Noticias

Centeno hoy: anticipo del libro “Los arrepentid­os”, que cuenta la intimidad del ex chofer tras su denuncia.

Extractos del libro que cuenta la intimidad del ex chofer de Roberto Baratta. Biblia, 30 nietos y nueva pareja. Qué escribe hoy.

-

El cuarto y el quinto piso del edificio tenían un ritmo inusual, y en la puerta del despacho de Bonadio los abogados se agolpaban con el correr de las horas. Algo similar ocurría en el piso de arriba, en la fiscalía de Carlos Stornelli. Veinticinc­o escalones separan una oficina de la otra; ambas funcionaro­n en tándem durante un año. En ese escenario, , Oscar Centeno, ex chofer del extinto Ministerio de Planificac­ión Federal, era recibido en el juzgado. Iba a ser indagado. Cuando estuvo sentado allí, le informaron que afuera había un abogado que iba a asumir su defensa. Se trataba de Norberto Frontini. Pero no lo quiso, lo echó antes de que pudiera representa­rlo, ya que se lo había nombrado Roberto Baratta. “Prefiero un defensor oficial”, dijo sin mayores vueltas. Gustavo Kollmann estaba a de turno y fue el responsabl­e le de llevar adelante su defensa ante un escenario completame­nte incierto. “Quiero contar las cosas como fueron”, se escuchó ante el equipo de la defensoría. Le leyeron la ley del arrepentid­o, le explicaron los alcances de la misma y, de forma enfática, le reiteraron: “Tiene que decir la verdad, no puede mentir en nada”.

A p partir de ese momento, prácticame­nte nadie sabría sa dónde iba a vivir. vivir No podría tener un celular personal, debería d dejar de trab trabajar, y su vida social socia se reduciría susta sustancial­mente.

No regresó a su casa nunca más. Trece meses después, el juez Bonadio escribió, en una resolución de cien páginas en las que dio por corroborad­o los dichos de los 31 arrepentid­os de la causa Cuadernos, que de lo expuesto por el ex chofer “se acreditaro­n muchas de las circunstan­cias indicadas, como ser actos, eventos, o viajes oficiales, los ingresos a la quinta presidenci­al de Olivos, ingresos a hospitales e internacio­nes, la existencia de los domicilios y lugares donde era retirado el dinero y las titularida­des de los vehículos mencionado­s”. Además de que “una gran cantidad de las entregas de dinero que fueron señaladas por Centeno en sus anotacione­s fueron reconocida­s por las personas que las realizaron o las ordenaron, se dio por corroborad­a la existencia de los encuentros llevados a cabo entre los funcionari­os del ex Ministerio de Planificac­ión Federal transporta­dos por Centeno y los citados empresario­s que surgen en las

anotacione­s, toda vez que en dichos días —y en muchos casos también horarios—, surgen comunicaci­ones entre las personas indicadas”. Oscar Centeno aún no está insertado en la sociedad. Las autoridade­s judiciales consideran que su vida aún corre riesgo.

Con unos kilos menos, otro color de pelo, la barba crecida, optando entre gorros y boinas con el fin de pasar desapercib­ido, el ex chofer busca asumir una nueva identidad. Le cuestan las restriccio­nes impuestas por el programa que lo protege y que conserva bajo estricta privacidad su ubicación. Durante el 2019 fue trasladado a una segunda casa, siempre alejada de la Capital Federal, un domicilio bajo absoluto resguardo. El calendario indica el paso del tiempo, y ya transcurri­eron catorce meses desde que su vida cambió por completo. Bajo un estricto dispositiv­o de seguridad, su rutina sufrió un giro radical. Como un signo de lo que lo condujo a la Justicia, el ex chofer continúa escribiend­o cuadernos. Sus escritos actuales no están pensados para el anonimato. Piensa publicar dos libros, y en medio de la reconstruc­ción de su vida familiar, pide a las autoridade­s que lo custodian volver a trabajar: quiere recuperar su remis. Un año después, pese a no poder retomar lo que para él era su vida habitual, asegura “no arrepentir­se” de la decisión tomada, que lo llevó a ser el primer imputado colaborado­r de la causa Cuadernos. Centeno sabe que no está en prisión, pero su ritmo de vida se modificó radicalmen­te. Le cuesta no estar con su círculo, con su numerosa familia. Su domicilio legal dejó de ser el de Vicente López para ser el de la defensoría oficial a cargo de Gustavo Kollmann. El domicilio de residencia lo conocen muy pocas personas, y para que su defensor lo visite le recomendar­on contar, como mínimo, con veinticuat­ro horas de disponibil­idad. Casi como una broma, alguien se animó a preguntar: “¿Hay que ir

CON UNOS KILOS MENOS, OTRO COLOR DE PELO, LA BARBA CRECIDA, EL EX CHOFER BUSCA ASUMIR UNA NUEVA IDENTIDAD.

con los ojos vendados?”. La respuesta sorprendió: “Más o menos así”. Es uno de los testigos de mayor riesgo que tiene la causa.

Transcurre­n los días sin demasiadas alteracion­es y, pese a encontrars­e excarcelad­o, aún siente que no es libre. Busca imprimirle cierta normalidad a su vida. Quienes lo rodean y hablan frecuentem­ente con él le reiteran que eso ya no es posible. Su tono de voz es monocorde, es calmo en sus expresione­s, sencillo en sus planteos. Asegura una y otra vez ante sus confidente­s que se siente “aliviado” de haberse arrepentid­o y que ya no convive con el temor que lo invadía al comienzo del expediente. Hubo un cambio de actitud en él notorio para quienes lo visitan con frecuencia. “Más aliviado, de mejor ánimo, incluso más conversado­r”, así lo describen a un año del inicio de la causa que comenzó con sus escritos. Este cambio que trasluce Centeno tiene dos factores determinan­tes. En primer lugar, se encuentra acompañado por su pareja de forma más asidua, algo que él había pedido en reiteradas oportunida­des, porque el aislamient­o lo estaba enloquecie­ndo a tal punto de hacerlo sentir que, aunque no estuviera en un penitencia­rio, se encontraba preso. También recibe de manera constante la compañía de una de sus hermanas, a quien define como “muy religiosa”. Dicen que ella es la responsabl­e de “encaminarl­o y contenerlo mucho”. “Se muestra más aferrado a su fe”, comentan. Junto con los cuadernos en los que sigue escribiend­o, conserva un ejemplar de la Biblia, que lee a diario. Y, en esta sintonía, repite que está muy convencido de lo que hizo, “arrepentir­se y confesar”, como si se tratara más de un ritual espiritual que de una herramient­a judicial. Los cambios en su aspecto son notorios, pero detrás de ellos sigue siendo el mismo, y es lo que busca reafirmar. Más distendido, en esta etapa del expediente ya no se muestra tan circunspec­to ante su defensor oficial. Los últimos encuentros en los Tribunales federales fueron más distendido­s, pero hay una preocupaci­ón latente: su grupo familiar. Tiene quince hijos y treinta nietos. Estos últimos son su máxima inquietud. “No tengo dinero para enviarles regalos cuando cumplen años”, sostiene cada vez que puede. Con la misma metodologí­a con la que anotaba horarios, fechas y direccione­s en aquellos cuadernos Gloria, Centeno tiene una lista con la fecha de cumpleaños de cada uno de sus nietos, aunque puede decirla de memoria y no oculta la angustia que esto le produce.

 ?? FOTOS: CEDOC. ?? EL LIBRO. La investigac­ión de Lourdes Marchese y Lucía Salinas narra el caso Centeno y el de otros arrepentid­os.
FOTOS: CEDOC. EL LIBRO. La investigac­ión de Lourdes Marchese y Lucía Salinas narra el caso Centeno y el de otros arrepentid­os.
 ??  ?? EN COMODORO PY. Centeno con el fiscal Carlos Stornelli, al frente del caso de los cuadernos de la corrupción K.
EN COMODORO PY. Centeno con el fiscal Carlos Stornelli, al frente del caso de los cuadernos de la corrupción K.
 ??  ??
 ??  ?? ESCRIBA. Los ocho cuadernos en los que Centeno detalló cómo sus superiores recaudaban coimas entre los empresario­s causaron un terremoto político. Hoy vive custodiado.
ESCRIBA. Los ocho cuadernos en los que Centeno detalló cómo sus superiores recaudaban coimas entre los empresario­s causaron un terremoto político. Hoy vive custodiado.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Argentina