El co­mu­nis­mo y el pro­yec­to con­so­li­da­do de Chá­vez

La le­che no lle­ga a Ve­ne­zue­la y los ni­ños to­man una “be­bi­da lác­tea”, que se ase­me­ja al sue­ro pa­ra ha­cer que­so.

La Nueva Domingo - - DOMINGO. HISTORIAS DE VIDA -

La Is­la Mar­ga­ri­ta so­lía ser unos de los des­ti­nos más pro­mo­cio­na­dos de Ve­ne­zue­la. Aho­ra, en los gran­des ho­te­les, los ni­ños le piden a los tu­ris­tas la co­mi­da que les so­bra. Los res­tau­ran­tes ti­ran los res­tos a la ca­lle y la gen­te se po­ne a co­mer jun­to con los pe­rros.

"So­lían lle­gar en­tre 500 y 600 cru­ce­ros al puer­to. En seis años lo des­tru­ye­ron, no hay más cru­ce­ros. Las em­pre­sas de ha­ri­na, le­che, to­das fue­ron ex­pro­pia­das y li­qui­da­das. Los ni­ños to­man una le­che que man­da Mé­xi­co pa­ra las ca­jas so­li­da­rias que re­par­te el Go­bierno que no tie­ne ni la cuar­ta par­te de nu­trien­tes que di­ce el em­pa­que", di­ce Ca­ro­li­na.

El suel­do mí­ni­mo de un tra­ba­ja­dor ve­ne­zo­lano ron­da en­tre los 3 o 3,50 dó­la­res. Un ki­lo de car­ne sa­le 6,80 dó­la­res y un pa­que­te de pa­ña­les te lo pue­den co­brar de 2 a 5 dó­la­res, de­pen­de la can­ti­dad.

"Tres y 3,50 es el mí­ni­mo real, en dó­la­res. Los go­ber­nan­tes di­cen que no exis­te el do­lar ne­gro (lo que era acá el dólar blue) pe­ro re­sul­ta que to­da la eco­no­mía se ri­ge por ese dólar ne­gro. Por­que el pa­que­te cues­ta 4 dó­la­res en el mer­ca­do mun­dial, pe­ro tu ga­nas 3,50", ejem­pli­fi­ca Je­sús.

“Ese es el go­bierno que su­po ges­tar Chá­vez. To­dos los po­de­res son cha­vis­tas, vi­vi­mos la con­so­li­da­ción de su pro­yec­to. ¿Pe­ro sa­bes qué es lo que me da más mie­do? Sa­ber que es el co­mu­nis­mo el que es­tá des­tro­zan­do a Amé­ri­ca La­ti­na a tra­vés de es­tas per­so­nas que es­tán pues­tas allí pa­ra ma­ni­pu­lar a la gen­te, que to­da­vía no se ha da­do cuen­ta de que es­te pro­yec­to no es via­ble pa­ra un fu­tu­ro prós­pe­ro”.

Quien lle­gó aquí tam­bién es­ca­pan­do de esa si­tua­ción es Ro­dol­fo Cres­po, de 45 años.

El es ori­gi­na­rio de La Guay­ra y tam­bién lle­gó aBahía Blan­ca bus­can­do una me­jor vi­da pa­ra su fa­mi­lia.

Tra­ba­jó to­da su vi­da en una em­pre­sa de amo­bla­mien­tos, car­pin­te­ría y ejer­cien­do el ofi­cio que apren­dió de plo­me­ro y elec­tri­cis­ta.

"En abril del 2016 vi­ne por pri­me­ra vez aquí pa­ra ver có­mo era la ciu­dad. Pa­na­má, Co­lom­bia, Do­mi­ni­ca­na y Ar­gen­ti­na eran las op­cio­nes pa­ra ins­ta­lar­se a vi­vir por­que la si­tua­ción en Ve­ne­zue­la ya era in­sos­te­ni­ble. Un com­pa­ñe­ro me ha­bló de Bahía Blan­ca y la vi­ni­mos a co­no­cer".

El mo­men­to de la de­ci­sión lle­gó cuan­do en un fin de semana le des­man­te­la­ron la ofi­ci­na los la­dro­nes, lle­ván­do­se to­do lo que pu­die­ron. Ya era la se­gun­da vez que le ro­ba­ban y lo de­ja­ron en ce­ro, has­ta la ma­qui­na­ria le lle­va­ron.

"Ha­blé con mi es­po­sa e hi­ja -Ca­mi­la, de 8 años- y ha­ce un año y tres me­ses que ya es­ta­mos vi­vien­do en Bahía. Los ni­ños son los que más fá­cil se adap­tan a los cam­bios, ya me ha­bla en ar­gen­tino y a ve­ces has­ta no le en­tien­do", re­la­ta en­tre ri­sas.

"Nos gus­ta de Bahía su tran­qui­li­dad. La re­co­rri­mos bien, tie­nen un McDo­nalds, un shop­ping (aun­que muy chi­co, di­ce) y muy cer­ca dos lu­ga­res muy be­llos co­mo son Mon­te Her­mo­so y Sie­rra de la Ven­ta­na", cuen­ta.

Ro­dol­fo des­ta­ca ade­más la ex­ce­len­te re­cep­ti­vi­dad de los ar­gen­ti­nos.

"La aten­ción en el Hos­pi­tal Pen­na es muy bue­na, los po­cos que nos ha­yan tra­ta­do mal no tie­nen com­pa­ra­ción con to­dos los de­más que nos ha­cen sen­tir co­mo en ca­sa".

Kah­trin Me­lin­ger tie­ne un blog “Una ve­ne­zo­la­na en Bahía Blan­ca” y www.ve­ne­zo­la­no­sen­bahia.com, Fa­ce­book “ve­ne­zo­la­nos en Bahía”.

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