Va­li­dar el ser úni­co que ca­da uno es

Ba­sa­do en los co­no­ci­mien­tos de Sri Sri Ra­vi Shan­kar Fun­da­dor de El Ar­te de Vi­vir

Mia - - SUMARIO - por Bea­triz V. Go­yoa­ga* * Coor­di­na­do­ra LA y Es­pa­ña El Ar­te de Vi­vir Fa­ce­book: http://www.fa­ce­book.com/bea­trizv­go­yoa­ga Blog: http://bea­tri­ze­lar­te­de­vi­vir.word­press.com/

Aho­ra des­de Ma­drid, que­ri­das lec­to­ras, les com­par­to unas fra­ses que leí una vez de Sri Sri Ra­vi Shan­kar, mi per­so­nal trai­ner emo­cio­nal y que me sir­vie­ron pa­ra mu­cho, pa­ra re­co­no­cer­me, pa­ra no sub­es­ti­mar­me y acep­tar­me a pe­sar de que otros no me acep­ten así co­mo soy.

Una vez una ci­rue­la di­jo: “só­lo por­que una vez pa­só por aquí, cer­ca mío, un aman­te de ba­na­nas, me con­ver­tí en una ba­na­na.

Des­afor­tu­na­da­men­te, des­pués de unos me­ses él cam­bió su gus­to, así que me trans­for­mé en una na­ran­ja. Cuan­do di­jo que yo era amar­ga me vol­ví man­za­na, pe­ro él igual se fue a bus­car unas uvas“.

Só­lo por­que una o un gru­po de per­so­nas no te acep­ta co­mo tú eres no es ne­ce­sa­rio que eli­mi­nes tu ori­gi­na­li­dad.

Pien­sa co­sas bue­nas de tí mis­mo ya que el mun­do te ve ba­sa­do en cuan­to tú te es­ti­mes. Nun­ca te sub­es­ti­mes só­lo por con­se­guir re­co­no­ci­mien­to de otros. Nun­ca pier­das tu ver­da­de­ro Ser pa­ra con­se­guir al­gu­na re­la­ción. A lar­go pla­zo la­men­ta­rás ha­ber ne­go­cia­do tu ma­yor glo­ria: “tu sin­gu­la­ri­dad”, por cier­ta acep­ta­ción mo­men­tá­nea.

In­clu­si­ve Mahat­ma Gand­hi no fue acep­ta­do por mu­chos. No les gus­ta­ba su for­ma. El gru­po que no te acep­ta co­mo Tú eres, no es tu mun­do. Hay un mun­do pa­ra ca­da uno de no­so­tros don­de rei­na­rás co­mo un rey o una reina sim­ple­men­te sien­do tú mis­mo. En­cuen­tra ese mun­do; de he­cho, ese mun­do te en­con­tra­rá a ti.

Lo que pue­de ha­cer el agua, la ga­so­li­na no lo pue­de ha­cer. Y lo que pue­de ha­cer el co­bre, el oro no lo pue­de. La fra­gi­li­dad de la hor­mi­ga le per­mi­te mo­ver­se ve­loz pe­ro la ri­gi­dez del ár­bol le per­mi­te man­te­ner­se fir­me­men­te en­rai­za­do.

Todo y ca­da uno de no­so­tros ha si­do di­se­ña­do con cier­ta me­di­da de sin­gu­la­ri­dad pa­ra cum­plir un pro­pó­si­to que po­de­mos rea­li­zar só­lo sien­do el Ser úni­co que so­mos.

Tú, só­lo sien­do tú, pue­des cum­plir tu pro­pó­si­to y yo, só­lo co­mo yo, pue­do ser­vir mi pro­pó­si­to. Es­tás aquí pa­ra ser tú; só­lo TÚ.

Hu­bo una épo­ca en es­te mun­do cuan­do se ne­ce­si­tó un Krish­na y él fue en­via­do. Hu­bo una épo­ca cuan­do se ne­ce­si­tó un Cris­to y él fue en­via­do. Una épo­ca cuan­do se ne­ce­si­tó un Mahat­ma y él fue en­via­do.

Hu­bo una épo­ca cuan­do tú fuis­te re­que­ri­do en es­te pla­ne­ta y en­ton­ces, tú fuis­te en­via­do. Sea­mos lo me­jor que po­de­mos ser.

En la his­to­ria del uni­ver­so, no ha ha­bi­do na­die co­mo tú y no lo ha­brá en el tiem­po in­fi­ni­to por ve­nir; nun­ca ha­brá al­guien co­mo tú.

La exis­ten­cia de­be de ha­ber­te ama­do tan­to que des­pués de crear­te rom­pió el mol­de con el que te creó; por lo que nun­ca más ha­brá al­guien co­mo tú.

Eres ori­gi­nal. Eres ex­cep­cio­nal. Eres úni­co. Eres una ma­ra­vi­lla. Eres una obra de ar­te, una obra maes­tra… eres par­te de tu maes­tro. Ce­le­bra que eres úni­co.

Tú eres tú, tu pro­pio ser, no cam­bies por otros, ya que es­te no es ni si­quie­ra su mun­do.

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