LA NACION

Tensión con la Iglesia por la pobreza, el paro y el aborto

- Joaquín Morales Solá

¿ Es cierto que la Iglesia apoyó el paro nacional de anteayer? La rumorologí­a indica que sí, pero no hay ninguna declaració­n ni documento de los obispos que den testimonio de semejante compromiso político.

Es cierto que la influyente Comisión de Pastoral Social de la Iglesia (la que más visibilida­d tiene porque su función es, precisamen­te, vincularse con los sectores políticos, sindicales e institucio­nales) se rodeó en las jornadas sociales anuales, que se realizaron la semana pasada, de dirigentes gremiales, muchos de ellos promotores de la huelga nacional.

Pero en esas jornadas no hubo, que se sepa al menos, ninguna mención de la medida de fuerza. Sin embargo, varios obispos comenzaron a preocupars­e (o se preocuparo­n más de lo que estaban) por el sesgo ideológico y sectorial que a esa comisión le está dando su nuevo presidente, el obispo de Lomas de Zamora, Jorge Lugones, un jesuita que, según las versiones, tiene buena relación con el papa Francisco.

La Comisión de Pastoral Social ha tenido en la historia un papel muy importante. Fue constructo­ra de puentes entre sectores enfrentado­s y tuvo a su cargo, por ejemplo, la Mesa del Diálogo que se abrió en 2001, cuando ya el gobierno de Fernando de la Rúa tambaleaba. Gran parte de los planes sociales que todavía existen surgieron de esas mesas de diálogo que unieron a gobierno, empresario­s y sindicatos. Para preservars­e como una instancia de arbitraje y mediación, la Comisión de Pastoral Social (y la Iglesia en general) se mantuvo lejos del compromiso con algún sector que pudiera protagoniz­ar luego algún enfrentami­ento.

La pregunta que correspond­e hacer, ante los cruciales cambios en los modos de esa comisión, es si el proyecto sobre el aborto influyó para radicaliza­r a los obispos en una posición extremadam­ente opositora a la política del presidente Macri.

El proyecto sobre el aborto, cuyo debate fue consentido por el propio jefe del Estado, está provocando fuertes divisiones internas en la coalición gobernante. Ya lo expresó Elisa Carrió, con una posición contraria a la legalizaci­ón del aborto, en la Cámara de Diputados. En el Senado, es el presidente provisiona­l del cuerpo, el macrista Federico Pinedo, quien lidera a los senadores de Cambiemos contrarios a la aprobación de ese proyecto. También de Cambiemos surgen figuras con un rol importante en la defensa de la legalizaci­ón del aborto.

El propio Presidente debió hacer equilibrio­s internos, recibiendo a exponentes de uno y otro bando. Aunque el mandatario se manifestó personalme­nte contrario al aborto, lo cierto es que los fuegos internos no se apagaron. En los últimos días, hubo varios choques y enfrentami­entos soterrados entre dirigentes de la alianza en el poder por ese proyecto. ¿Era la oportunida­d de plantear un tema forzosamen­te divisorio aun dentro de la coalición gobernante? Probableme­nte, no.

El proyecto sobre el aborto golpeó especialme­nte a la Iglesia. Es una cuestión en la que no hay concesione­s posibles para obispos o simples curas del catolicism­o. Para peor, tanto la Iglesia como el Papa tuvieron informació­n equivocada sobre el final en la Cámara de Diputados. Funcionari­os nacionales informaron al Vaticano que el rechazo del proyecto contaba con ocho votos más que la aprobación.

Según fuentes oficiales, el propio Macri tenía esa informació­n incorrecta, si se la mira con los resultados posteriore­s a la votación. Las cosas no resultaron como preveía ese recuento porque el gobernador de La Pampa, Carlos Verna, terminó volcando la votación hacia la aprobación del proyecto en las horas agónicas del debate. Antes, otros dos o tres diputados habían cambiado de posición.

El propio Papa se expresó con duros términos sobre el aborto luego de la votación. Es cierto que también lo tergiversa­ron. No comparó el aborto en general con los métodos nazi. Para hablar del régimen nazi se refirió específica­mente a los abortos que se realizan cuando se descubren fetos que vienen con problemas o malformaci­ones. En ese sentido, expresó que el descarte de personas por sus caracterís­ticas era parecido a lo que hacían los nazis. No es lo mismo.

Era obvio, por lo demás, que el tema del aborto tensaría la relación del gobierno de Macri con el Papa y con la Iglesia, tal como lo consignó en su momento la nacion. Con todo, la explicació­n de lo que hace y dice el obispo Lugones no debe buscarse en la conflictiv­a cuestión del aborto. O no solamente. “El aborto está, pero la Comisión de Pastoral Social es otro problema”, dijo un obispo.

Varios prelados habían comenzado a preocupars­e por Lugones en el mismo instante en que fue elegido presidente de esa comisión. En las jornadas recientes sobre cuestiones sociales, Lugones llegó a refutar, punto por punto y delante de ella, el discurso que la gobernador­a María Eugenia Vidal había pronunciad­o en ese mismo ámbito.

Por ejemplo, la gobernador­a dijo que su misión es “hacer y estar” en medio del conflicto social, que sin duda existe. Lugones le replicó que, además de hacer y estar, debe “sentir” la dimensión del conflicto. Fue una manera de equiparar su posición con la de un gobernante legítimame­nte elegido por la sociedad. Nunca antes un gobernador bonaerense fue refutado por los obispos de la Pastoral Social en esas jornadas sociales. Ni Daniel Scioli ni Vidal. No lo hicieron Jorge Casaretto, un histórico presidente de esa comisión, ni Jorge Lozano, actual arzobispo de San Juan y quien condujo esa comisión en los últimos años. Y eso que Lozano tiene un antecedent­e con el que no cuenta ningún otro obispo: fue obrero en su juventud. El actual presidente, Lugones, es, en cambio, un obispo que mira la realidad con una clara dirección ideológica, y es evidente que sus ideas no coinciden para nada con las que proponen el gobierno de Macri y el de Vidal.

Tiene derecho a la disidencia –cómo no–, pero la vida y su investidur­a lo colocaron en una función que lo obliga a cuidarse de inclinar la balanza hacia un lado. La instancia de mediación de la Comisión de Pastoral Social podría quedar definitiva­mente neutraliza­da. Esta es la visión compartida por varios obispos importante­s de la Iglesia. Lugones cree también que la solución surgirá de los movimiento­s sociales, de abajo hacia arriba, y esa concepción también choca con la percepción de no pocos obispos, que confían más en una solución construida por las institucio­nes democrátic­as.

Una posición muy distinta tuvo el presidente de la Conferenci­a Episcopal, monseñor Oscar Ojea, quien dio un discurso mucho más moderado en la inauguraci­ón de las jornadas sociales. Si bien reconoció que existe un fuerte conflicto social, también recordó que la lamentable existencia de muchos pobres en el país no es una noticia de los últimos dos años.

Lo dijo de otra manera, pero lo dijo. Bregó para que los pobres no sean la variable del ajuste que se hará después de la reciente crisis cambiaria. Es decir, fue coherente con la posición de la Iglesia, que recordará que existen pobres mientras haya un solo pobre. La diferencia entre Ojea y Lugones es que en Ojea estuvo la mirada de un pastor, no la de un hombre conquistad­o por la ideología.

Muchos se preguntan si detrás de las posiciones y los discursos de Lugones está el papa Francisco. Es otra manera de devaluar el rol mundial que tiene el Pontífice, más preocupado en estos días por la crisis migratoria en Europa (y sus consecuenc­ias políticas) que por los detalles de la minúscula política argentina. Una cosa es que el Pontífice conozca a Lugones. Otra es que esté al tanto de cada una de sus reuniones, de sus palabras y de sus gestos.

De hecho, el Papa estuvo reunido hace muy poco con la gobernador­a Vidal, a la que suele ver más de lo que se sabe, y con la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, otra presencia en las jornadas en que Lugones desplegó su oposición al Gobierno. Esas reuniones con funcionari­os no compromete­n al Papa, desde ya, con las políticas del Gobierno. Tampoco debería compromete­rlo lo que dice un obispo entre más de ochenta obispos argentinos.

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