Una bom­ba que el Go­bierno no su­po ma­ne­jar

La Nueva - - OPINIÓN. -

que no su­po pre­ver.

La fiscal sos­tu­vo en el dic­ta­men que ele­vó a la Cá­ma­ra pi­dien­do su re­cha­zo que la pro­pues­ta para can­ce­lar una deu­da de 296,2 mi­llo­nes de pe­sos del año 2001 que hizo la em­pre­sa Co­rreo Argentino y a la "que pre­só con­for­mi­dad" un "fun­cio­na­rio in­com­pe­ten­te" del mi­nis­te­rio de Co­mu­ni­ca­cio­nes, re­sul­tó ser "abu­si­va, im­pli­ca per­jui­cio fiscal y su irre­gu­lar acep­ta­ción per­ju­di­ca gra­ve­men­te el pa­tri­mo­nio del Es­ta­do Na­cio­nal", ya que por su "in­sig­ni­fi­can­cia equi­va­le a una con­do­na­ción".

Se­gún abo­ga­dos ex­per­tos en con­cur­sos y quie­bras, has­ta es­tas ma­ni­fes­ta­cio­nes la po­si­ción del Mi­nis­te­rio Pú­bli­co sue­na "más que con­sis­ten­te", ya que los fis­ca­les tie­nen que ex­po­ner siempre la pos­tu­ra más exi­gen­te po­si­ble, de­bi­do a que la Ley los po­ne co­mo cus­to­dios del pa­tri­mo­nio de los ciu­da­da­nos. Don­de apa­re­cen cier­tos re­pa­ros de los pro­fe­sio­na­les es en los cálcu­los del per­jui­cio y en la mez­cla de con­cep­tos tal co­mo le lle­ga­ron a la opi­nión pú­bli­ca, si­tua­ción que tam­po­co el Go­bierno su­po có­mo con­tra­rres­tar.

Pri­me­ro, por­que fal­tó acla­rar que, se­gún la Ley de Quie­bras que se re­for­mu­ló después de la cri­sis que ter­mi­nó con la con­ver­ti­bi­li­dad, los pa­si­vos en los con­cur­sos pre­ven­ti­vos se cal­cu­lan a la fe­cha de pre­sen­ta­ción de la con­vo­ca­to­ria y no tie­nen nin­gún ajus­te, aun­que sí pue­den con­te­ner in­tere­ses que par­tan de aque­lla ci­fra. En ese as­pec­to, la si­tua­ción de "eterno con­cur­so" que de­nun­cia la fiscal co­mo una for­ma de "li­cua­ción de pa­si­vos" del Co­rreo Argentino es una fa­lla fla­gran­te de la re­for­ma de 2002 que per­ju­di­ca a los acree­do­res y que na­die se de­ci­de a so­lu­cio­nar.

Y se­gun­do, por­que Bo­quin se cui­dó mu­cho de men­cio­nar en su pri­mer es­cri­to y en el que ad­jun­tó las pla­ni­llas co­mo ele­men­to ex­tra de su dic­ta­men, el cálcu­lo exac­to so­bre el va­lor pre­sen­te de la deu­da que hizo la Di­rec­ción Ge­ne­ral de Ase­so­ra­mien­to Eco­nó­mi­co y Fi­nan­cie­ro de las In­ves­ti­ga­cio­nes (DAFI), or­ga­nis­mo que tam­bién de­pen­de de Gils Car­bó.

Esa de­pen­den­cia fue la que apor­tó los nú­me­ros que se echa­ron a ro­dar tal co­mo si ésa fue­se la in­de­xa­ción re­cla­ma­da, al­go que con es­ta Ley no se pue­de ha­cer, en un cálcu­lo que tam­po­co con­tem­pla la "pe­si­fi­ca­ción" que or­de­nó Eduardo Duhal­de, ya que to­ma el dó­lar a 1 pe­so en 2001 y trae esa deu­da a hoy a un va­lor de $15,90, para lle­gar a los $4.277,6 mi­llo­nes con­sig­na­dos co­mo "cálcu­lo de va­lor pre­sen­te del sal­do de la qui­ta", ci­fra a la que se su­ma lue­go una ta­sa ac­ti­va con la que se ob­tie­nen los tan pro­mo­cio­na­dos 70.163,9 mi­llo­nes de pe­sos de una even­tual deu­da a mar­zo del año 2033.

Más que a es­ta bom­ba nu­mé­ri­ca, que es la que fi­nal­men­te desata el es­cán­da­lo po­lí­ti­co y ho­ra­da a la opi­nión pú­bli­ca, es más que pro­ba­ble que, para fa­llar, los jue­ces de la Cá­ma­ra le pres­ten ma­yor aten­ción a otros tres he­chos mu­cho más se­rios que mar­có la fiscal en su es­cri­to: que el fun­cio­na­rio ac­tuan­te era de "de­sig­na­ción tran­si­to­ria"; el irre­gu­lar pro­ce­di­mien­to de re­cha­zo de una pro­pues­ta y la acep­ta­ción ca­si si­mul­tá­nea de otra que ella de­mos­tró con pro­yec­ción de in­tere­ses -és­tos sí den­tro del es­cri­to- que "el Es­ta­do acep­tó una hi­po­té­ti­ca mejora de ofer­ta" que "no fue tal".

Se­gu­ra­men­te, los jue­ces tam­bién con­si­de­ra­rán la cuestión de "Éti­ca Pú­bli­ca" que la fiscal es­gri­mió co­mo ar­gu­men­to en cuan­to al con­flic­to de in­tere­ses que se pre­sen­ta en el ca­so a la ho­ra de ne­go­ciar es­ta cuestión con la fa­mi­lia pre­si­den­cial, sur­gi­do de la de­le­ga­ción que ha­ce Ma­cri a sus mi­nis­tros. La fiscal in­di­có tam­bién que lle­ga­rá a la Cor­te si es ne­ce­sa­rio.

An­te ta­ma­ño es­cán­da­lo, tam­po­co el Pre­si­den­te de­be­ría es­cu­char los can­tos de los es­tra­te­gas que le di­cen que me­jor es no sa­lir a con­tes­tar­le a Cristina Fer­nán­dez ni en és­te ni en otros te­mas, ya que es bueno que la ex­pre­si­den­ta se in­cen­die so­la y que sus ar­gu­men­tos sue­nen a vic­ti­mi­za­ción o a la ne­ce­si­dad de en­chas­trar a to­dos para ta­par las de­ce­nas de cau­sas ju­di­cia­les que la aque­jan a ella y a sus ex­co­la­bo­ra­do­res.

A los ojos de una par­te de la opi­nión pú­bli­ca no im­por­ta tan­to sa­ber qué ca­na­les va a usar el Go­bierno para sa­lir de ta­ma­ño po­zo sino que ne­ce­si­ta ob­ser­var que es Ma­cri mis­mo quien se in­vo­lu­cra di­rec­ta­men­te para blan­quear el con­flic­to mien­tras, de pa­so, tam­bién le brin­da ex­pli­ca­cio­nes a quie­nes lo vo­ta­ron por­que cre­ye­ron que to­do po­día ser di­fe­ren­te.

Más allá de la frus­tra­ción de mu­chos, no ha­cer­lo im­pli­ca­ría tam­bién una suer­te de "vi­va la Pe­pa" para quie­nes, de­ba­jo del pre­si­den­te, con­fia­ban en que se ha­bían ter­mi­na­do los ne­go­cios apa­ña­dos por el Es­ta­do. Se­gu­ra­men­te, hu­bo un día bi­sa­gra así en tiem­pos del kirch­ne­ris­mo cuan­do quie­nes es­ta­ban aba­jo e ima­gi­na­ban que arri­ba ocu­rrían co­sas sos­pe­cho­sas, se ani­ma­ron a ir por la su­ya y en­ton­ces apa­re­ció la jus­ti­fi­ca­ción mo­ral para mu­chos la­dro­nes de ga­lli­nas, in­cen­ti­va­dos por los ejem­plos que creían re­ci­bir.

Po­drían ha­cer­se aho­ra mon­to­nes de es­pe­cu­la­cio­nes so­bre el des­tino ju­di­cial del arre­glo (que se aprue­ba, que no se aprue­ba, que lle­ga­rá a la Cor­te o que no), pe­ro de ta­les in­te­rro­gan­tes no se tra­ta to­do es­to. Tam­po­co se tra­ta de los he­chos de la eco­no­mía que tan­to preo­cu­pan a la gen­te, co­mo el em­pleo o la in­fla­ción, los pre­cios trans­pa­ren­tes, las cuo­tas de las tar­je­tas o los ti­ro­neos con la CGT. Es­to va más allá de la pe­lea eco­nó­mi­ca, del dé­fi­cit fiscal, de las ne­ce­si­da­des de fi­nan­cia­mien­to o de las in­ver­sio­nes que no lle­gan.

Ma­cri de­be­ría to­mar no­ta de la gra­ve­dad del asunto y no ba­rrer el pro­ble­ma de­ba­jo de la al­fom­bra, sino re­co­no­cer­lo an­te la opi­nión pú­bli­ca y so­lu­cio­nar­lo lo más rá­pi­da­men­te po­si­ble y, so­bre to­do, de la ma­ne­ra más sin­ce­ra. Hu­go E. Gri­mal­di agen­cia DyN. es pe­rio­dis­ta de la

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