La nue­va vi­da de la nar­co­mo­de­lo co­lom­bia­na y su ex no­vio ar­gen­tino

Perfil Cordoba - - Policiales - CECILIA DI LODOVICO

An­gie San­cle­men­te Va­len­cia se ca­só en su país. Es pas­to­ra evan­gé­li­ca y tie­ne una fun­da­ción. Su ex pa­re­ja, que es­tá li­bre, ac­tuó en

Las puer­tas de la cár­cel de Ezei­za se abrie­ron ha­ce cin­co años pa­ra An­gie San­cle­men­te Va­len­cia. Ese 27 de sep­tiem­bre de 2013, el avión que des­pe­gó rum­bo a Co­lom­bia la ale­jó de su es­ta­día en Mé­xi­co, don­de co­no­ció a Ni­co­lás Gual­co, su lle­ga­da a Ar­gen­ti­na, sus días pró­fu­ga en Bue­nos Ai­res y los años que pa­só en pri­sión.

Hoy, An­gie se mues­tra fe­liz en las re­des. Se ca­só y ha­ce cua­tro años es­tá al fren­te de la fun­da­ción A los Pies de Cris­to. Pre­fie­re no dar en­tre­vis­tas pa­ra no ex­po­ner­se y cul­ti­va el ba­jo per­fil. Sin em­bar­go, es­te dia­rio pu­do sa­ber que es­tá “muy agra­de­ci­da por­que Dios le re­ga­ló la opor­tu­ni­dad de pre­di­car su pa­la­bra y ayu­dar a mu­cha gen­te”.

Gual­co de­jó el pe­nal de De­vo­to el 17 de ma­yo de 2014, “a las sie­te de la tar­de”. Pe­ro es­te año se vol­vió a me­ter en otro: en­car­nó a Ra­vio­li­to, pri­mo y ma­tón de Sa­po (Roly Se­rrano), ca­po en la pri­sión de

“Des­pués del pri­mer cas­ting, me des­com­pu­se. Fue ho­rri­ble.

En di­ciem­bre de 2009, Ni­co­lás Gual­co fue de­te­ni­do por in­ten­tar con­tra­ban­dear 55 ki­los de co­caí­na a Eu­ro­pa. Su no­via es­tu­vo pró­fu­ga tres me­ses, has­ta que fue de­te­ni­da en un ho­tel de Pa­ler­mo.

En no­viem­bre de 2011 An­gie y Ni­co­lás fue­ron con­de­na­dos a seis años y ocho me­ses de pri­sión.

El 27 sep­tiem­bre de 2013 la mo­de­lo fue ex­pul­sa­da del país al cum­plir la mi­tad de su con­de­na. En ma­yo de 2014 Gual­co re­cu­pe­ró la li­ber­tad. Tu­ve fie­bre. Lo mis­mo me ha­bía pa­sa­do una se­ma­na an­tes del jui­cio”, cuen­ta a PER­FIL so­bre la ex­pe­rien­cia. El ex no­vio de la co­lom­bia­na –hoy pa­dre de una ne­na de tres años– se pre­pa­ró pa­ra las cá­ma­ras.

“No me cor­té el pe­lo cuan­do es­tu­ve pre­so por­que no me que­ría adap­tar al sis­te­ma car­ce­la­rio. Evi­té el lé­xi­co tum­be­ro y adop­tar ma­ñas, pe­ro pa­ra el cas­ting me ra­pé, me pu­se un jog­ging, una chom­ba y me col­gué un ro­sa­rio”, re­ve­la.

—¿Có­mo fue tra­ba­jar en “El mar­gi­nal”?

—Mi es­ta­día en De­vo­to no tie­ne na­da que ver con el per­so­na­je que in­ter­pre­té en la se­rie. Ac­tuar te lle­na de emo­cio­nes y me mo­vi­li­zó. Me ayu­dó a ter­mi­nar de ce­rrar una eta­pa que me cau­só da­ño psí­qui­co y es­pi­ri­tual, a tal pun­to que vol­ví a usar mi nom­bre en pú­bli­co y sin ver­güen­za.

—¿Y la ex­pe­rien­cia en pri­sión?

—El en­cie­rro es du­ro pa­ra cual­quie­ra, pe­ro te amol­dás. El hom­bre es un ani­mal de cos­tum­bre. Te to­ca acep­tar el lu­gar don­de es­tás pa­ra po­der so­bre­lle­var­lo. Yo soy un chi­co de ba­rrio, no na­cí en cu­na de oro. Soy de Mar del Pla­ta, ve­nía de vi­vir con mu­cho lu­jo en Mé­xi­co. Creo que lo más du­ro es el en­cie­rro, la pri­va­ción de la li­ber­tad. Y to­do lo que con­lle­va con­vi­vir con no­ven­ta per­so­nas en el mis­mo es­pa­cio. Es ás­pe­ro. So­mos ani­ma­les en­ce­rra­dos. Hay po­cas vi­si­tas, hay po­ca co­mi­da. El am­bien­te se vuel­ve más ten­so y más vio­len­to. El sis­te­ma pe­ni­ten­cia­rio fun­cio­na así, no te amol­dás nun­ca, no te per­mi­te que te amol­des.

—¿Qué se le pa­só por la ca­be­za cuan­do su­po que po­día que­dar pre­so?

—Se te vie­ne el mun­do aba­jo. Yo ve­nía de una vi­da... es­ta­ba es­ca­lan­do. De es­tar pen­san­do en ir a vi­vir a Eu­ro­pa, ter­mi­né yen­do a (la cár­cel) De­vo­to. A mí me preo­cu­pa mu­cho mi hi­ja, que lea los dia­rios en al­gún mo­men­to de su vi­da

CEDOC PER­FIL

La mo­de­lo con su fla­man­te ma­ri­do, el día de la bo­da. Su ex Ni­co­lás Gual­co, en un al­to de la fil­ma­ción de la exi­to­sa se­riedon­de tra­ba­ja.

RE­TRA­TOS.

CEDOC PER­FIL

An­gie y Ni­co­lás (izq.), an­tes de caer pre­sos. En la cár­cel ella di­jo que se ca­sa­ría con él.

ENAMORADOS.

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