Dis­fru­tar de las va­ca­cio­nes

Mia - - CALIDAD DE EDUCACIÓN -

LPor el Dr. Die­go Mon­tes de Oca

le­ga­ron las va­ca­cio­nes de in­vierno, chi­cos y gran­des nos me­re­ce­mos unos días de des­can­so pa­ra re­no­var ener­gías y en­ca­rar la se­gun­da mi­tad del año con más fuer­zas. Pa­ra mu­chos pa­dres, es­tas se­ma­nas se vuel­ven in­ter­mi­na­bles y ago­ta­do­ras, por eso, una se­rie de con­se­jos pa­ra so­bre­lle­var­los de la mejor ma­ne­ra.

No es ne­ce­sa­rio ar­mar mil programas: teatro, ci­ne, jue­gos, cir­co, reunio­nes, en­tre otras. Si va­mos a op­tar por es­te rit­mo, se­gu­ra­men­te ter­mi­ne­mos to­dos es­tre­sa­dos. La pro­pues­ta es de­di­car­les tiem­po a ellos, a ju­gar, char­lar y di­ver­tir­se en fa­mi­lia.Y aun­que es­to pa­rez­ca ton­to, no lo es. Di­ver­tir­se con los chi­cos es cla­ve pa­ra un cre­ci­mien­to sano, reír­nos jun­tos es un tra­ta­mien­to in­dis­pen­sa­ble pa­ra que ellos sean fe­li­ces.

Si bien los apa­ra­tos elec­tró­ni­cos son una he­rra­mien­ta co­ti­dia­na, la in­vi­ta­ción es ju­gar ar­man­do to­rres, ha­cer una or­ques­ta con ca­ce­ro­las, ju­gar con cu­cha­ras, ar­mar con la­dri­llos, ju­gar al yo­yo y por qué no, ti­rar­se al pi­so a pin­tar un li­bri­to. ¡Los pa­dres más gran­des pue­den re­cor­dar es­tos jue­gos ya que no exis­tían las ta­ble­tas ni los ce­lu­la­res con co­ne­xión a in­ter­net años atrás! Los chi­cos ne­ce­si­tan cre­cer con nues­tra in­ter­ac­ción, sen­tir­se mi­ra­dos por los pa­dres, quie­ren que los ob­ser­ve­mos e in­ter­ac­tue­mos con ellos. No es acon­se­ja­ble nin­gún dis­po­si­ti­vo elec­tró­ni­co por lo me­nos has­ta los 2 o 3 años. Los apa­ra­tos tec­no­ló­gi­cos no in­ter­ac­túan con ellos, son programas pre­de­ter­mi­na­dos sin in­ter­ac­ción real, sin un ges­to de amor.

Al es­tar las 24 ho­ras del día con los chi­cos, va­mos a te­ner que po­ner lí­mi­tes más se­gui­do y eso no nos de­be asus­tar, ca­so con­tra­rio, se­rá muy di­fí­cil so­bre­lle­var los días de des­can­so. Jus­ta­men­te los li­mi­tes ayudan a los chi­cos a apren­der el va­lor del “no”, del “no se pue­de eso”, “has­ta acá lle­gas” y ase­gu­ro que eso les ha­ce bien. De­ben en­ten­der que pue­den ser fe­li­ces más allá de no te­ner to­do lo que desean en el mo­men­to en que lo quie­ran.

Co­mo con­clu­sión, hay que dis­fru­tar de los mo­men­tos con los chi­cos, si bien es di­fí­cil y en el día a día se com­pli­ca más, los pa­dres te­ne­mos que ser crea­ti­vos, mi­rar­los, elo­giar­los, abra­zar­los. Con to­das es­tas ac­ti­tu­des y ac­cio­nes, el dis­fru­te se­rá ma­yor y ver cre­cer a los chi­cos ro­dea­dos de amor, es la fe­li­ci­dad ple­na que to­dos los pa­dres que­re­mos te­ner. Sim­ple­men­te hay que po­ner ma­nos a la obra.

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