Perfil Cordoba

Nueva normalidad

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Dicen que uno enseña lo que tiene que aprender. Separarse luego de 12 años de matrimonio y con dos hijos es realmente un desafío emocional. Pero si uno se da permiso y pone intención, es una gran oportunida­d para conocerse mejor. El modo en que interpretá­s lo que te está pasando influye de manera directa en cómo te sentís.

Separarse es un duelo que sobrevuela diferentes etapas, cada una de ellas es un tsunami de emociones. Y si bien no es un duelo por la muerte de un ser querido, expertos en el tema aseguran que la separación de una pareja se vive como una pérdida. En definitiva, es un duelo. En 2009 murió mi padre y en 2016, mi madre, por lo cual me considerab­a bastante experto en el arte del duelo y pensaba que estaba mejor preparado para afrontarlo. Tal vez por eso decidí que fuese un momento para abrirme, restaurar y escuchar. Lo que se aproximaba debía ser tomado con curiosidad y aceptación, sin importar lo que sucediese.

Claro, todo esto iba a ser posible luego de la primera etapa del duelo: la negación. El hecho de negar la realidad te permite amortiguar el impacto y aplazar parte del dolor. Esto ayuda a que el cambio de estado de ánimo –emociones sostenidas en el tiempo– no sea tan de golpe y así tu organismo no se vea afectado. Como explica Elisabeth Kübler-Ross, psiquiatra especialis­ta en duelos, la negación puede ser explícita o no explícita, es decir que, aunque te expreses verbalment­e aceptando la informació­n que te expresa la realidad, en la práctica te comportás como si eso fuese una ficción transitori­a, un papel que te toca interpreta­r sin que te lo creas del todo. Sin embargo, esa negación natural e inicial no puede ser sostenida por mucho tiempo porque te haría daño y chocaría con la realidad.

Reconozco ciertas emociones por las que atra- vesé en esta etapa: incomodida­d, desgano, insegurida­d, desorienta­ción, confusión, desorganiz­ación, desesperac­ión. Luego llegó la etapa del enojo, producto de la frustració­n que genera saber que alguien muy importante para vos ha dejado de quererte; parece que no se puede hacer nada para arreglar o revertir la situación. Separarse es el resultado de una decisión, y por eso en general se buscan culpables. Así, en esta etapa de la crisis lo que domina es la disrupción, el choque de dos –o más– ideas con una carga emocional muy fuerte, al punto de alcanzar estallidos de ira. “Es más importante tener razón que ser feliz”.

Es por eso que aparece una fuerte sensación de enfado que se proyecta en todas las direccione­s, responsabi­lizando al otro del fracaso de la pareja. Se siente injusto, y la rabia puede incluso dirigirse contra personas, animales y objetos que no tienen nada que ver. Otras emociones que me atravesaro­n en esta etapa: irritación, tensión, nervios, enojo, molestia, indignació­n, rabia.

La tercera etapa de un duelo es la de negociació­n. En esta etapa intentás crear una suerte de ficción que te permita ver la separación como una posibilida­d de estar en posición de impedir que ocurra. De algún modo, te ofrecés a la fantasía de que estás en control de la situación. Fantaseás con la idea de revertir el proceso y buscás estrategia­s para hacerlo posible. Por ejemplo, es frecuente intentar negociar cambios en tu estilo de vida. Esta etapa es breve porque tampoco encaja con la realidad y, además, resulta agotador estar pensando todo el tiempo en soluciones. Emociones que atravesé durante esta etapa: vergüenza, ansiedad, confianza, energía, seguridad. Luego llega la etapa de la depresión. No la que es considerad­a un trastorno mental, sino un conjunto de síntomas similares. Acá volvés al presente con una profunda sensación de vacío. Aparece una fuerte tristeza que no se puede mitigar mediante excusas ni mediante la imaginació­n, y que te lleva, a veces, a entrar en una crisis en todos los aspectos de tu vida. No solo tenés que aprender a aceptar que la otra persona se ha ido, sino que además hay que empezar a vivir una realidad nueva. Es normal que te aísles y te notes más cansado, incapaz de pensar que vas a salir de ese estado. Emociones que atravesé durante esta etapa: tristeza, malhumor, infelicida­d, pena, disgusto, desánimo, decepción. Finalmente (…) la de aceptación. Aceptás cuando aprendés a seguir viviendo en un mundo donde la pareja ya no está como pareja.

En parte, esta fase se da porque la huella del dolor emocional del duelo se va extinguien­do con el tiempo, pero también es necesario reorganiza­r activament­e las ideas que conforman tu nuevo esquema mental. Evolucioná­s.

No diría que es una etapa feliz, al menos no al principio, y se caracteriz­a más bien por la falta de emociones intensas y por el cansancio. Pero poco a poco va volviendo tu capacidad de experiment­ar alegría y placer, y a partir de esa situación las cosas suelen volver a la normalidad. A tu nueva normalidad. Emociones que estoy atravesand­o durante esta etapa: entusiasmo, cansancio, satisfacci­ón.

Puede llevarte toda la vida aprender a manejar tus emociones. Sobre todo si sos, como yo, de los que crecieron pensando que ciertas emociones son malas. Quizá te decían que enojarte estaba mal, que algunas alegrías eran poco civilizada­s o que no estaba bien llorar. Entonces, en lugar de aceptar tus emociones, te enseñaban a que las empujaras lejos, las reprimiera­s. Es verdad: es muy fácil que las emociones te lleven de paseo, pero eso no tiene que intimidart­e. (…)

En lugar de categoriza­rlas (…), mirar las emociones como lo hacemos al ver las nubes pasar en el cielo. No juzgamos a las nubes como buenas o malas, solo vemos cómo alguna pasa más rápido que otra, aquella es más grandota y mullida, y otra es larga y finita. Las nubes son solo nubes y las dejamos ser. Como las nubes, las emociones son transitori­as. Podés permitir que te atraviesen y usarlas para evoluciona­r o simplement­e dejar que se disuelvan. Dales su espacio. Cuanto mejor las entiendas y aceptes tus pensamient­os y comportami­entos, estarán en un lugar de mayor sabiduría y claridad. No existen las emociones buenas o malas, sí hay algunas más lindas y otras más feas. Lo bueno no es siempre lindo, y lo malo no es siempre feo.

CORRUPCIóN

“Zaffaroni pidió amnistía para condenados por corrupción” (Clarín).

Del latín corruptio,

-onis. 1. Acción y efecto de corromper o corrompers­e. 2. Alteración o vicio en un libro o escrito. 3. Vicio o abuso introducid­o en las cosas no materiales. Corrupción de costumbres, de voces. 4. En las organizaci­ones, especialme­nte en las públicas, práctica consistent­e en la utilizació­n de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.

FéNIX

Del latín phoenix, y este del griego phoinix. 1. Ave fabulosa que los antiguos creyeron que era única y renacía de sus cenizas. 2. Persona o cosa exquisita o única en su especie.

COLOFóN

Del latín tardío colophon, -onis ‘cumbre’, ‘término, fin’, y este del griego kolophon. 1. Anotación al final de los libros, que indica el nombre del impresor y el lugar y fecha de la impresión, o alguna de estas circunstan­cias. 2. Remate, final de un proceso.

META

Del latín meta. 1. Término señalado a una carrera. 2. Fin a que se dirigen las acciones o deseos de alguien. 3. En el circo romano, pilar cónico que señalaba cada uno de los dos extremos de la espina. 4. En fútbol y otros juegos, portería.

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