab­so­lu Rou­ge de Lan­cô­me. ELLE ¿QUE CON­SE­JO LE DARIAS A UNA CHI­CA QUE ARRAN­CA EN LA ACTUACION? LILY CO­LLINS Que no acep­te un “No, por­que no es pa­ra vos”. Que lo con­vier­ta en un “No, por aho­ra”. Que no con­si­gas ese tra­ba­jo pun­tual que que­rías no sig­ni­fi­ca que ten­gas que de­jar de bus­car y pe­lear por lo que que­rés. Lo que el des­tino ten­ga pa­ra dar­te ya se va a dar. Ade­más, que te di­gan que no ha­ce que el pri­mer sí sea más es­pe­cial. ELLE CRECISTE EN LON­DRES. ¿HOLLYWOOD TE ENSEÑO AL­GO? L.C. ¡Sí! Apren­dí que es­te ne­go­cio es­tá lleno de al­ti­ba­jos, que es im­pre­de­ci­ble y que pa­ra so­por­tar la in­cer­ti­dum­bre y man­te­ner­se po­si­ti­va es im­por­tan­te re­cor­dar

UN ICONO “Au­drey Hep­burn siem­pre fue una gran ins­pi­ra­ción pa­ra mí. Tie­ne una son­ri­sa con­ta­gio­sa y ema­na luz in­te­rior.”

que las co­sas pa­san por al­go. Qui­zá no en­ten­da­mos el por­qué de in­me­dia­to, pe­ro con pa­cien­cia y de­ter­mi­na­ción lo va­mos a sa­ber. Hay que dis­fru­tar de ca­da mo­men­to y abra­zar el aho­ra por­que to­do pue­de des­apa­re­cer tan rá­pi­do co­mo apa­re­ce. ELLE ¿UN PER­SO­NA­JE ENTRAÑABLE? L.C. Amé in­ter­pre­tar a Blan­ca­nie­ves en Es­pe­ji­to, es­pe­ji­to por­que cre­cí ad­mi­rán­do­la. Te­nía un ves­tua­rio in­creí­ble, tu­ve que apren­der có­mo lu­char con es­pa­das y vi­vir en un mun­do má­gi­co. ELLE ES­TE AÑO GENERO MU­CHO IM­PAC­TO TU PELICULA SO­BRE LA ANORE­XIA. L.C. Mi pa­pel de Ellen en Has­ta los hue­sos fue el más du­ro fí­si­ca­men­te has­ta aho­ra. Tam­bién el más per­so­nal, por­que yo su­frí tras­tor­nos ali­men­ta­rios cuan­do era chi­ca. Tu­ve que ca­var pro­fun­do, re­to­mar las emo­cio­nes y re­cuer­dos que ha­bía es­con­di­do, así vol­ver a en­trar en la men­ta­li­dad de la en­fer­me­dad. Tra­ba­jé con un nu­tri­cio­nis­ta pa­ra per­der pe­so de for­ma se­gu­ra y re­cu­pe­rar­lo des­pués de fil­mar, y me reuní con pro­fe­sio­na­les de la sa­lud pa­ra ha­cer la in­ves­ti­ga­ción ne­ce­sa­ria y en­ten­der me­jor. ELLE EN OK­JA SOS UNA DEFENSORA DEL BIE­NES­TAR ANIMAL. ¿TE GUS­TA DE­JAR MEN­SA­JES? L.C. Eli­jo in­ter­pre­tar a mu­je­res que cre­cen y apren­den so­bre sí mis­mas a lo lar­go de su ca­mino. Ade­más, me ins­pi­ran a co­no­cer­me me­jor. Me im­por­ta que las de mis pa­pe­les ten­gan vo­lun­tad, sean fuer­tes, apa­sio­na­das, im­pla­ca­bles pe­ro tam­bién im­per­fec­tas en sus for­mas. No bus­co dar un men­sa­je pe­ro es un pri­vi­le­gio que mi tra­ba­jo me per­mi­ta ha­cer­lo. ELLE TENES MAS DE 7 MI­LLO­NES DE SE­GUI­DO­RES EN LAS RE­DES SO­CIA­LES... L.C. Es ins­pi­ra­dor. Es in­creí­ble po­der con­ver­sar con chi­cas de to­do el mun­do, com­par­tir mi vi­da y apren­der so­bre ellas. Po­de­mos co­nec­tar, y las ex­pe­rien­cias que in­ter­cam­bia­mos nos tran­qui­li­zan. Nun­ca es­ta­mos so­las. To­das pa­sa­mos por las mis­mas co­sas y una vez que nos abri­mos po­de­mos cons­truir juntas. Te­ne­mos voz y es im­por­tan­te que la use­mos.

ECLECTIC CHIC

ELLE LOS DI­SE­ÑA­DO­RES TAMBIEN TE AMAN. ¿QUE ES LO QUE MAS TE GUS­TA DE LA MODA? L.C. Mi es­ti­lo es­tá en cons­tan­te evo­lu­ción. En los úl­ti­mos años arries­gué con nue­vos looks y me en­can­ta su­mar to­ques vin­ta­ge. Es­toy in­fluen­cia­da por el vie­jo Hollywood por mis raí­ces bri­tá­ni­cas. Di­ría que me gus­ta el eclectic chic, mien­tras me vea fres­ca y re­la­ja­da. Es im­por­tan­te di­ver­tir­se con la moda por­que es una for­ma de ex­pre­sión. ELLE ¿CO­MO TE PREPARAS PA­RA LA AL­FOM­BRA RO­JA? ESAS FOTOS DAN LA VUEL­TA AL MUN­DO. L.C. Ten­go dos es­ti­lis­tas que son in­creí­bles, Rob Zan­gar­di y Ma­riel Haenn. Ellos siem­pre me ani­man a sa­lir de mi zo­na de con­fort. ELLE ¿CO­MO ES SER EM­BA­JA­DO­RA DE LAN­CÔ­ME? L.C. Un gran ho­nor. Me ayu­da a en­con­trar mi bri­llo na­tu­ral y mi be­lle­za in­te­rior. Ca­da vez me ani­mo más a acep­tar­me a mí mis­ma y a vi­vir la vi­da al má­xi­mo. Ade­más, me per­mi­te via­jar a lu­ga­res en los que nun­ca ha­bía es­ta­do y ex­pe­ri­men­tar qué sig­ni­fi­ca la be­lle­za en ca­da cul­tu­ra, pa­ra sus co­mu­ni­da­des. ELLE ADORAMOS TUS BITACORAS DE VIA­JE EN INS­TA­GRAM. ¿CUA­LES SON TUS SECRETOS PA­RA UNA ESTADIA SOÑADA? L.C. Es­tar abier­ta, fluir. Creo que así lle­gan los mo­men­tos má­gi­cos. ¿Mis im­pres­cin­di­bles? Una cá­ma­ra de fotos y za­pa­tos có­mo­dos. An­tes de via­jar ave­ri­guo qué lu­ga­res ten­go que visitar, dón­de co­mer... ¡No me quie­ro per­der na­da! ELLE CON DIEZ AÑOS MAS TE IMAGINAS... L.C. Es­pe­ro se­guir desafián­do­me tan­to en el tra­ba­jo co­mo en lo ín­ti­mo. Oja­lá si­ga in­ter­pre­tan­do ro­les que me em­pu­jen y si­gan en­se­ñán­do­me so­bre mí mis­ma. Tam­bién me gus­ta­ría te­ner una fa­mi­lia pro­pia. ¡Y no aguan­to las ga­nas de ser ma­má!

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