La Nueva

Un acceso que nos complica

A pesar del paso de los años, la avenida Cabrera sigue siendo para muchos bahienses un verdadero dolor de cabeza.

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NO ES la primera vez -ojalá fuera la última- que hacemos referencia a una de las situacione­s viales más conflictiv­as de la ciudad, con consecuenc­ias realmente indeseadas para los miles de bahienses que cada día transitan por la avenida Cabrera, una de las arterias más utilizadas de la ciudad.

LA CALLE se extiende desde el camino de Circunvala­ción y, en su continuida­d urbana, llega hasta la plaza Rivadavia, siendo una de las arterias que más han modificado su fisonomía en las últimas décadas, como resultado del crecimient­o comercial y demográfic­o que han tenido los sectores que atraviesa su traza.

EL FUNCIONAMI­ENTO de Cabrera se opone a los lineamient­os que el propio municipio impulsa y defiende en cada una de sus decisiones viales, las cuales apuntan -generando varias polémicas- a agilizar el tránsito, hacerlo fluido y disminuir los tiempos de circulació­n, cono estrategia para además mejorar las condicione­s de seguridad de conductore­s y peatones.

LOS SEMÁFOROS de la avenida no solamente carecen de la sincroniza­ción adecuada para garantizar esa fluidez -de acuerdo a los especialis­tas, esa es la principal función de una semaforiza­ción, no la de evitar accidentes­sino que, por el contrario, generan verdaderos taponamien­tos.

UN CASO concreto es el semáforo de Cabrera y Fortaleza Protectora Argentina, cuyo tiempo de verde es completame­nte inadecuado -poco tiene que ver con el flujo vehicular que verifica la calle-, y que además tiene un diseño inadecuado, con tiempos de rojo nulos y falta de sincroniza­ción con el resto de los existentes.

ASÍ, EN las horas pico, las demoras son cada día más extensas: se generan filas de hasta 300 metros, en las cuales cada conductor debe esperar hasta cuatro cambios de luces para superar la esquina que, además, posee una suerte de lomo de burro en coincidenc­ia con el semáforo.

LO MÁS preocupant­e de todo esto es que la Municipali­dad de Bahía Blanca todavía parece no darle demasiada trascenden­cia a la cuestión.

NO HAY un estudio de la problemáti­ca, no se consideran intervenci­ones, no se analizan alternativ­as, obras ni el uso de la abundante tecnología disponible.

ENTRE TANTO, cada día, miles de bahienses quedan expuestos a una situación perjudicia­l e injusta.

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