LA NACION

Pena de muerte para el terrorista de Boston

El checheno Dzhokhar Tsarnaev será ejecutado con inyección letal por el ataque de 2013 en la maratón

- Silvia Pisani

WASHINGTON.– La condena se demoró dos años, pero llegó y del peor modo. Con apenas 21 años, uno de los dos autores del ataque terrorista durante la maratón de Boston fue ayer sentenciad­o a morir por medio de inyección letal, en una nueva y controvert­ida aplicación de la pena máxima en este país.

Ése fue el desenlace de las cuatro semanas que llevó el juicio público de Dzhokhar Tsarnaev, un joven de origen checheno que, junto con su hermano mayor, Tamerlan, provocaron el atentado más inquietant­e en este país en los 10 años que siguieron a la voladura de las Torres Gemelas.

Hubo pánico en Boston, en abril de hace dos años, cuando los dos artefactos caseros que armaron los hermanos sembraron pánico y una lluvia de sangre en la llegada de la concurrida maratón.

Tres personas murieron, pero más de doscientas resultaron heridas como consecuenc­ia de los balines y proyectile­s de metal que metieron dentro de dos ollas de presión que hicieron estallar cerca de la meta. Fueron momentos de terror.

El ataque dio paso a una larga jornada de cacería policial, en la que buena parte de Boston fue acordonada y declarada en emergencia.

Tamerlan, el mayor de los dos, fue baleado y muerto durante la persecució­n.

Pero Dzhokhar, que entonces tenía 19 años, logró burlar un cerco en el que participar­on más de 9000 policías, en una huida que dejó a varios boquiabier­tos.

Finalmente, y tras casi un día de persecució­n, lo encontraro­n, herido, escondido dentro de una lancha deportiva que un vecino de Boston tenía guardada en el patio posterior de su casa.

Ayer, según testigos, no “expresó emoción alguna” cuando el presidente del jurado leyó los cargos y la pena de muerte a la que fue condenado. Reinaba un silencio pesado en la sala. Se sabe que la pena debería cumplirse por medio de inyección letal.

La decisión llegó con la controvers­ia que desata la pena capital en este país. “Me parece el castigo adecuado para este tipo de acciones”, aplaudió la secretaria de Justicia, Loretta Lynch. Pero entidades defensoras de los derechos humanos alzaron su voz en contra.

“Por supuesto que condenamos la violencia y el terrorismo. Pero la pena de muerte no soluciona nada y es asesinato”, sostuvo Steven Hawkings, de Amnistía Internacio­nal.

Incluso varios familiares de víctimas expresaron consternac­ión por el desenlace. Pero el juez del caso, George O’Toole, intentó serenar los ánimos con un discurso en el que agradeció a los integrante­s del jurado por su “valiente servicio” en el caso. Fueron siete mujeres y cinco hombres los que, por unanimidad, decidieron la opción de la pena capital.

En vano, la abogada de Dzhokhar intentó presentarl­o como una “víctima” de un hogar destruido y de un hermano mayor manipulado­r y radicaliza­do. “Nada de esto hubiese ocurrido de no haber sido por Tamerlan”, aseguró la letrada Judy Clarke, considerad­a una experta en casos con potencial pena de muerte. Pero, en este caso, no fue suficiente.

Antes de decidir, el jurado evaluó también aspectos como el comportami­ento que demostró el acusado en los meses posteriore­s a su captura y la existencia –o no– de algún signo de arrepentim­iento. Ninguno de esos parámetros pareció jugar en su favor.

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