De es­treno

Paul Rudd es el Hom­bre Hor­mi­ga

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Se di­ce que el pa­pel de Paul Rudd no es uno de los más gran­des de su ca­rre­ra. De he­cho, ca­si con to­da cer­te­za, es el más pe­que­ño que ha­ya he­cho. El es el pro­ta­go­nis­ta de la pe­lí­cu­la El Hom­bre Hor

mi­ga, un su­per­hé­roe que se en­co­ge de ta­ma­ño pa­ra com­ba­tir al cri­men.

“Cuan­do me se­lec­cio­na­ron pa­ra in­ter­pre­tar al pro­ta­go­nis­ta, la ma­yo­ría de la gen­te no lo po­día creer”, se­ña­ló Rudd, más co­no­ci­do por sus ro­les en co­me­dias.

“Des­pués lle­gué a ca­sa y le co­mu­ni­qué a mi hi­jo de nue­ve años que iba a in­ter­pre­tar a un su­per­hé­roe. Me di­jo que yo no te­nía on­da pa­ra ser El Hom­bre Hor­mi­ga”, ad­mi­tió el ac­tor.

Pe­ro ver pa­ra creer, el jo­ven Jack Rudd ha cam­bia­do de opi­nión.

“Eso es lo que me en­can­ta de es­te pa­pel”, di­jo el ac­tor de 46 años de edad. “Cuan­do mi hi­jo vio la ver­sión pre­li­mi­nar, que­dó asom­bra­do. La ex­pre­sión de su ros­tro al ver la cin­ta fue la me­jor crí­ti­ca. Cuan­do se en­cen­die­ron las lu­ces, es­cu­ché `¡Pa­pá, eso es­tu­vo sen­sa­cio­nal!´”

Rudd in­ter­pre­ta a Scott Lang, un la­drón y es­ta­fa­dor in­sig­ni­fi­can­te que es re­clu­ta­do por el maes­tro cien­tí­fi­co, el doc­tor Hank Pym (Mi­chael Dou­glas), pa­ra que lle­ve a ca­bo un ro­bo pa­ra sal­var al mun­do.

Lang se mues­tra es­cép­ti­co al prin­ci­pio, aun­que de­be en­con­trar su pro­pio hé­roe in­terno pa­ra rea­li­zar su mi­sión y pro­te­ger a su hi­ja de los ti­pos ma­los.

Tie­ne la ha­bi­li­dad de en­co­ger­se pa­ra in­cre­men­tar su fuer­za gra­cias a un tra­je es­pe­cial, con el que ayu­da a Pym a pro­te­ger el se­cre­to de es­ta ar­ma­du­ra.

Ba­sa­da en un cómic de Mar­vel, la pe­lí­cu­la tam­bién cuen­ta con la par­ti­ci­pa­ción de Judy Greer, Evan­ge­li­ne Lilly y Co­rey Stoll.

La res­pues­ta en In­ter­net a la de­sig­na­ción de Rudd co­mo El Hom­bre Hor­mi­ga re­sul­tó

com­pren­si­ble, ya que él no es el clá­si­co su­per­hé­roe del ci­ne. Y eso, co­mo di­jo el di­rec­tor Pey­ton Reed, era pre­ci­sa­men­te el ob­je­ti­vo.

"Es una pe­lí­cu­la bas­tan­te ra­ra en un sen­ti­do sen­sa­cio­nal", ex­pli­có Reed. "Ne­ce­si­tá­ba­mos que nues­tro hé­roe tu­vie­ra la ca­pa­ci­dad de ser gra­cio­so y ru­do. Paul Rudd es­tu­vo per­fec­to".

El ac­tor apre­ció que el fil­me no gi­ra­ra ex­clu­si­va­men­te en torno de pi­rue­tas acro­bá­ti­cas pa­ra sal­var al mun­do.

"Más que na­da, la mo­ti­va­ción de Scott Lang pa­ra po­ner­se el tra­je de El Hom­bre Hor­mi­ga es ayu­dar a su hi­ja", sos­tu­vo. "Pa­ra mí, la pe­lí­cu­la de­pen­de de esa re­la­ción".

Ese as­pec­to de la his­to­ria le lle­gó fá­cil­men­te a Rudd, quien es­tá ca­sa­do con Julie Yae­ger y es pa­dre de Jack Darby, de cin­co años.

"Po­de­mos te­ner una pe­lí­cu­la con efec­tos ma­ra­vi­llo­sos o con mu­cho hu­mor, pe­ro la idea de una re­la­ción pa­dre-hi­ja me lle­gó a un pun­to emo­cio­nal. Es en lo que yo pen­sa­ba al ro­dar ca­da es­ce­na", ase­gu­ró.

Hé­roe tra­di­cio­nal

El Hom­bre Hor­mi­ga es uno de los per­so­na­jes de Mar­vel de más lar­ga tra­di­ción, ha­bien­do si­do uno de Los Ven­ga­do­res ori­gi­na­les, pe­ro nun­ca ha si­do uno de los más po­pu­la­res.

No sien­do ex­per­to en có­mics, Rudd ad­mi­tió que el nom­bre fue nue­vo pa­ra él.

"De chi­co ni si­quie­ra co­no­cí al per­so­na­je. Por eso, an­tes de em­pe­zar a fil­mar, me leí to­dos los có­mics y tra­té de in­ves­ti­gar un po­co. Mi me­ta era me­ter­me en la men­ta­li- dad de El Hom­bre Hor­mi­ga lo más rá­pi­do po­si­ble".

Rudd tam­bién qui­so me­ter­se en la con­di­ción fí­si­ca del su­per­hé­roe, lo que re­qui­rió al­go de tra­ba­jo a un ac­tor más co­no­ci­do por sus co­me­dias ro­mán­ti­cas que por fil­mes de ac­ción.

"Me cla­vé en el en­tre­na­mien­to, pues que­ría sen­tir que sí po­día in­ter­pre­tar es­te pa­pel. Desea­ba sen­tir esa fuer­za que se ne­ce­si­ta pa­ra sal­var la si­tua­ción. Dis­fru­té po­der ha­cer esos sal­tos de ti­gre y esas vuel­tas, mis pro­pias acro­ba­cias", re­cor­dó.

No obs­tan­te, el ac­tor ad­mi­tió que mos­trar su nue­vo fí­si­co an­te las cá­ma­ras fue me­nos atrac­ti­vo.

"Me sen­tía muy cohi­bi­do, de­jan­do caer la ca­be­za. Hay una es­ce­na en la que se su­po­nía que ten­dría los múscu­los mar­ca­dos y le mues­tro al pú­bli­co has­ta qué gra­do es­ta­ba mar­ca­do. Ese día, mi al­muer­zo fue una al­men­dra; pe­ro aun así me sen­tía hin­cha­do", con­tó.

Por úl­ti­mo definió co­mo emo­cio­nan­te la ex­pe­rien­cia de tra­ba­jar con Mi­chael Dou­glas, a quien con­si­de­ra to­da una le­yen­da.

Paul Step­hen Rudd na­ció en Pas­saic, Nue­va Jer­sey, el 6 de abril de 1969. En TV, par­ti­ci­pó en Friends, en la que fue el no­vio y ma­ri­do de Phoe­be.

REUTERS

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Paul Rudd tam­bién tie­ne su estrella en el Pa­seo de la Fa­ma en Holly­wood.

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