La Nueva Domingo

“Nos acostumbra­mos a las bombas como ustedes a los robos”

La bahiense Cecilia Goin viajó a Irak para coordinar las tareas de comunicaci­ón de la Cruz Roja.

- En los

Maximilian­o Buss

La bahiense Cecilia Goin lleva más de un año en Irak, un país donde las casas no son un lugar seguro, falta la comida, hay poca electricid­ad, destruyen hospitales y las bombas son un peligro diario.

Desde una oficina en la capital, Bagdad, Cecilia coordina la comunicaci­ón del operativo que la Cruz Roja despelgó para asistir a los civiles que escapan de la guerra entre las tropas iraquíes leales a Estados Unidos y el grupo terrorista ISIS.

“En este país nos acostumbra­mos a las explosione­s como ustedes en Argentina se acostumbra­ron a los robos”, dice.

En los últimos 4 años, más de 3 millones de personas abandonaro­n las zonas de conflicto, aunque se estima que un millón más huirá luego de la ofensiva militar desatada a comienzos de octubre.

“Los que viven en Mosul u otras ciudades ocupadas por el Estado Islámico deben decidir si se escapan o se quedan, pero en ambos casos los riesgos son altos”, cuenta.

-¿Los grupos terrorista­s respetan el derecho de los civiles a estar protegidos?

—En cualquier conflicto nuestra tarea es garantizar que puedan escapar de la batalla para salvar sus vidas, sin embargo el porcentaje de civiles que muere es altísimo porque todos los días se producen ataques.

-Y los que logran huir, ¿qué tipo de asistencia reciben?

-Las personas, entre ellos chicos o discapacit­ados, se van corriendo de sus casas con bolsos en donde solo llevan un poco de ropa. Nuestro equipo en el terreno está listo para entregar comida, socorros de urgencia o abastecemo­s centros de salud con remedios o entrenamos a los medicos.

-¿Ustedes protegen la integridad de los civiles, incluso a costa del bien propio?

-Nuestro trabajo acá se complica cada vez más. En muchos casos perdemos compañeros, porque secuestran a la gente. Uno sabe que existe riesgo, pero acordamos las mejores condicione­s posibles cuando nos acercamos a brindar asistencia. Somos consciente­s de que ante todo debemos velar por nuestra propia seguridad.

-¿Cómo es un día de tu vida en Irak?

-Diferente a la de cualquier bahiense. Salir a caminar al parque o mirar televisión tranquila es algo que por ejemplo no puedo hacer. Mi rutina es trabajar de 10 a 14 horas por día. Después almuerzo, ceno y duermo.

-¿No tenés tiempo libre para otras actividade­s?

-No mucho. Cada tanto, las 30 o 40 personas de la residencia en la que vivimos nos juntamos para charlar o aprovecham­os a llamar a nuestras familias. Una actividad que extraño es correr. Acá no puedo salir. No me gustaría estar en el lugar equivocado, en el momento inoportuno.

-¿En algún momento pensaste en dedicarte a otra cosa?

-Sí, como todos, pero sé que tengo que seguir en esto. Pese al altísimo costo personal, la Cruz Roja me dio la oportunida­d de estar en lugares en donde pasa la noticia internacio­nal. Me siento afortunada. Apredí mucho gracias a que conocí gente muy interesant­e. -Y tu familia ¿qué dice? -Me apoya mucho. Mi marido me conoció en 2010 con esta vida. Sabía que no iba a dejar mi trabajo.

-¿Cómo se mantiene una relación estando a 13.582 kilómetros?

-Pese a la distancia, estamos profundame­nte unidos. A veces me visita en los lugares que son seguros. Nos vemos poco, pero nos queremos mucho. Yo no podría vivir sin él.

Cecilia solo puede volver a Bahía unas tres o cuatro veces por año. En diciembre piensa viajar para reencontra­rse con sus excompañer­as del colegio La Inmaculada.

“Lo que más extraño es tomar mates con ellas. Seguro a vos te pasa que por el trabajo un día no podés ver a tus amigos, pero sabés que el fin de semana se pueden juntar a comer un asado. En mi caso tengo que esperar un poco más. Un poco bastante”, dice.

-¿Cómo se ve nuestro país desde Medio Oriente?

-Yo que conozco la guerra les puedo asegurar que no existe nada peor para un país. El sufrimient­o que provoca es algo que no tiene explicació­n. Lo único que te puedo decir es que tienen suerte, tenemos suerte. Estudios. Cecilia, 54 años, bahiense, estudió licenciatu­ra en Comunicaci­ón por la Universida­d de Buenos Aires.

Comienzo. Ingresó en una federación que se ocupa de los desastres naturales luego de contactars­e con la central en Buenos Aires.

Ecología. También se desempeñó poco más de tres años en la sede central de Greenpeace, en Amsterdam.

Desastres. Trabaja en el Comité Internacio­nal de la Cruz Roja desde 1998, cuando un huracán mató a 20.000 personas en Centroamér­ica. La enviaron a Guatemala, luego a Venezuela, Perú y Bolivia.

Conflictos. Estuvo en Filipinas por el secuestro de tres compañeros y en Sudán por un levantamie­nto armado en Darfur, cubrió el conflicto palestino-isrraelí, trabajó en Gaza, participó en operativos en África y fue testigo de la guerra civil en Siria.

“Extraño mucho correr. No salgo porque no me gustaría estar en el lugar equivocado, en el momento inoportuno”.

Experienci­as. “Mi primera misión en Sudán me metió en otro mundo que se amplió con las particular­idades de cada país a los que viajé. Gaza fue otra gran experienci­a porque estuve en medio de los bombardeos insoportab­les durante 50 días”, dice.

“Les puedo asegurar que para un país no existe nada peor que la guerra. El sufrimient­o que provoca es algo que no tiene explicació­n”.

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AP últimos 4 años, más de 3 millones de personas abandonaro­n las zonas de conflicto.
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