Un aban­de­ra­do des­cal­zo mo­vi­li­za a toda Mi­sio­nes

La fo­to de es­te alumno gua­ra­ní cir­cu­ló por las re­des so­cia­les y con­mo­vió a al­gu­nos e in­dig­nó a otros. La Cá­ma­ra Ar­gen­ti­na del Cal­za­do do­nó 300 pa­res de za­pa­tos.

La Nueva - - SOCIEDAD -

LA IMA­GEN ES DEL ACTO DEL 20 DE JU­NIO La fotografía de un alumno de la Es­cue­la 948 de Mi­sio­nes que fue aban­de­ra­do y se pre­sen­tó al acto des­cal­zo cir­cu­ló por las re­des so­cia­les y con­mo­vió a toda la pro­vin­cia.

Se tra­ta de un es­tu­dian­te del co­le­gio "Car­lo Fa­lot­ti", a la que asis­ten chi­cos de la co­mu­ni­cad Ña­man­dú, que per­te­ne­cen al pue­blo mb­yá gua­ra­ní y que ha­bi­tan en el va­lle del Cu­ñá Pi­rú, cer­ca de las lo­ca­li­da­des de Jar­dín Amé­ri­ca y Aris­tó­bu­lo del Va­lle.

La fotografía, to­ma­da el pa­sa­do 20 de ju­nio, mues­tra a uno de los alum­nos, que ha­bía si­do ele­gi­do co­mo aban­de­ra­do pa­ra los fes­te­jos del Día de la Ban­de­ra, des­cal­zo en el pa­tio de la es­cue­la.

Se­gún se su­po, es ha­bi­tual que los ha­bi­tan­tes de es­ta co­mu­ni­dad an­den des­cal­zos e in­clu­so las ca­sas en las que vi­ven ca­re­cen de los ser­vi­cios bá­si­cos, co­mo agua co- rrien­te o electricidad.

"Ni me di cuen­ta (de que es­ta­ba des­cal­zo) por­que es lo nor­mal que no­so­tros ve­mos", con­tó Ma­ria­na Mam­paey, una de las do­cen­tes del es­ta­ble­ci­mien­to, en diá­lo­go con Ca­de­na 3.

La Es­cue­la 948 fue cons­trui­da a par­tir de ca­pi­ta­les ex­tran­je­ros, prin­ci­pal­men­te, de Sui­za.

El prin­ci­pal pro­ble­ma del co­le­gio, ex­pli­can los maes­tros, es dar­le de co­mer a los alum­nos, que cum­plen jor­na­das co­rri­das de 8 a 16.

So­bre la si­tua­ción que vi­ven los chi­cos de la zo­na, Mam­paey ex­pli­có que "hay 40 chi­cos que no pue­den asis­tir a la es­cue­la por­que no hay una ins­ti­tu­ción cer­ca y no pue­den ca­mi­nar sie­te ki­ló­me­tros por el mon­te".

"En el mu­ni­ci­pio de Ruiz de Mon­to­ya es don­de tie­nen más in­dí­ge­nas en pro­por­ción a la po­bla­ción ge­ne­ral en la pro­vin­cia.

Si ahí na­ce un ni­ño, co­mo in­dí­ge­na tie­ne 10 ve­ces más de pro­ba­bi­li­dad de mo­rir que un ni­ño no in­dí­ge­na", de­ta­lló.

Ade­más, la maes­tra con­tó que el Es­ta­do no cum­ple con los pla­nes de Do­cu­men­ta­ción o Reor­de­na­mien­to te­rri­to­rial previstos pa­ra es­ta co­mu­ni­dad y que los in­dí­ge­nas tam­po­co "tie­nen de­re­cho a ser due­ños de las tie­rras don­de es­tán ha­ce años".

"La lu­cha aquí es brin­dar­les con mu­cho sa­cri­fi­cio ali­men­tos, ya que to­da­vía no con­ta­mos con co­me­dor", di­jo la maes­tra del es­ta­ble­ci­mien­to.

Lue­go, agre­gó: "Mi ma­yor preo­cu­pa­ción no son los za­pa­tos to­da­vía. Ca­da día de­bo con­se­guir ali­men­tos pa­ra el día si­guien­te".

A su vez, des­de la cuen­ta de Fa­ce­book de la es­cue­la ase­gu­ran que la reali­dad "es cru­da" y que "ca­si to­dos los ni­ños es­tán sin za­pa­tos, sin una ca­sa dig­na, sin agua y sin luz". Co­men­tá es­ta crónica en la­nue­va.com

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La fo­to del alumno des­cal­zo, en me­dio de la po­lé­mi­ca.

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