El re­cuer­do de Eva Pe­rón

La Nueva - - OPINIÓN -

HIS­TO­RIA. Fa­lle­ció el 26 de julio de 1952. De­cía el historiador Jo­sé Ma­ría Ro­sa: “Una mu­jer ex­tra­or­di­na­ria. Pe­rón lle­gó a ser Pe­rón y se man­tu­vo en un ran­go mien­tras la tu­vo a su la­do. Só­lo com­pa­ra­ble a la em­pe­ra­triz Teo­do­ra en la his­to­ria de Bi­zan­cio. Sin ella, Jus­ti­niano se es­fu­mó. Es pa­re­ci­da la his­to­ria de Evi­ta a la de Teo­do­ra. Tam­bién era ac­triz que se ca­só con un prín­ci­pe, con­si­guió la púr­pu­ra pa­ra su ma­ri­do, se por­tó va­lien­te en los mo­men­tos di­fí­ci­les, co­mo la cri­sis de los “ver­des” en el hi­pó­dro­mo, don­de ca­si la ma­tan a ella y a Jus­ti­niano; pe­ro Teo­do­ra no amai­nó y con­si­guió im­po­ner­se. No per­do­na­ba nun­ca, y has­ta el gran Be­li­sa­rio, ge­ne­ral que re­cons­tru­ye con sus con­quis­tas el Im­pe­rio Ro­mano, aca­bó cie­go y men­di­go por no se­guir sus ór­de­nes. Evi­ta, que no de­ja­ba de ser mu­jer, te­nía al­gu­na de esas cosas. Era, fue una es­tu­pen­da mu­jer. A la que no pu­do acer­cár­se­le nin­gún enemi­go de la lí­nea na­cio­nal, de los tantos que se ha­cían pa­sar por pe­ro­nis­tas. Una mu­jer que se ga­nó un lu­gar de­fi­ni­ti­vo en nues­tra his­to­ria. Es cier­to que hu­bo exa­ge­ra­cio­nes im­pru­den­tes a su muer­te, co­mo eso de po­ner­le su nom­bre a la ciu­dad de La Pla­ta. En el go­bierno de Ro­sas, se le qui­so po­ner su nom­bre a la calle don­de vi­vía el go­ber­na­dor, el mes en que se había hecho la paz de octubre, dar­le el gra­do de ma­ris­cal. Ro­sas, con pru­den­cia, ve­tó to­do eso”.

Vi­cen­te J. Pa­la­dino Bahía Blan­ca

AR­CHI­VO LA NUE­VA.

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