LA NACION

Podemos repetir lo que hicimos en defensa

Tras el préstamo por el Halcón, el volante confía en que junto con el director técnico Beccacece replicarán el rendimient­o que alcanzó el club de Varela

- Texto Rodolfo Chisleansc­hi / Foto Santiago Hafford para la nacion

El fútbol, cada tanto, ofrece hechos que parecen escaparse de la lógica. Lo que ocurre con Domingo Blanco es un buen ejemplo. Su foja de servicios vistiendo la camiseta de Independie­nte es bastante escuálida. Desde su debut en abril de

2016 hasta su última aparición en el equipo, en diciembre de 2017, sumó solo 13 partidos, ninguno completo. No marcó goles, no dio asistencia­s. A mediados de

2018 se fue silenciosa­mente a préstamo a Defensa y Justicia. Entonces, los hinchas apenas prestaron atención a su marcha, y sin embargo ahora, un año más tarde, esos mismos hinchas celebran su regreso como el de un hijo pródigo, con la ilusión de disfrutar de una estrella que no supieron ver. ‘Mingo’ Blanco, 24 años, nacido en Río Grande (Tierra del Fuego) pero criado en Punta Alta, desanda el camino y retorna al Rojo envuelto en un aura diferente, con otras expectativ­as. También con otras exigencias.

–¿Esperabas regresar de esta manera?

–La verdad es que sí me imaginé algo así porque mi idea siempre fue volver a ponerme la camiseta de Independie­nte. De hecho, yo no quería irme porque estaba muy bien en el club y pasé un mal momento cuando me dijeron lo del préstamo. Después lo hablé con mi familia, lo pensamos bien y llegamos a la conclusión de que sumar minutos en Defensa y Justicia era lo mejor. Gracias a Dios salió bien y acá estoy otra vez.

–¿Por qué te fue tan bien en Defensa?

–Por la continuida­d. Ahí tuve el rodaje que necesita cualquier jugador para agarrar confianza, mostrarse y jugar como sabe. También influyó mucho el técnico. Con Sebas [Beccacece] aprendí mucho y lo sigo haciendo cada día. Él supo darse cuenta en qué lugar de la cancha podía dar todo mi potencial y explotar mis condicione­s.

–¿Puede ser que el hincha de Independie­nte nunca llegara a saber cuál era tu posición?

–Sí, puede ser porque en algunos partidos jugué en posiciones en las que no estaba acostumbra­do. Lo que pasa es que si el técnico te necesita y uno cree que puede hacer lo que le piden, va y acepta. Yo le estoy muy agradecido a Ariel Holan por abrirme las puertas de la Primera y llevarme a entrenar con ellos, aunque después la verdad es que no me salieron buenos partidos. También es difícil hacerlo bien jugando una vez por mes, pero entiendo que teníamos un gran equipo y era medio complicado entrar en ese momento.

–¿Y ahora cómo te definís: volante interno por la derecha, doble 5, volante por afuera?

–Mi posición clásica era la de enganche, jugar por el medio, más adelante que un doble 5. Lo que pasa que hoy en día casi nadie juega así y como puedo adaptarme rápido a distintos puestos, fui cambiando. Hubo un momento que me gustaba mucho moverme por la izquierda, de volante o carrilero. Ahora la posición que me encontró Sebas, del medio hacia la derecha, me viene muy bien.

El nombre de Sebastián Beccacece aparece una y otra vez en la charla. El técnico rosarino es, sin duda, el gran valedor del pibe que llegó a las inferiores del Rojo en 2015 provenient­e de Olimpo y ahora regresa avalado nada menos que por el responsabl­e del equipo.

–Hace algunas semanas dijiste que Beccacece era un “loquito lindo”, ¿por qué?

–Por la intensidad con la que vive lo que hace. Es muy especial. Hay momentos en que te hace reír con las cosas que dice o que hace.

–Da la sensación de ser muy cercano a los jugadores.

–Es una persona muy simple, igual que todo el cuerpo técnico. Más allá de que seamos jugadores, piensan siempre en nosotros como personas y basan su trabajo en armar primero un buen grupo humano para después llegar a armar un gran equipo. –Independie­nte y Defensa y Justicia son clubes muy diferentes. Ya estuviste en los dos. ¿Pensás que Beccacece puede repetir el éxito que tuvo en Varela? –Sebastián está acá por algo y creo que se puede lograr un rendimient­o parecido al que conseguimo­s en Defensa, donde estábamos todos comprometi­dos y contentos detrás de una idea y moríamos con esa. Es cuestión de que todos aportemos nuestro granito de arena, nuestro sacrificio y estemos enfocados en lo que queremos. Para mí la voluntad, la pasión y el amor que cada uno tiene que dejar por la camiseta es muy importante y veo al grupo muy ilusionado, muy comprometi­do, con muchas ganas de arrancar y de pelear todos los torneos.

–Hablás de sacrificio, de compromiso, de voluntad. ¿Qué queda del espíritu del potrero en un jugador de Primera?

–Creo que hay momentos en que se puede mantener. Hacemos lo que nos gusta, practicamo­s el deporte más lindo que existe y no hay nada más lindo que jugar con los amigos. Personalme­nte es lo que trato, tomando siempre algunos recaudos, porque pasarlo bien no es tirar un caño atrás de mitad de cancha. Los técnicos como Holan o Sebastián te hablan de eso, de volver a ser chicos y pasarla bien con tus compañeros, de recuperar el potrero. Después, la verdad es que son más los momentos en los que cumplís obligacion­es que los que hay para divertirse. –Compartist­e unos días con Messi en la selección, ¿te parece que entra en la cancha a disfrutar o a cumplir obligacion­es? –A disfrutar. Con las responsabi­lidades que todos tenemos, pero sale a divertirse y a jugar. Eso se refleja en cada partido. Lo ves en el Barcelona y siempre está sonriendo con sus compañeros, ahí se demuestra que lo pasan bien jugando al fútbol.

–¿Qué te dejó el paso por la selección?

–Fue una experienci­a lindísima. Nunca me voy a olvidar del día que me convocaron. Me pasaron tantas cosas por la cabeza, todos los recuerdos de cuando era chico. La alegría que sentí en ese momento es imposible de explicar. Representa­r a tu país es lo máximo que te puede pasar. Estoy enfocado en Independie­nte y ojalá que pueda agarrar la titularida­d, entre otras cosas porque quiero volver a la selección.

–¿Y para hacer tu primer gol en Primera falta mucho?

–¡Espero que no! Es algo que ya me pasaba de chico: yo hacía toda la jugada y la terminaba empujando un compañero. No me vuelve loco el tema, siempre me preocupa más cumplir con lo que el equipo necesita de mí, ¡pero tengo unas ganas de embocarla de una buena vez!

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