“El pe­rio­dis­mo de gue­rra fue per­der to­nos”

Perfil Cordoba - - Reportaje - JOR­GE FONTEVECCHIA

El edi­tor de Po­lí­ti­ca de mu­rió ha­ce una se­ma­na, pe­ro po­co an­tes brin­dó un reportaje iné­di­to que for­ma par­te de un li­bro de Fontevecchia de pró­xi­ma apa­ri­ción. Aquí, el ade­lan­to.

—Fuis­te el pri­me­ro en ha­blar de “pe­rio­dis­mo de gue­rra”. ¿A qué te re­fe­rías exac­ta­men­te?

—A la ne­ce­si­dad de de­fen­der­nos, de so­bre­vi­vir a una gue­rra que nos ha­bían de­cla­ra­do. Me acuer­do de la can­ción de Se­rrat que ter­mi­na­ba di­cien­do “pa­dre, de­je ya de llo­rar, que nos han de­cla­ra­do la gue­rra”. Y no­so­tros llo­ra­mos un tiem­po pen­san­do en por qué ata­ca­ban al dia­rio, que es una en­ti­dad y que pa­ra mu­chos de los pe­rio­dis­tas era aje­na, im­per­so­nal, el em­plea­dor, el pa­trón. En el dia­rio, los pe­rio­dis­tas de vi­mos que era con­tra no­so­tros tam­bién. Lo ubi­co en un día pre­ci­so: el día en que Néstor Kirch­ner mal­tra­tó a Leo­nar­do Min­dez en una con­fe­ren­cia de pren­sa. Leo era un cro­nis­ta jo­ven, del equi­po de re­dac­to­res. Me acuer­do del im­pac­to en la re­dac­ción mien­tras veía­mos por te­le­vi­sión esa con­fe­ren­cia de pren­sa du­ran­te el con­flic­to con el cam­po. Ahí cam­bió al­go. Pue­de ser que to­quen a Van der Kooy o Kirsch­baum o Blanck pe­ro a Min­dez… Y ahí cam­bió la ca­be­za de la gen­te: tam­bién era con­tra los pe­rio­dis­tas; no so­lo con­tra los me­dios.

—Eso fue 2008.

—Des­pués vino la Ley de Me­dios. Aho­ra es­ta­mos en la pos­gue­rra; ter­mi­nó eso. Nos vi­mos obli­ga­dos a de­fen­der­nos. ¿Es el pe­rio­dis­mo que que­ría­mos ha­cer? No. Pe­ro es el que tu­vi­mos que ha­cer. ¿Te­ne­mos que ha­cer lo mis­mo aho­co­mo ra? ¿Nos sa­le bien no ha­cer­lo? ¿Ha­cer una co­sa más ecuá­ni­me, más pon­de­ra­da? A ve­ces nos sa­le y a ve­ces, no. Eso fue el pe­rio­dis­mo de gue­rra. Fue una si­tua­ción de ex­cep­ción en la cual tu­vi­mos que co­rrer­nos de al­gu­nos de los pa­rá­me­tros clá­si­cos con los que tra­ba­ja­mos por­que, si no, la com­pa­ñía no so­bre­vi­vía. El que no te­nía la mis­ma de­ci­sión se su­ma­ba al kirch­ne­ris­mo, co­mo mu­chos com­pa­ñe­ros lo hi­cie­ron, o se re­fu­gia­ba en un lu­gar me­nos ex­pues­to. Si vos que­rías se­guir haciendo lo que ha­cías, es­ta­bas so­me­ti­do a esas le­yes que no pu­si­mos no­so­tros.

—Ho­ra­cio Gon­zá­lez de­cía que el pe­rio­dis­mo ha­bía na­ci­do en los par­tes de gue­rra de los ge­ne­ra­les que, al ter­mi­nar una ba­ta­lla, re­la­ta­ban có­mo ha­bía si­do. Di­ce que el pe­rio­dis­mo fue siem­pre pe­rio­dis­mo de gue­rra, más so­la­pa­do a ve­ces, más evi­den­te otras.

—No com­par­to esa idea. No es so­la­men­te un cam­bio de tono. El pe­rio­dis­mo de gue­rra fue la pér­di­da de to­nos. Era el blan­co o el ne­gro. Per­di­mos la ca­pa­ci­dad de los to­nos, la re­sig­na­mos o no nos sa­lió man­te­ner el tono en de­ter­mi­na­do mo­men­to, so­bre to­do en los úl­ti­mos años. Con­flic­tos con el kirch­ne­ris­mo o con to­dos los go­bier­nos tu­vi­mos siem­pre. He­mos te­ni­do con­flic­to con el kirch­ne­ris­mo en la épo­ca en la que el dia­rio y el go­bierno de Kirch­ner se lle­va­ban es­tu­pen­da­men­te. Da­niel Fer­nán­dez Ca­ne­do y yo es­tá­ba­mos a car­go de la edi­ción los sá­ba­dos, edi­to­res je­fes del dia­rio, allá por ju­nio de 2005. De­du­ji­mos que el go­bierno pre­pa­ra­ba un au­men­to a ju­bi­la­dos. Es­tá­ba­mos en el ca­mino de la pri­me­ra elec­ción de Kirch­ner. Is­mael Ber­mú­dez le pre­gun­ta a Mas­sa, que era je­fe de la An­ses –la pra­xis pe­rio­dís­ti­ca más ele­men­tal–, que no le con­tes­ta. Te­nían, des­de el prin­ci­pio, una dis­ci­pli­na es­par­ta­na en el con­trol de la in­for­ma­ción. El sub­se­cre­ta­rio de Es­ta­do no po­día ha­blar con la pren­sa; el se­cre­ta­rio so­lo po­día ha­blar con au­to­ri­za­ción del mi­nis­tro; los di­rec­to­res no po­dían ha­blar con los me­dios. Y los mi­nis­tros ha­bla­ban. Acá Mas­sa hi­zo lo que te­nía que ha­cer: “Che, me es­tán pre­gun­tan­do es­to des­de

Me lla­ma Al­ber­to Fer­nán­dez y me ase­gu­ra que no ha­bía na­da de eso. “No lo pon­gas por­que te vas a equi­vo­car”, de­cía. Al ra­to, me lla­ma otra per­so­na que tra­ba­ja­ba en el go­bierno y con la que yo te­nía una re­la­ción de mu­cho tiem­po y con­fian­za. Me di­ce: “Ju­lio, no pu­bli­ques eso”. “Pe­ro ¿por qué?”. “Por­que te va a des­men­tir el pre­si­den­te ma­ña­na”. 2005 no era un mo­men­to fe­liz pa­ra que te des­min­tie­se Kirch­ner, por la po­pu­la­ri­dad que te­nía. En la con­ver­sa­ción, le di­go a Al­ber­to Fer­nán­dez: “¿Vos me es­tás di­cien­do que es­to no va a su­ce­der, que no va a ha­ber au­men­to a ju­bi­la­dos?”. “Te lo pue­do fir­mar. Si hay au­men­to a ju­bi­la­dos, yo te pa­go una ce­na. Y si no, me la pa­gás vos a mí”. No hu­bo des­men­ti­da; no­so­tros fui­mos cau­tos. Lo pu­bli­ca­mos ba­ján­do­le el tono con un tí­tu­lo gran­de aden­tro, pe­ro muy po­qui­to en la ta­pa. Y en ju­lio anun­cian el au­men­to a par­tir de agos­to; se co­bra en sep­tiem­bre; la elec­ción fue en oc­tu­bre. Te­nía­mos una lí­nea de ten­sión ama­ble, pe­ro de ten­sión al fin, eran na­tu­ra­les. Tam­bién con Me­nem. Si no te­nés una lí­nea de ten­sión, es­tás jo­di­do, es­tás tra­ba­jan­do pa­ra el go­bierno aun­que no te des cuen­ta, aun­que no quie­ras. Así que no es gue­rra, es ten­sión. Si vos ha­cés pe­rio­dis­mo mi­li­tan­te, de­ci­dís ha­cer pro­pa­gan­da, de­ci­dís trans­mi­tir el par­te de un ban­do de los ge­ne­ra­les. No­so­tros in­ten­ta­mos ha­cer otra co­sa, y eso te lle­va a una ten­sión inevi­ta­ble, aun pa­ra lo bueno.

—¿Có­mo fue du­ran­te el go­bierno de Raúl Al­fon­sín?

—Yo era cro­nis­ta en esa épo­ca. El go­bierno de Al­fon­sín te co­rría con que si ha­bla­bas mal del go­bierno, es­ta­bas po­nien­do en ries­go la de­mo­cra­cia, que es­ta­ba tan dé­bil y tan nue­vi­ta. Y mu­chos de no­so­tros éra­mos sen­si­bles a esas co­sas. Des­pués ve­nía Me­nem, Raúl Del­ga­do, que ha­bía si­do com­pin­che mío cuan­do él es­ta­ba en y yo en en De­por­tes. Y lo nom­bran vo­ce­ro. Yo ya era je­fe de Po­lí­ti­ca del dia­rio. El Fla­co (Del­ga­do) me di­ce: “Yo, ope­rar, ten­go que ope­rar so­bre y

Me es­ta­ba di­cien­do: va­mos a te­ner que pul­sear un po­co por­que yo ten­go que ope­rar so­bre us­te­des. Es na­tu­ral que ha­ya ten­sión. “In­for­ma­ción es lo que al­guien no quie­re que se pu­bli­que; to­do lo de­más es pro­pa­gan­da”: no­so­tros tra­ba­ja­mos con esa idea. Tra­ta­mos de pu­bli­car in­for­ma­ción, de mo­les­tar un po­co al po­der, de in­co­mo­dar­lo. Hay un sec­tor del pe­rio­dis­mo, en­tre ellos pe­rio­dis­tas muy va­lio­sos y en­tra­ña­bles, que se ampu­taron la pro­fe­sión pa­ra ha­cer mi­li­tan­cia y otros que es­tu­vi­mos a pun­to de ha­cer­lo. Al­gu­nos se la ampu­taron y no se die­ron cuen­ta o se die­ron cuen­ta y ha­cen de la ampu­tación un sen­ti­do con­tra­rio, un mar­ke­ting hoy.

—Hoy C5N mi­de más que TN, pa­re­ce que hoy rinde más la crí­ti­ca al ac­tual go­bierno o el elo­gio al an­te­rior, que vi­ce­ver­sa.

—En un pun­to, sí. Por un la­do una de las ex­pli­ca­cio­nes es que ha­cen un ti­po de pro­pa­gan­da muy em­pá­ti­ca con su au­dien­cia. Por otro la­do, lo que era una enor­me red de me­dios que di­fun­dían esa voz hoy se con­cen­tró por ra­zo­nes eco­nó­mi­cas, por­que se aca­bó la pau­ta del Es­ta­do. C5N, Ra­dio 10, un po­qui­to Del Pla­ta, tie­nen ese pú­bli­co, y no es po­co, es un 25 por cien­to.

—¿Siem­pre el pe­rio­dis­mo crí­ti­co es opo­si­tor?

—No ne­ce­sa­ria­men­te. Mu-

“Nos vi­mos obli­ga­dos

a de­fen­der­nos. No es el pe­rio­dis­mo que que­ría­mos, sino el que

tu­vi­mos que ha­cer.”

GZA. LA IZ­QUIER­DA DIA­RIO - MARIANA NEDELCU

ADIOS A UN SIMBOLO. Blanck li­de­ró ca­si trein­ta años la sec­ción Po­lí­ti­ca dey te­nía un pro­gra­ma en TN. Sus pa­la­bras po­nen luz so­bre áreas claves del tra­ba­jo pe­rio­dís­ti­co.

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